Dormíamos, ¿despertamos?: el 15-M y sus lecciones olvidadas quince años después de que la indignación llenara las plazas
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Dormíamos, ¿despertamos?: el 15-M y sus lecciones olvidadas quince años después de que la indignación llenara las plazas

La rabia y la ira fueron las protagonistas hace tres lustros. No había siglas, tampoco nombres propios, pero sí un reclamo unánime que señalaba a la clase política y empresarial del país. Quince años después, ¿qué queda de aquello?

La Puerta del Sol el 19 de mayo de 2011 cuando la acampada de Madrid del Movimiento 15-M ya estaba más que asentada.Jasper Juinen

Entre el polvo de una ciudad desgastada, el ánimo resquebrajado de la rutina implacable y los anhelos de una vida mejor, reside vigente una placa en la Puerta del Sol de Madrid. Un recuerdo que traslada a los perspicaces a 15 años atrás; cuando la indignación llenó las plazas, cuando todo parecía posible —aunque desde arriba acusaran de utópico a cualquier cosa—, un mensaje que tres lustros después parece gritar afónico un recuerdo y las lecciones que fueron olvidadas. 'Dormíamos, despertamos'. Aquella primavera brilló más que las demás en las últimas décadas, aquel movimiento quiso cambiar todo, aquellas acampadas atesoraban entre sus tiendas los vientos de cambio que tambalearon el modelo de la Transición. Sin embargo, ahora, quince años después, ¿qué queda de aquello?

Antes de entrar en materia, un poco de contexto. El 15-M emergió en las calles tras las consecuencias de la crisis de 2008. Un yugo insoportable atestaba a una mayoría social de cualquier índole, ideología o condición. La precariedad, la escasez de oportunidades laborales —principalmente en la juventud—, las 'generaciones perdidas' y las exiliadas por motivos económicos, el problema perpetuo de la vivienda, el encarecimiento de la vida derivado por el estallido de la burbuja inmobiliaria, el desgaste del bipartidismo y el modelo heredado de la Transición se transformó en un hartazgo e indignación que llenó las plazas en busca de un objetivo: cambiarlo todo. ¿Os suena de algo? Sí, aunque no se puedan equiparar, quizá puedan ver entre estas líneas paralelismos con la situación actual.

Sin embargo, entonces la respuesta social no fue el auge de la extrema derecha, ni el señalamiento al feminismo o a la migración, sino un movimiento vertical que ponía la diana a banqueros y políticos. A ricos y poderosos, a los de arriba. Entre los que acapararon las plazas se encontraban personas de todas ideologías, desde votantes de Izquierda Unida, el Partido Socialista, anarquistas y, sí, también del Partido Popular. De hecho, días después de que se asentaran las acampadas Europa Press basaba uno de sus artículos en una encuesta de Havas Media, que señalaba que las protestas tenían un apoyo mayor al 80% entre personas de 15 a 55 años, sobre todo en personas de izquierdas y con rentas bajas, pero no sólo, sino que hasta el 64% de los votantes del Partido Popular también estaban a favor. El clima había llegado hasta tal límite que las reivindicaciones se habían convertido en transversales. Algo parecía que podía cambiar. 

Las lecciones que olvidamos y los cielos que nunca se asaltaron

  Textos pegados en la boca de Metro de la Puerta del Sol durante el 15-M en 2011.Cover/Getty Images

Además de rabia e indignación, el 15-M fue una asamblea popular que concentró centenares de propuestas entre las tiendas y encuentros que se producían entre los presentes. Aquellas fechas la reunión entre la ciudadanía fue una de las imágenes más comunes que incluso dieron el salto a medios de comunicación tanto nacionales como internacionales en primera plana. La gesta no sólo consistía en plasmar el rechazo al modelo vigente, sino conversar para poner encima de la mesa las soluciones que la sociedad y tantas generaciones perdidas requerían. 

Pese a ello, ahora, quince años después, muchas se han quedado en el tintero, otras se olvidaron y la mayoría presuntamente fueron imposibles de llevar a cabo. Por ello, desde El HuffPost vamos a tratar de arrojar un poco de luz a aquel pasado, para que nunca olvidemos lo que la calle reclamó en la primavera de 2011. 

'PSOE y PP, misma mierda es' 

Una de las insignias del movimiento colocó la diana en los dos principales partidos de la democracia española. Tanto el Partido Popular como el Partido Socialista se habían ganado a pulso la crítica unánime de un porcentaje elevado de la sociedad. Tanto José Luis Rodríguez Zapatero como Mariano Rajoy despertaban una desconfianza inédita en la historia de la democracia por parte de la ciudadanía. "Esto no es cuestión de izquierdas contra derechas, es una cuestión de lo de abajo contra los de arriba", clamaban pancartas en las diferentes plazas de las capitales españolas. 

