Mujeres y precariedad: quién paga el coste real de la inflación en España
La brecha salarial en España ronda el 18% según Eurostat y dedican de media más del doble de horas que los hombres a cuidados y tareas domésticas no remuneradas.

La inflación no golpea igual a todo el mundo. Tampoco la recuperación económica. En este 8M, Día Internacional de la Mujer, los datos muestran algo incómodo: las mujeres están asumiendo una parte desproporcionada del coste del encarecimiento de la vida. Más precariedad laboral, más peso en cuidados no remunerados y mayor exposición a los sectores peor pagados. La macroeconomía tiene rostro, y en muchos casos es femenino.
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la inflación acumulada en España entre 2021 y 2024 ha tensionado especialmente bienes básicos como alimentación, energía y vivienda. Son precisamente los capítulos que más peso tienen en el gasto de los hogares con menos ingresos. Y en España, la pobreza y los salarios bajos tienen género.
Más empleo, pero peor pagado
Las mujeres representan más del 53% del empleo en sectores como comercio minorista, hostelería, limpieza o cuidados, según datos del INE y Eurostat. Son actividades caracterizadas por salarios más bajos y mayor temporalidad.
La brecha salarial en España ronda el 18% según Eurostat (últimos datos consolidados). Es decir, por cada euro que gana un hombre, una mujer percibe aproximadamente 82 céntivmos de media.
Con un contexto inflacionista, esa diferencia se amplifica, con lo que, cuando los precios suben, quien parte de un salario menor tiene menos margen para absorber el impacto.
La inflación es más dura en hogares monomarentales
Más del 80% de los hogares monoparentales en España están encabezados por mujeres, según el INE. Estos hogares presentan mayores tasas de riesgo de pobreza o exclusión social.
Cuando suben los precios de alimentos, alquiler o electricidad, el margen de ajuste es mínimo. No hay segundo salario que compense la subida del coste de la vida.
La inflación energética de 2022 y 2023 elevó el precio de la electricidad y el gas muy por encima del IPC general. Para muchas familias, eso significó elegir entre calefacción o ahorro. En hogares liderados por mujeres, el impacto fue mayor.
Más cuidados no remunerados, menos ingresos
La inflación no solo afecta al bolsillo. También redistribuye el tiempo. Según la Encuesta de Empleo del Tiempo del INE, las mujeres dedican de media más del doble de horas que los hombres a cuidados y tareas domésticas no remuneradas.
En un contexto de encarecimiento de servicios (guarderías, cuidados externos, ayuda doméstica), muchas familias optan por internalizar esos trabajos. Y, en la práctica, suelen recaer sobre mujeres.
Eso tiene un coste invisible:
- Reducción de jornada.
- Renuncia a promociones.
- Salida temporal del mercado laboral.
La precariedad no siempre es contractual. A veces es estructural.
Pensiones más bajas, colchón más fino
La brecha no termina en la vida activa. Según datos de la Seguridad Social, la pensión media de jubilación de las mujeres es aproximadamente un 30% inferior a la de los hombres.
Con una inflación sostenida, quienes tienen menos ahorro y pensiones más bajas pierden poder adquisitivo más rápido. Las mujeres mayores, especialmente viudas o con carreras laborales interrumpidas por cuidados, son uno de los colectivos más vulnerables ante el aumento del coste de la vida.
El impacto macroeconómico tiene género
La inflación y los números no discriminan por ley, pero sí por estructura social. Cuando los precios suben en bienes básicos, quienes concentran empleos precarios y cargas familiares soportan mayor presión.
La combinación de brecha salarial, mayor parcialidad (casi tres de cada cuatro contratos a tiempo parcial en España son femeninos) y sobrecarga de cuidados crea una tormenta perfecta.
Además, la recuperación económica posterior a la pandemia no ha sido homogénea. Los sectores feminizados tardaron más en recuperarse y siguen expuestos a volatilidad.
Por qué la factura recae en las mujeres: vamos con datos
La pobreza y la precariedad tienen rostro femenino: en 2023 había unos 5,1 millones de mujeres pobres en España, 300.000 más que hombres, según la Red EAPN y el informe sobre sesgo de género en la medición de la pobreza.
La tasa de desempleo femenina es más alta (13,8% frente al 10,6% masculino) y las mujeres triplican el empleo parcial (21,1% frente a 6,6%), con salarios y pensiones sistemáticamente más bajos.
Además, el 75% del empleo a tiempo parcial recae sobre mujeres y su salario bruto medio sigue siendo alrededor de un 20% inferior al de los hombres (ellas cobran unos 5.100 euros menos al año, con un salario medio de 28.627 euros en 2024). Esto significa que entran en la crisis inflacionaria con menos colchón de ingresos y más probabilidad de caer en pobreza laboral.
¿Qué dicen los organismos internacionales?
La Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional han alertado de que los shocks inflacionistas amplían desigualdades preexistentes. Eurostat confirma que el riesgo de pobreza en mujeres es sistemáticamente superior al de hombres en la Unión Europea.
En España, la tasa AROPE (riesgo de pobreza o exclusión) también muestra una ligera mayor incidencia femenina.
Este 8 de marzo no solo se habla de igualdad simbólica. Se habla de economía real. De quién paga la subida de la cesta de la compra; de quién asume el cuidado cuando los servicios se encarecen; y de quién tiene menos red de seguridad cuando el IPC sube.
La inflación es un fenómeno macroeconómico. Pero sus efectos son micro. Y muchas veces recaen sobre mujeres.
En un contexto de incertidumbre internacional, tensiones energéticas y desaceleración económica, la pregunta no es si la inflación afecta a todos. La pregunta es quién tiene menos margen para resistirla.
