Así fue la negociación entre PP y Vox en Andalucía: "Nos hemos tenido que dejar pelos en la gatera"
El acuerdo de investidura se ha fraguado en 24 días después de varias concesiones por parte de Juanma Moreno. "El pacto es sensato y no había otro salida", defienden en el PP andaluz. Génova ha estado al margen de las negociaciones.
Juanma Moreno fue reelegido este jueves presidente de la Junta de Andalucía tras alcanzar in extremis un acuerdo con Vox y dejando en el olvido algunos de los compromisos que adquirió durante la campaña electoral e incluso durante las distintas fases de negociación que ha llevado a cabo con la formación de Santiago Abascal.
Moreno Bonilla, que se quedó a dos escaños de la mayoría absoluta tras los comicios del pasado 15 de junio, siempre se mostró reacio a compartir gobierno con Vox. E incluso rechazó públicamente la denominada "prioridad nacional" que los de Abascal han ido imponiendo en todos los acuerdos autonómicos que han alcanzado en estos últimos meses (Extremadura, Aragón o Castilla y León). Llegó a calificarlo de un "eslogan vacío".
Moreno Bonilla ha tenido que tragar con varios 'sapos' para no verse abocado a una posible repetición electoral. Ha cedido una vicepresidencia de 'Turismo, desregulación, Justicia y Administración Local' a Vox (que ocupará Manuel Gavira) y entre los 150 puntos del acuerdo está esa "prioridad nacional" que supone, en esencia, la discriminación de los migrantes en el acceso a las ayudas y servicios públicos. Y no de una manera vacua: el punto 100 del pacto contempla una auditoría del coste sanitario derivado de la atención sanitaria a los extranjeros o la creación de una unidad de control de la asistencia sanitaria a terceros obligados al pago, cuya finalidad es que “los recursos del Servicio Andaluz de Salud se destinen prioritariamente a los andaluces y españoles que sostienen el sistema y que Andalucía no asuma gastos que corresponden a otros pagadores”.
Además, también se habla de la eliminación de las ayudas a la cooperación internacional, la prohibición del burka y el niqab en Andalucía "en todos los espacios, edificios y servicios públicos autonómicos", la repatriación de los menores migrantes a sus países de origen, la fiscalización anual de "todos los gastos vinculados a la inmigración masiva para asegurar el mínimo desembolso" o la eliminación "total de ayudas, convenios o conciertos públicos a ONG u organizaciones que faciliten o sostengan la inmigración ilegal o cooperen con las mafias del tráfico de personas"
Las negociaciones con Vox en Andalucía han sido duras pero más breves que en otras regiones, puesto que el pacto se ha culminado en sólo 24 días. Tanto en el PP como en Vox admiten que, primero, Juanma Moreno tuvo que asumir que no había logrado la mayoría absoluta. Por eso, demoró el contacto con Vox y sugirió que no sería él quien negociaría. Un planteamiento que finalmente recondujo.
De hecho, a diferencia del resto de comunidades, Génova no ha participado en ninguna de las reuniones que se han celebrado entre los dos partidos. “No han tocado una coma”, dicen en las filas del PP andaluz. Juanma Moreno ha sido quien ha liderado dichos encuentros y ha ido informando directamente a Feijóo de las actualizaciones. De hecho, fue el propio Moreno Bonilla quien pidió a Feijóo autonomía total en una conversación entre ambos.
Durante estos 24 días ha habido reuniones presenciales (al menos, tres) y muchas llamadas de teléfono e intercambio de papeles. El pasado fin de semana fue especialmente intenso. Entonces, ya se había pactado hasta el 85% de lo programático y Vox había sugerido su entrada en el Gobierno. “No descartamos que entren”, avisaban entonces los cercanos a Moreno Bonilla.
El lunes, en la semana de la investidura, Vox pidió garantías de aplicación de la prioridad nacional e insistía en su presencia en el Gobierno. Sobre lo primero, la prioridad nacional, el presidente de la Junta admitió en privado que tenía que asumirla pero que quería rebajar las medidas concretas. “Ambas partes hemos llegado a la conclusión de que teníamos que ceder, que nos tenemos que dejar pelos en la gatera”, señalaba a los suyos.
Y luego estaba el tema de los sillones. Moreno quería a Vox fuera del gobierno a toda costa. Por ello llegó a ofrecerles cargos intermedios: la mesa del Parlamento andaluz, un senador autonómico... Pero Vox se mantuvo firme en su idea de querer entrar en el Gobierno. De ahí que el objetivo para el PP fue limitar su presencia. “Proporcionalidad”, fue la discusión.
Moreno tenía claro que la investidura tenía que ser este jueves y, por eso, fue retirando algunas de sus líneas rojas para llegar a un acuerdo. “Alargarlo podría traer dificultades añadidas”, decían los suyos. Ya el miércoles por la tarde se daba por descontado el pacto. "El pacto es sensato y no había otro salida. Querían Agricultura, Familia, Medio Ambiente... Hemos evitado eso. Además, Andalucía es la CC.AA. donde menos peso van a tener en el gobierno", razonaban ayer en el PP andaluz.
Tras la investidura, algunos dirigentes populares constatan que Moreno ya es “un barón más” que acepta las condiciones de Vox para gobernar. “Somos aliados naturales”, coinciden en Génova, que aplauden el pacto y defienden que la prioridad nacional no tiene coste electoral negativo.
"Estamos muy satisfechos de poder proteger a los andaluces de gobiernos de izquierdas y también de poder seguir demostrando que se puede gestionar con eficacia y honradez. Este país necesita más políticos como Juanma Moreno y como el resto de presidentes autonómicos del PP, y menos políticos como Pedro Sánchez. Por tanto, salimos más fuertes, reforzados en todos nuestros enfrentamientos electorales con el PSOE, y más preparados que nunca para volver a medirnos con el sanchismo en las urnas", celebraban en Génova este jueves. Una manera más de "normalizar" los inevitables pactos con Vox.