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20/10/2014 07:16 CEST | Actualizado 19/12/2014 11:12 CET

La terapia colectiva de Podemos

Pablo Iglesias, Monedero, Errejón, Bescansa y Alegre se han deshecho en besos y abrazos a sus adversarios ideológicos. A pesar de la dureza con que se ha expresado Teresa Rodríguez, y que entre bambalinas alguno de los que la escuchaba repetía "se está suicidando", la cúpula ha optado por ensalzar las diferencias tal y como vienen haciendo hasta ahora.

Las patologías a tratar eran dos principalmente. Una interna, dejar claro que quien lleva las riendas decide si el liderazgo se ejerce de forma colectiva o centralizada. Y otra externa, articular las herramientas para que la ilusión contagiosa que ha provocado en una parte de la sociedad española se expanda y ocupe todos los huecos precisos para lograr una mayoría. El partido de Pablo Iglesias se ha mirado por dentro durante el fin de semana en el palacio de Vistalagre de Madrid y ha tratado de dotarse de las estrategias emocionales necesarias para lanzarse a conquistar la Moncloa en las próximas generales.

Oficialmente se presentaban las propuestas sobre el modelo de partido que ya se han estado debatiendo en la Asamblea Ciudadana creada en Internet y que se podrán votar vía telemática durante la próxima semana, pero en #VistalegrePodemos las personas que forman los círculos se han visto las caras con los dirigentes. Y a base de gestos se lo han dicho casi todo. De buenas maneras pero con una considerable carga de profundidad.

-Una minoría incómoda

Cerca de 8.000 personas el sábado, y algo menos el domingo, han participado en la Asamblea constituyente. Una multitud importante para quienes se subían al estrado y palpaban su reacción al instante, pero un porcentaje pequeño ante los más de 130.000 con derecho a voto que finalmente decidirán. Aunque el equipo de Pablo Iglesias sabía que se enfrentaba a los más activos y críticos, como reconocía uno de sus ideólogos, porque los que están de acuerdo suelen quedarse en casa, no quita para que hayan tenido que pasar el trago de sentir en vivo y en directo su ambivalencia. Fervor por lo que representa Iglesias pero desacuerdo con su propuesta de partido porque lamina el poder de los círculos evitando que se conviertan en reinos de taifas. Algo que ya tenía previsto el núcleo duro desde antes de hacerse un apoyo tan llamativo en las Europeas.

-Del aplausómetro a los no aplausos

Los aplausos encendidos que envolvían las palabras de Pablo Iglesias y en menor medida las de Carolina Bescansa, Iñigo Errejón o Juan Carlos Monedero, competían con la cerrada ovación que la mera aparición de Pablo Echenique provocaba. El eurodiputado que defiende más pluralidad en la cúpula era el abanderado de lo que la mayoría allí presente quería echar en cara al núcleo duro.

Entre los asistentes se escuchaban conversaciones en las que lamentaban que estaban siendo demasiado prudentes a la hora de mostrar su discrepancia. Las caras tensas de los cinco miembros fundacionales con la sonrisa congelada cuando el auditorio se ponía en pie ante Echenique al advertir que "en un órgano de más personas se cometen menos errores" o con el "las elecciones no las gana un secretario general ni tres ni 100: las gana la gente" de Teresa Rodríguez, la eurodiputada que junto a su compañera en Bruselas Lola Sánchez defiende Sumando Podemos, reflejaban la incomoda situación.

Harto quizás de la pugna de aplausos, Iglesias pidió en su intervención del mediodía del domingo que nadie le aplaudiera mientras explicaba las razones para no liderar el proyecto si su propuesta no se imponía. Nadie entendió la performance que proponía. "Vamos a demostrarles que somos capaces de no aplaudir una intervención", dijo sin especificar a quién ni por qué iba dedicada la 'demostración', aunque parecía un simbólico rapapolvo a los que le aplauden a él como líder pero no comulgan con su fórmula de organizar el partido. Por cierto, que la treta de apartarse a un lado ya la usó Felipe González ante la polémica del referéndum de la OTAN hace 18 años, dimitiría si no le apoyaban.

-Haz el amor y no la guerra

Pablo Iglesias, Monedero, Errejón, Bescansa y Alegre se han deshecho en besos y abrazos a sus adversarios ideológicos. A pesar de la dureza con que se ha expresado Teresa Rodríguez, y que entre bambalinas alguno de los que la escuchaba repetía "se está suicidando", la cúpula ha optado por ensalzar las diferencias tal y como vienen haciendo hasta ahora. En el consejo ciudadano habrá sitio para todos, era el mantra que repetían con una sonrisa conciliadora en los labios los dirigentes cercanos a Iglesias a los que interrogabas sobre el encaje de Echenique y cia al concluir el proceso. Este ¿irónico? Tweet de Echenique lo clava:

-Los contenidos no son para la Asamblea

Impacientes seguimos muchos por saber en qué se concreta la manera de hacer política de un partido que se proclama distinto a todos. Sigue siendo un misterio cuándo conoceremos cuales son las posturas más detalladamente que la brevedad de un titular. La alergia a profundizar comienza a ser preocupante. Si antes de las Europeas la propia cúpula reconocía que era una estrategia que funcionaba y ya habría tiempo de comprometerse, cada día que pasa resulta más monótono continuar con el invariable discurso de la casta. Las lagunas de los cinco fundadores en materia económica cantan demasiado y exigen una puesta a punto en asuntos que requieren respuestas más allá de echar mano de las tarjetas Black y Emilio Botín.

Al menos nos queda claro que las consultas a la ciudadanía serán telemáticas. Aunque ese 30% de la población que no está conectada habrá que ver cómo se lo monta. Y también que Pablo Iglesias está dispuesto a pactar imponiendo sus condiciones, aunque la redacción de su discurso aparentase afirmar lo contrario: "Puede que nos ofrezcan la presidencia del gobierno a cambio de pactos, puede que nos ofrezcan presidencias de comunidades autónomas o traten de seducir a los futuros alcaldes y alcaldesas de Podemos a cambio de pactos y puede que digamos, en esas condiciones, no".

Lo que no es de recibo es que Podemos opte por perpetuar el rol de la mujer como cuidadora de hijos y ancianos. Y que ese papel lo integre Bescansa en sus discursos en lugar de hacerlo uno de los varones de la cúpula. Así sería más fácil pensar que Podemos no es como los demás.

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