Artemis III
Igualmente el desarrollo tecnológico fue avanzando. Se aplicó a la guerra, a la medicina, a las comunicaciones. Hasta que fueron posibles los viajes al espacio exterior. Era un momento muy complicado a escala geopolítica mundial.
¡¡CATAPLAAAASH!! Los tripulantes del Artemis II sabían que la entrada en la atmósfera y el impacto contra el océano iban a ser terriblemente violentos. No era eso lo que les preocupaba. Desde hacía veinticuatro horas habían perdido todo contacto no sólo con el Centro de Control de Misiones de Houston, sino también con el resto de estaciones de apoyo de la Deep Space Network. Habían visto desde el módulo numerosas explosiones en la superficie terrestre. Sabían que la extrema tensión geopolítica que habían dejado atrás cuando salieron del planeta probablemente se había precipitado hacia la peor solución posible. Mientras se agitaban en la coctelera que era ahora la nave, sólo pensaban en la extinción de la especie humana con la que seguramente se iban a encontrar de forma inminente.
Tenían recursos suficientes en el módulo para alcanzar las primeras islas de un archipiélago cercano. No estaba habitado, y la radiación nuclear no había llegado hasta la mitad del Pacífico. Los tres varones y la mujer usaron en vano sus aparatos para establecer contacto con otros humanos. Los primeros meses atravesaron todos los estados de ánimo. Sus conocimientos científicos les facilitaron la supervivencia, pero los recursos materiales y energéticos tenían un límite, los dispositivos se agotaron y pronto se encontraron en mitad de la Edad de Piedra. Tres años después nació el primer bebé. No sería el último, y no fue un problema para ninguno de los cuatro que los tres varones terminasen siendo padres. Así se formó la primera generación de la Nueva Humanidad.
Y tras la primera generación vino la segunda. Decenas, cientos. Comenzaron a desarrollar técnicas de navegación. Guardaban algunos registros escritos de los Padres Astronautas, pero todo empezó a estar demasiado perdido en el pasado. Miles de años después aparecieron las primeras formas de organización política. Llegaron a Asia. A América. Las lenguas se diversificaron. Comenzaron las guerras, las artes, las religiones. Doscientos mil años tardó el ser humano en instalarse a lo largo de todo el planeta. Una decena de imperios, en diferentes partes de la Tierra, batallaban en sus intentos de expansión. Las naciones aparecían y desaparecían. Los dirigentes eran en ocasiones personas sensatas con conciencia histórica, y en ocasiones dementes narcisistas endiosados por el azar.
Igualmente el desarrollo tecnológico fue avanzando. Se aplicó a la guerra, a la medicina, a las comunicaciones. Hasta que fueron posibles los viajes al espacio exterior. Era un momento muy complicado a escala geopolítica mundial. El imperio dominante decaía ante el empuje de otros hegemones emergentes, y el líder de aquel imperio actuaba como un niñato mal criado y temerario. Como parte de las exhibiciones de supremacía, se planeó un viaje a la Luna, que realizarían cuatro astronautas, tres varones y una mujer, a bordo de una nave llamada Artemis III en honor a una vieja leyenda mitológica. La nave despegó en un momento de escalada intensa del clima bélico en el planeta. Veinticuatro horas antes de su regreso perdieron todo contacto con los centros de control de misiones.
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