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La emancipación de Europa

La emancipación de Europa

Es evidente que Trump está en creciente ocaso, de forma que probablemente perderá casi todo el poder en las elecciones de medio mandato que se celebrarán el noviembre.

Los líderes de la UE en Salzburgo.REUTERS

Los países de Occidente deben agradecer sin duda alguna su boyante desarrollo actual a la determinación de Franklin D. Roosevelt, quien, siendo presidente de los Estados Unidos y tras sufrir su país el inicuo ataque por sorpresa a la base militar de Pearl Harbour, en Hawai, el 8 de diciembre de 1941, declaró la guerra a Japón y, poco después, a las demás potencias del Eje, Alemania e Italia. La Segunda Guerra Mundial, que las democracias europeas hubieran perdido seguramente de no haber mediado la intervención norteamericana, creó una ligazón trasatlántica de hondo calado. Surgió poco después la OTAN para agrupar a los países democráticos de Occidente frente al totalitarismo y surgió un escenario global bipolar en que las dos potencias triunfantes frente a Hitler se disputaron poder e influencia.

Europa contrajo así una deuda impagable con los Estados Unidos, ya que la joven potencia rescató a los europeos de las garras del nazismo y el fascismo (aunque España, lamentablemente, quedó fuera de aquella alianza por ser una dictadura militar, que los aliados no quisieron derrocar para no correr riesgos frente a un comunismo que pugnaba voraz por engullir a Europa). En razón de estos hechos, la relación trasatlántica ha sido siempre una referencia respetable que tanto los Estados Unidos como Europa —que ha ido formando la UE en estos años— han preservado sin incidentes graves. El Reino Unido, que ha entrado y ha salido de la UE, ha mantenido demás un "relación especial" con Washington al haber sido la principal potencia colonizadora de América del Norte y tras haberse creado la Commonwealth, organización voluntaria de 56 países independientes, mayoritariamente excolonias británicas, que cooperan en objetivos comunes; 14 de esos miembros, además del Reino Unido, son reinos de la Commonwealth que reconocen al monarca británico como su jefe de estado.

La alianza política plasmada en la OTAN ha perdurado a pesar de la errática política exterior de los Estados Unidos, que ha fracasado en todas sus empresas: en Corea, en Vietnam, en Afganistán, en las variadas intervenciones en Oriente Medio… Y, últimamente, en Irán, donde, como acaba de manifestar lacónicamente el canciller alemán, "Washington está siendo humillado por los líderes iraníes". Y ha añadido Merz: "Es evidente que los estadounidenses no tienen una estrategia, y el problema con conflictos como este es siempre que no basta con la entrada, también hay que salir". En esta ocasión, la conducta de Trump ha sido incluso más inaceptable que en pasados episodios unilaterales: el ataque a Irán que se produjo por sorpresa el pasado 28 de febrero con una serie de bombardeos selectivos que descabezaron el país y que asesinaron al líder supremo del país, Alí Jamenei, al ministro de Defensa y al comandante de la Guardia Revolucionaria, no había sido comunicado a los aliados de Washington… pese a lo cual, una vez comprobado que no se produciría la rendición de Teherán en cuestión de horas, como pensaba ingenuamente Trump, este reclamó ayuda a la OTAN para controlar el estrecho de Ormuz, pero los aliados esta vez se han negado a secundar el violento alarde del desquiciado mandatario USA. 

El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, fue el primero que respondió a la demanda con un contundente "no a la guerr"” e incluso negó a EE.UU. el uso de las bases militares en España para respaldar la agresión, y después todos los países europeos, con mayor o menor énfasis, se han negado también a secundar siquiera diplomáticamente al multimillonario desequilibrado, quien se ha convertido en un figurón inseguro y brutal que no responde a las pautas que reclama el delicado liderazgo que ostenta.

Las represalias de la Casa Blanca no se han hecho esperar, después de una riada de cambiantes amenazas gansteriles. Los aranceles de los automóviles europeos se elevarán un 25% y el multimillonario amigo de Epstein retirará también tropas de sus bases en Europa. El primer anuncio afecta a Alemania: 5.000 soldados saldrán del país en castigo por el atinado juicio de Merz sobre la guerra de Irán. En España, muchos españoles antibelicistas saltaríamos de gozo si el sátrapa nos "castigara" de la misma manera.

