Cristina Monge: "Hay un discurso feminista que ha olvidado la empatía"
La socióloga y politóloga, habitual en las tertulias de televisión, ha publicado un libro en el que analiza el descontento profundo y el miedo al futuro que hay actualmente en la sociedad, lo que ha favorecido a su vez el auge de las fuerzas de ultraderecha.

Los malestares sociales que se han ido acumulando durante décadas han cristalizado en un descontento profundo entre la ciudadanía que pone en cuestión los propios fundamentos de la convivencia democrática, la confianza en las instituciones y la idea de futuro. Lo que, a su vez, ha generado el auge de las fuerzas de ultraderecha en parte de la sociedad occidental.
Cristina Monge (Zaragoza, 1975), socióloga, politóloga y profesora universitaria, ha publicado un libro - Contra el descontento (Editorial Paidós) - donde analiza este fenómeno y reivindica la necesidad de recuperar la conversación pública y reconstruir un nuevo contrato social basado en la cooperación, la justicia y la sostenibilidad mediante alianzas para crear futuros deseables.
En una entrevista con El HuffPost, Monge habla sobre ese descontento y algunas de las grietas que han permitido que fuerzas como Vox estén captando cada vez más voto en España, como un feminismo "con aires de superioridad" o una izquierda que teme abordar asuntos como la seguridad.

- Usted asegura en su libro que está la percepción de que las democracias se han convertido en máquinas de generar malestar. Pero, ¿realmente estamos tan mal?
- Yo diferencio entre malestares y descontentos. Hay malestares que tienen que ver más con los temas materiales. Por ejemplo, la vivienda o la inflación. Pero luego hay un descontento que tienen que ver con una falta de expectativas. Tenemos por delante retos tremendos que nos generan incertidumbre y miedo, porque tienen un potencial disruptivo: la revolución digital, la inteligencia artificial, la crisis climática... Y no confiamos en que nada ni nadie pueda gestionarlos bien. Por eso es más un problema de futuro, de perspectivas y de falta de confianza.
- Usted asegura que una de las grietas por las que ha entrado la ultraderecha en nuestra sociedad la ha creado un "feminismo con aires de superioridad". ¿A qué se refiere exactamente?
- A un feminismo sin empatía. Es muy minoritario, ¿eh? Yo creo que entre la mayoría de líderes de este movimiento y quienes empujan el feminismo desde los partidos, no se da esa circunstancia. Pero sí hay un discurso muy minoritario - que hace mucho ruido - que practica un feminismo con aires de superioridad.
- ¿Quién lo promueve entonces?
- Algunas personas en concreto. Cuando tú dices que hay chicos jóvenes que se sienten despistados ante el avance del feminismo y el cambio de roles de género, te pueden acusar de estar comprando el mantra de la ultraderecha de que el feminismo ha llegado muy lejos. Y nada que ver con la realidad. Pero muchos varones jóvenes están despistados y rabiosos porque saben que están perdiendo posiciones. Yo quiero entender sus razones y convencerles de que, en una sociedad feminista, ellos van a vivir mejor. ¿Cómo no hemos sido capaces de explicarles eso?
- Uno de los motivos por los que usted cree que está creciendo el antifeminismo entre los jóvenes varones heterosexuales es porque no tienen referentes...
- Es que no existen, hay que construirlos. Las chicas llevamos mucho tiempo dialogando y debatiendo sobre cómo debemos reposicionarnos. Pero en una sociedad feminista, ¿cuál es el rol de los chicos? Ellos no han tenido referentes. Y todo eso genera un sentimiento de incertidumbre, de miedo... que les hace sentirse muy inseguro. Y cuando alguien les dice "chaval, olvídate, apuesta por la familia tradicional", compran esa idea porque es lo fácil. Pero deben saber que eso no les va a hacer ni más felices ni, por supuesto, van a ser más igualitarios. Pero es un discurso que reconforta a personas que están en una inseguridad antológica.
– También hay mujeres que están volviendo a los esquemas tradicionales. ¿Por qué cree que está ocurriendo?
- Tiene que ver con una deriva ideológica. A todo avance en derechos, social, igualitario, democratizador... le sucede un momento de retroceso. Siempre ha ocurrido. En España, lo establecido hoy es el feminismo. Y luego hay un discurso feminista que ha olvidado la empatía. Las transformaciones sociales necesitan implicar a todo el mundo. Y cuando haces un cambio social tan grande como el feminismo está haciendo, hay gente que se siente descolocada.
- ¿Eso explica también ese supuesto auge de la espiritualidad y la búsqueda de dios entre los jóvenes?
- Mira, yo creo que las dos películas triunfadoras de los Goya son un buen ejemplo de las dos salidas que hay ahora en mismo en la búsqueda de referentes: el nihilismo más absoluto (Sirāt) y la búsqueda de una cierta espiritualidad (Los domingos). Ambas son las reacciones perfectas a la desconfianza y el miedo que estamos viviendo. Hay gente que busca una solución en la espiritualidad - aunque yo creo que no es tal porque los conventos no se están llenando de monjas - y otros que la buscan en Sirāt.
- ¿Qué película le gustó más, por cierto?
- Ninguna. Con Sirāt me enfadé mucho porque no entendí por qué el director me hacía sufrir de esa manera. Y Los domingos no refleja bien la complejidad que hay detrás de eso.

