"Don't give up on us": voces americanas en la movilización progresista en Barcelona
No parece fácil vislumbrar cómo y cuándo empezaremos a remontar la sima del daño sistémico que Trump está causando a tantas causas de la humanidad que estimábamos preciadas.

Si se preguntase, una a una, a las más de 5000 personas que asistimos al Global Progressive Mobilisation en Barcelona los 17 y 18 de abril acerca de nuestra impresión, seguramente será unánime el reconocimiento de una formidable reunión de fuerzas y personalidades progresistas de todo el globo, del incontestable éxito de la impactante logística y organización, y del liderazgo y capacidad de convocatoria mostrada por Pedro Sánchez en su triple calidad de Presidente del Gobierno progresista de mayor peso en la UE, presidente de la Internacional Socialista (IS) y referente de una alternativa motivadora frente al amenazador empuje de la ultraderecha.
La sensación transmitida por la intensidad de los paneles y de las intervenciones en plenario trasciende su resonancia en el hermanamiento de las formaciones progresistas, socialdemócratas y socialistas europeas con las del Sur Global.
Tiempo habrá de comentar algunas de las reflexiones, cargadas de inspiración, expresadas en voz alta sin perder el hilo conductor del razonamiento crítico ilustrado por datos y experiencias contrastadas, especialmente por analistas de prestigio en la politología, economía, ingeniería de datos o experticia ambiental. Pero si debiera centrar una aportación llamativa entre tantas, y tan buenas, me permitiría subrayar las provenientes del hemisferio norte al otro lado del Atlántico.
EEUU no sólo puede, en efecto, ser despachado en la carpeta del Sur Global: de hecho, este concepto geopolítico —que en absoluto alude a la posición geográfica de quienes lo animan, sino al posicionamiento político frente al hegemón militar norteamericano que pudo obtener ventajas unilaterales situándose como la gran e incontestable única superpotencia tras el desmembramiento de la extinta Unión Soviética— se construye en buena medida en referencia a y por oposición a EEUU.
Precisamente por ello las contribuciones procedentes de EE UU —desde las que se vertieron en contundentes videomensajes, desde Hillary Clinton hasta el incombustible Senador Bernie Sanders pasando por Zoran Mandami, alcalde de Nueva York, hasta las que hicieron uso del turno personal en vivo y directo, en la tribuna— fueron tan celebradas como seminales, en el mejor sentido de la palabra, semilla de un nuevo pensamiento acerca del propio gigante al otro lado del Atlántico.
Cuando la imagen y reputación de EE. UU. se hunde en todo el planeta, en medida decisiva como consecuencia directa del desorden causado por el comeback de Trump a la Casa Blanca, resulta esperanzador ver que otro país sigue siendo posible, y, con todas las dificultadas, parece haberse puesto en marcha.
La muy articulada —y, al mismo tiempo, apasionada— exposición en la tribuna del Gobernador de Minnesotta Tim Walz (ticket de Kamala Harris, candidato a la vicepresidencia derrotado por el tándem republicano Trump/Vance) sorprendió tanto por su energía como por sus argumentaciones, pero sobre todo por su implacable denuesto de la Administración Trump, "la más corrupta y criminal" de la historia americana.
Su voz valiente —denunciando las fechorías del ICE— se suma a otras emergentes en la familia demócrata y candidaturas progresistas en elecciones recientes: Gavin Newsom (California), John Ossof (Georgia), James Talarico (Texas), en crítica despiadada a la hipocresía pseudorreligiosa y falsaria del entorno de Trump.
Tanto Waltz como el resto de los intervinientes estadounidenses pidieron a la audiencia a gritos que “no nos rindamos ante estos EEUU” ("don´t give up on us!"), que no perdamos la esperanza ni el aliento en que su país puede volver a la cooperación y la cordura pese a los reveses crueles que su actual Gobierno perpetra contra lo que queda en pie del respeto a la ley internacional, a las reglas que han vertebrado a la comunidad internacional desde la devastación de la II Guerra Mundial y el establecimiento de su arquitectura multilateral: la ONU y sus agencias e instituciones (incluida la Justicia internacional del TIJ y del TPI), la resolución pacífica de disputas sobre la base la Carta de Derechos Humanos, y los arreglos comerciales por medio de la OMC.
Conmovedor e inapelable fue, especialmente, su relato de movimientos sociales, resistencia cívica, manifestaciones multitudinarias (las mayores de su historia, de una envergadura sin precedentes) y suma de voces rayanas en el heroísmo que, a todo lo ancho del país, plantan cara a abusos insufribles en su suma e intensidad, al estilo matón y al lenguaje faltón, despectivo e insultante que caracteriza al trumpismo como un fascismo plutocrático que sádicamente despedaza cualquiera atisbo de herramienta de igualdad en derechos y en oportunidades en esa tierra que siempre se jactó de ser, como reza su canción, "the land of the free".
"¡No perdáis la esperanza en que EEUU prevalecerá frente a Trump!", un mensaje poderoso, con eco en miles de corazones que latieron al unísono en la Fira de Barcelona, recinto del Global Proressive.
Porque no parece fácil vislumbrar cómo y cuándo empezaremos a remontar la sima del daño sistémico que Trump está causando a tantas causas de la humanidad que estimábamos preciadas, ni cuándo dejaremos atrás esta alarma global desatada por su hostilidad a todo lo que nos importa a quienes creemos que el desorden es la negación de un orden sujeto a reglas respetadas, que la guerra injusta es la negación de la paz justa, y que el genocidio y los crímenes de lesa humanidad son la negación de los derechos humanos.
Las referencias a las elecciones Mid Term del próximo noviembre fueron constantes como emplazamiento promisorio para ese nuevo comienzo, revirtiendo la amenaza de fascistización brutal por la que se está despeñando buena parte de la internacional ultraderechista que ha blandido el estandarte del trumpismo y del modelo de negocio de algoritmos adictivos en manos de tecno-oligarcas propagadores de odio y capturas para capturar los Estados al servicio de sus intereses.
Pero reconforta saber que sigue habiendo coraje y visión dentro de los EEUU para revertir el desastre y resituar a su país en un planeta con futuro.