Es evidente que Trump está en creciente ocaso, de forma que probablemente perderá casi todo el poder en las elecciones de medio mandato que se celebrarán el noviembre. Lo razonable es, pues, esperar al desenlace de este periodo negro de la historia de los Estados Unidos con la confianza de que el electorado rectificará. Parece materialmente imposible que el sucesor de Trump no remedie la mayoría de los entuertos que heredará de su predecesor, pero parece sensato aprovechar este impase hasta entonces para que Europa desarrolle autónomamente su potencialidad en materia de seguridad y defensa, para no tener que recurrir a terceros para mantener sus valores y su estilo de vida.

Como es bien sabido, los Tratados de la UE establecen una forma de asistencia mutua en caso de agresión armada, muy semejante aunque no exactamente igual que la que establece la OTAN, que es ante todo una alianza militar

La disposición clave está en el artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea, que dispone en esencia que si un Estado miembro es víctima de agresión armada en su territorio, los demás Estados miembros tienen la obligación de prestarle ayuda y asistencia por todos los medios a su alcance, conforme al artículo 51 de la Carta de la ONU. Esta importante medida se introdujo con el Tratado de Lisboa, que reforzó la política de seguridad y defensa de la UE, que fue aprobado en diciembre de 2007 y que entró en vigor en diciembre de 2009). 

Notoriamente, la cobertura de esta disposición es similar a la del famoso artículo 5 de Tratado del Atlántico Norte, que solo se ha aplicado una vez: tras los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York, Washington reclamó entonces la aplicación de dicho artículo, y todos los socios se dispusieron a cumplir con su deber. Otra cosa es que la invasión de Afganistán fuera también un colosal error. Pero esa es otra historia.

Si Europa desarrolla este flanco vital —seguridad y defensa—, hoy desabastecido, mientras mantiene el auxilio que presta a Ucrania (los Estados Unidos parecen haberse desentendido del problema), adquiriría unas capacidades muy útiles para sortear la volubilidad de los norteamericanos. Además, nos proporcionaría una gran tranquilidad frente al imprevisible Putin y sus posibles epígonos también iliberales. Bien entendido que, por descontado, el esfuerzo militar que habría que emprender tendría exclusivamente carácter defensivo, con lo que se legitimaría plenamente a los ojos de una ciudadanía tan poco belicista como la europea.

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Mallorquín, de Palma de Mallorca, y ascendencia ampurdanesa. Vive en Madrid.

 

Antonio Papell es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos del Estado, por oposición. En la Transición, fue director general de Difusión Cultural en el Ministerio de Cultura y vocal asesor de varios ministros y del Gabinete de Adolfo Suárez. Ha sido durante más de dos décadas Director de Publicaciones de la Agencia Española de Cooperación Internacional (Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación). Entre 2012 y 2020 ha sido Director de Comunicación del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y director de la centenaria Revista de Obras Públicas, cuyo consejo estuvo presidido en esta etapa por Miguel Aguiló. Patrono de la Fundación Caminos hasta 2024, en la actualidad es asesor de la Fundación. Ha sido durante varios años codirector del Foro Global de la Ingeniería y Obras Públicas que se celebra anualmente en colaboración con la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo en Santander.

 

Fue articulista de la agencia de prensa Colpisa desde los años setenta, con Manu Leguineche; editorialista de Diario 16 entre 1981 y 1989, editorialista y articulista del grupo Vocento desde 1989 hasta el 2021; y después de unos meses como articulista del Grupo Prensa Ibérica, es articulista del Huffington Post. También publica asiduamente en el diario mallorquín Última Hora. Ha sido colaborador del Diario de Barcelona, El País, La Vanguardia, El Periódico, Diario de Mallorca, etc. Ha participado y/o participa como analista político en TVE, RNE, Cuatro, Punto Radio, Cope, TV de Castilla-La Mancha, La Sexta, Telemadrid, etc. Ha sido director adjunto de “El Noticiero de las Ideas”, revista de pensamiento de Vocento. Ha publicado varias novelas y diversos ensayos políticos; el último de ellos, “Elogio de la Transición”, Foca/Akal, 2016.

 

Asimismo, ha publicado para la Ed. Deusto (Planeta) sendas biografías profesionales de los ingenieros de Caminos Juan Miguel Villar Mir y José Luis Manzanares. También es autor de un gran libro conmemorativo sobre el Real Madrid: “Real Madrid, C.F.: El mejor del mundo” (Edit. Global Institute).

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