- Usted también aborda en el libro las dificultades que tiene la izquierda a la hora de hablar de la seguridad. Hace unas semanas, a Emilio Delgado le llovieron las críticas por decir en su coloquio con Gabriel Rufián que hay barrios en los que los niños no pueden bajar a calle...
- Entiendo perfectamente lo que dijo y lo comparto. La democracia en general, y la izquierda en particular, ha renunciado a pensar y a definir con arreglo a sus criterios ideológicos a unos conceptos clave. Y uno de ellos es la seguridad. Alguien de izquierdas no habla de seguridad, cuando realmente es una necesidad básica. Y lo podrían plantear del siguiente modo: ¿cómo es una ciudad más segura: con más policía o con más pequeño comercio abierto? Una calle es más segura si hay comercios abiertos. Eso es un concepto que entra perfectamente en los parámetros de la izquierda, pero no se hace.
Cuando hablamos de seguridad en España, el primer problema es el cambio climático. ¿Eso no entra en un concepto de la izquierda? La izquierda cede banderas, cuando en realidad tienes que reconceptualizar la idea de seguridad dentro de sus parámetros. Lo mismo ocurre con el poder y el dinero. Hablar de poder y dinero, para la izquierda, está mal visto.
- Usted aboga también por la alfabetización mediática de los ciudadanos. Pero yo creo que hay gente que prefiere vivir en la desinformación. Los seguidores que tiene Alvise en su canal de Telegram saben que no todo lo que leen es cierto...
- El que no quiera aprender a leer y escribir, allá él. Pero creo que hay que hacer un esfuerzo por enseñar a la gente a leer periódicos y a saber diferenciar entre fuentes veraces y fuentes que no lo son. Cuando a mí me preguntan qué hay que hacer para luchar contra la desinformación, mi respuesta es recuperar la confianza en los medios, que sois quienes articuláis la conversación pública.
- ¿Y cómo conseguimos, los medios, recuperar esa confianza?
- Hay que mejorar en credibilidad y solvencia. Yo sé que estamos en un momento de crisis de los medios, con la digitalización y la crisis financiera que vivimos desde 2008. Pero cuando todo esto apareció, los medios ya estaban en una crisis de confianza muy importante. En el 15M ya se decía, por ejemplo, eso de "Televisión, manipulación". Si toda la revolución digital hubiera operado en un contexto de confianza en los medios, ¿hubiera sido igual de potente? Lo dudo.
- Supongo que el libro se escribió antes de conocerse la sentencia del Supremo contra el fiscal general, pero ya usted pide en él que se implanten mecanismos para que los jueces rindan cuentas. ¿Existe también desconfianza de la ciudadanía ante la Justicia?
- Por supuesto. Yo sé que hay que hilar muy fino en este asunto, porque si te pasas la puedes liar parda, pero tenemos que diseñar mecanismos de rendición de cuentas del poder judicial. En otros países existen y es lo normal. El Gobierno rinde cuentas ante el parlamento y ante la ciudadanía. El legislativo rinde cuentas porque se presenta a unas elecciones. ¿Y el judicial? ¿Cómo rinde cuentas? Tenemos que ir ideando sistemas en los que, sin menoscabar la independencia judicial ni la separación de poderes, los jueces puedan también rendir cuentas.
- Por último, me gustaría preguntarle cómo se imagina el mundo usted en 2050.
- Como nos dé la gana que sea. Ese es el mensaje central del libro. El futuro no está escrito, lo que tenemos por delante no son las plagas de Egipto. No está escrito que la Inteligencia Artificial tenga que manipularnos. O que el colapso climático tenga que llegar. Va a depender de lo que hagamos. Y será producto de una correlación de fuerzas, como ha ocurrido siempre en la historia.
