'La comedia de la olla', mucho circo y poco pan
Opinión
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'La comedia de la olla', mucho circo y poco pan

Carlos Sobera llena el Teatro Romano de Mérida con una clásica y normalizada comedia de Plauto.

Carlos Sobera y el resto del elenco de 'La comedia de la olla'Jero Morales | Festival de Mérida

 Será porque ya está más de media España de vacaciones o será porque es Carlos Sobera quien protagoniza La comedia de la olla de Plauto. Independientemente de las razones, el caso es que esta obra es la primera que muestra casi un lleno absoluto en un estreno en el Festival de Mérida de este año. Casi unos tres mil asientos ocupados y entradas vendidas que seguro que dan para llenar una olla como la de esta comedia. Y la primera en la el público parecía salir realmente feliz y contento. ¿Coincide esta percepción del público con el resultado artístico?

La respuesta a la pregunta anterior es negativa, aunque se entiende la reacción de los espectadores. Para empezar, se han preocupado de usar el escenario que ofrece este teatro romano. Lo han hecho iluminándolo y coloreándolo con inteligencia. 

Así permite disfrutar y apreciar todo el espacio del teatro, el marco incomparable y reclamo de este festival, aunque la mayor parte de la acción sucede en la parte central del escenario, donde se encuentra una escenografía no muy afortunada, que parece pobre, y que seguramente es la que se use en la gira. Añadido a que hay momentos en que se ilumina todo el teatro, gradas incluidas, con luz de sala para las escenas que suceden en el patio de butacas.

Por otro lado, se trata de una comedia de chistes fáciles, ligeros. Algunos demasiado evidentes, y quizás sobren, como el de lamer culos. Otros, políticamente incorrectos, como, por ejemplo, el de la invención del pincho moruno. Al que cualquier crítica que se le haga podrá ser calificada de woke. Y también está lleno de tópicos como la relación de la calvicie con la virilidad. Ideas y pensamientos más compartidos de lo que se piensa, y eso explicaría porque, a medida que pasa la obra, el número de espectadores que ríen y la intensidad de la risa va a en aumento.

  'La comedia de la olla' se representa en el Teatro Romano de MéridaJero Morales | Festival de Mérida

Un humor que, de haber sido más burro y transgresor, incluso para escocer a los wokistas, hubiera encajado perfectamente con el espíritu de las comedias de Plauto. Autor que, si la historia no engaña, se tuvo que cortar un pelo en este tipo de humor burro que practicaba por su bienestar físico y mental.

Un humor que está vehiculado por una historia sencilla. Euclión ha encontrado una olla llena de moneditas de oro, ¡ay sus moneditas! Él no sabe que es un regalo de los dioses, y temeroso de que se la roben o de que las monedas, que no dejan de crecer en la olla, se gasten, la esconde en casa y trata de vivir con la austeridad que la haría un pobre. Pero, como cuanto más se tiene más se quiere, acabará practicando la usura, mediante testaferro interpuesto.

Esa avaricia o tacañería, según se mire, hace que no pueda casar a su hija, ya que no le da dote como para que le salgan pretendientes. Y que, como viudo y mayor, busque esposa joven con inclinaciones por los mayores y alérgica al gasto superfluo y a comer demás. Lo que Euclinio no sabe, es que su hija tiene un pretendiente que la quiere hasta sin dote y al que ella le corresponde. 

Y que la mujer joven, guapa y frugal que le ha buscado un casamentero es la novia de su hijo, con la que este pretende casarse. Una rivalidad que se entiende poco porque el hijo está puesto en escena como la caricatura de un gay de manual, al que David Tortosa sabe dotar con maestría de veracidad y credibilidad, a pesar de que las maneras que tiene su personaje pudieran contradecir el que pueda enamorarse de una mujer.

  Lar, el dios que proporciona la olla en 'La comedia de la olla'Jero Morales | Festival de Mérida

Con estos mimbres, el enredo amoroso está asegurado. Ese que se produce cuando las opciones reales de boda no coinciden con la realidad amorosa. Y los amantes ocultan su relación ante los otros personajes, que no ante el público al que se le muestra todo. 

Y con el enredo y la confusión, se crea la situación para hacer el chiste y meter morcillas sobre la actualidad. Muy light que está la cosa muy polarizada. Mejor hablar de sexo sin exceso de procacidad, no se vaya a escandalizar el público soberano, sobre todo, por la presencia chavales entre los asistentes.

Para contarlo, además de la palabra se usa, por un lado, música grabada. Una música que suena a las casetes que se vendían en los años ochenta y noventa en las gasolineras y bares de carretera. Llenas de imitaciones a lo que cantaban artistas famosos, como Camela, con letras relativas a cada personaje que incluye un tema principal sobre que las cosas que realmente te hacen feliz, son baratas, no cuestan dinero y por eso da igual si lo tienes o no. Ese tipo de mensaje de libro de autoayuda, que a falta de otra cosa sirven para conformarse.

En lo actoral tampoco es que se destaque por algo. Aquí Iborra, el director, que tiene en su currículo varias comedias muy populares, en teatro, cine y televisión, conduce al elenco por el lado de la farsa, intentando evitar cualquier tipo de naturalismo.

  Carlos Sobera interactuando con el público en 'La comedia de la olla'Jero Morales | Festival de Mérida

Y el conocimiento, que lo tiene, le hace fiarse a la capacidad de showman de prime time de Carlos Sobera. Que lo tiene y a lo que ha contribuido el que presente programas y concursos de televisión como First Dates. Y que hay que reconocerle que sabe usar. Las escenas en las que juega con el público lo demuestran. Como muestran que el público también lo quiere, pues no solo se deja hacer, sino que se presta a ello con gusto.

Con todo esto se hace una comedia de consumo rápido. De las que rara vez atraen el interés del periodismo cultural o de la crítica teatral, aunque venden muchas entradas y se mantienen en cartelera gracias al boca-oreja y los ditirambos que el público pone en las redes y en las páginas Web de venta de entradas. 

De las que dan más circo, simple y puro entretenimiento, que pan (intelectual), a un público masivo que, por mucho que se diga y se estigmatice, son exigentes. Una exigencia que tiene que ver con el tipo de historias que quiere que se le cuenten, la forma en la que se hacen, los actores y actrices que las representan y las maneras afectadas y exageradas de actuar. 

Formas que consideran buenas y dentro de lo normal, entendido normal estadísticamente como lo que piensa la mayoría, que poco o nada tienen que ver con el humor transgresor, bruto, reflexivo (del que en esta obra queda algo) y fuera de toda norma de Plauto.

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Como el dramaturgo Anton Chejov, me dedico al teatro y a la medicina. Al teatro porque hago crítica teatral para El HuffPost, la Revista Actores&Actrices, The Theater Times, de ópera, danza y música escénica para Sulponticello, Frontera D y en mi página de FB: El teatro, la crítica y el espectador. Además, hago entrevistas a mujeres del teatro para la revista Woman's Soul y participo en los ranking teatrales de la revista Godot y de Tragycom. Como médico me dedico a la Medicina del Trabajo y a la Prevención de Riesgos Laborales. Aunque como curioso, todo me interesa.

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