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Ni sangre ni algas: las cascadas rojas de la Antártida son nanopartículas de hierro oxidadas por bacterias atrapadas durante millones de años

Ni sangre ni algas: las cascadas rojas de la Antártida son nanopartículas de hierro oxidadas por bacterias atrapadas durante millones de años

El extraño y bello fenómeno procede de una salmuera subglacial atrapada durante millones de años.

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La Antártida sigue escondiendo tesoros e incógnitas, aunque la de las "cascadas de sangre" se ha resuelto.

El planeta Tierra no deja de sorprender, sobre todo en determinados lugares como la Antártida, que, aunque parezca imposible, aún no está explorada del todo, escondiendo maravillas e incógnitas. ¿Te imaginas unas cascadas en un entorno de hielo "escupiendo" líquido rojo como la sangre o el vino? No es una película de fantasía, existen y ya tienen explicación. 

Su nombre es inquietante pero de una belleza extrema: "cascadas de sangre" o Blood Falls. Durante más de un siglo alimentaron teorías de todo tipo, desde microalgas rojas hasta fenómenos misteriosos bajo el hielo. 

Ahora la ciencia tiene una respuesta definitiva: no es sangre ni vida visible, sino hierro oxidado procedente de una salmuera subglacial atrapada durante millones de años.

El fenómeno,fue descubierto en 1911 por el geólogo británico Thomas Griffith Taylor durante la expedición Terra Nova, liderada por Robert Falcon Scott. Lo que observó fue un flujo rojo intenso que emergía del frente del Glaciar Taylor, en los Valles Secos de McMurdo.

Una salmuera rica en hierro bajo el hielo

El nuevo estudio, publicado en la revista Antarctic Science, explica el mecanismo con precisión. El color rojo procede de nanopartículas de hierro contenidas en una salmuera subglaciar extremadamente salina

Esa salmuera está atrapada bajo el glaciar desde hace millones de años. En su interior habrían sobrevivido antiguas comunidades microbianas en condiciones extremas, aisladas del exterior.

Cuando la presión del hielo cambia —debido al peso y al movimiento del glaciar—, la salmuera es expulsada ocasionalmente hacia la superficie. Al entrar en contacto con el oxígeno del aire, el hierro ferroso disuelto se oxida, generando el característico color rojo óxido que tiñe el hielo.

No eran microalgas

Durante décadas se creyó que el color podía deberse a microalgas rojas, hipótesis planteada inicialmente por el propio Taylor. Sin embargo, los análisis modernos descartaron esa posibilidad. 

Los investigadores identificaron nanosferas ricas en hierro combinadas con silicio, calcio, aluminio y sodio, confirmando que el fenómeno es geopolítico, no biológico superficial. 

Según el equipo de la Universidad Estatal de Luisiana, se trata de "una salmuera rica en hierro que ocasionalmente se expulsa de una fuente subglaciar debido al peso y movimiento del glaciar que lo recubre". 

Conexión con el lago Bonney

El flujo rojizo desciende hasta el lóbulo occidental del Lago Bonney, un lago cubierto de hielo permanentemente. 

El estudio sugiere que el fenómeno no es una simple mancha superficial, sino la evidencia de un sistema hidráulico subterráneo activo bajo el hielo antártico. Cambios de presión internos permiten que esta salmuera ancestral encuentre una vía de escape.

Un ecosistema oculto bajo el hielo

El hallazgo también tiene implicaciones astrobiológicas. La existencia de microorganismos que habrían sobrevivido en una salmuera aislada durante millones de años refuerza la hipótesis de que la vida podría persistir en ambientes extremos similares en otros mundos helados, como Europa (luna de Júpiter) o Encélado (luna de Saturno). 

En la Tierra, Blood Falls es una ventana directa a un ecosistema antiguo que ha permanecido sellado bajo el hielo desde épocas remotas.

Un misterio de 100 años resuelto

Lo que comenzó como una imagen impactante —una “herida” roja en mitad de la Antártida blanca— es en realidad un fenómeno químico natural perfectamente explicable. No hay sangre. No hay algas rojas. Hay hierro atrapado durante millones de años, liberado por el movimiento del glaciar y oxidado al contacto con el aire. Misterio resuelto. 

Y, bajo el hielo, un mundo microscópico que sigue desafiando lo que sabemos sobre los límites de la vida.

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Nací en Valladolid, donde estudié Periodismo y Comunicación Corporativa, pero me trasladé a Madrid, donde realicé un máster en comunicación corporativa en ESERP. Sin embargo, lo que más me gusta es escribir, aprender y escribir. He colaborado en varios medios digitales como redactor y editor (Grupo Merca2, Infodefensa, Business Insider…), así como coordinación de colaboradores y responsable de uno de los portales informativos de Merca2. Además, tengo mucho cariño a mi hobby de escribir críticas de cine desde hace varios años, mi gran pasión. ¿Las otras? Literatura, tecnología, economía e historia, y el deporte.

 


 

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