El tiempo ha pasado y, aunque se rompió en cierto modo el bipartidismo con la entrada de nuevas formaciones políticas en los parlamentos como Podemos y Ciudadanos, lo cierto es que la hegemonía gubernamental sigue residiendo en los dos partidos de siempre y los reclamos que hacían los indignados para lograr una democracia más representativa en la que la ciudadanía tuviera más poder de decisión y de participación quedaron en el tintero. "Al final todo lo que se puso encima de la mesa para que la gente tuviera más acción política se fue diluyendo con el paso de los años. Es cierto que se rompió el bipartidismo, pero la forma de hacer política se convirtió en lo convencional", comenta Pablo Gallego, uno de los fundadores de Democracia Real Ya, a El HuffPost. 

"Los partido emergentes acabaron adoptando los modelos de la política convencional"
Pablo Gallego, fundador Democracia Real Ya

Carlos Castillo, que en la actualidad está en el Sindicato de Inquilinas y por la época participaba en la Plataforma de Afectadas por la Hipoteca (PAH), apunta en la misma dirección: "El 15-M logró una horizontalidad y transversalidad pocas veces vista; los partidos que emergieron del movimiento al final se adaptaron a los clásicos modelos de partido con liderazgos y personalismos fueres", explica a este periódico. En definitiva, aquel movimiento que llevaba tras de sí un proceso constituyente logró la ruptura clásica de dos partidos, pero no la forma de hacer política. 

"Sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo" 

Al igual que ahora, las condiciones materiales eran el foco central del debate en 2011. Tras la crisis implacable de 2008, la ciudadanía se enfrentaba a un periodo histórico delicado, donde los desahucios, el paro y la improbabilidad de adquirir una pensión en un futuro se complicaba hasta lo impensable. 15 años después, la vivienda se ha convertido en el principal problema del país en el que los afectados han aumentado tanto en número como en los diferentes perfiles sociales que se enfrentan al drama del alquiler. "Estamos peor ahora que entonces", aseguran las diferentes personas que participaron, de una forma u otra en el 15-M. 

"Hay parejas con salarios teóricamente decentes que sufren para poder pagar el alquiler"
Carlos Castillo, Sindicato de Inquilinas

"La crisis hizo que muchos lo tuvieran imposible para poder pagar la hipoteca en la que habían destinado todos sus ahorros, pero ahora hay parejas con salarios teóricamente decentes que sufren para poder pagar el alquiler, por no hablar de conseguir la entrada para una vivienda que es misión imposible", cuenta Castillo. Tanto el bipartidismo, como los diferentes partidos nuevos que entraron en el Congreso no han logrado paliar el mayor problema estructural al que se enfrenta la sociedad, de hecho, se ha agravado la situación. 

De antes a ahora, del colectivo al individuo

Los diferentes efectos que causó la crisis, además de un modelo político que atravesaba graves casos de corrupción despertaron una respuesta entendida desde el colectivo. Las acampadas, manifestaciones, asambleas y colectivos ponían la fuerza en un elemento común, el señalar los problemas que compartían todos los que estaban presentes en aquellas fechas. Aunque las comparaciones son odiosas, ahora se está atravesando un periodo histórico donde algunas disyuntivas son similares: la precariedad, la incapacidad de adquirir una vivienda, los sueldos de miseria en incontables sectores productivos... Sin embargo, la respuesta que está emergiendo en la sociedad apunta a otras coordenadas muy diferentes

Al igual que el 15-M apostó por agruparse, el individualismo ha acaparado cualquier respuesta en la actualidad. El rechazo al diferente, los mensajes de 'si no puedes es porque no te esfuerzas' o el auge de diferentes fuerzas ultraconservadoras y de extrema derecha en todo el mundo reflejan que, en esta ocasión, la indignación ha variado absolutamente la forma de manifestarse. "Con el 'salvase quien pueda' no se va a cambiar nada", nos cuenta Pablo Gallego.  

La impunidad de los políticos

Entre los reclamos del 15-M, la clase política se encontraba en el foco de las protestas. De las numerosas propuestas que se sacaron de las diferentes indignaciones que acapararon todo el país, algunas de ellas se quedaron en el tintero. "Basta ya de sueldos vitalicios políticos", exclamaban numerosas pancartas a lo largo de las movilizaciones. Sin embargo, 15 años después esa exigencia sigue sin cumplirse. Otra de ellas fue la de "fuera imputados de las listas electorales". Un solo ejemplo: el último candidato del Partido Socialista a las elecciones de Extremadura de diciembre de 2025, Miguel Ángel Gallardo, estaba procesado y pendiente de juicio. Tampoco se terminó como se propuso el fin de las "puertas giratorias", la capacidad de los políticos para entrar en empresas precisamente por su paso por la política. 

La respuesta del sistema: Ley Mordaza

El 15-M no logró impedir uno de los grandes símbolos de la reacción institucional frente a aquella ola de indignación: la conocida como Ley Mordaza. La aprobación de la norma en 2015 por el Gobierno de Mariano Rajoy supuso, para muchos activistas, la constatación de que el Estado había entendido el potencial desestabilizador que podían tener las movilizaciones masivas nacidas al calor del 15-M y decidió blindarse frente a futuras protestas. Las acampadas, los escraches, las mareas ciudadanas y las manifestaciones permanentes habían demostrado que la calle podía convertirse en un contrapoder real capaz de erosionar el relato oficial y desgastar a las instituciones. 

  Protestas contra la ley Mordaza a las puertas del Congreso en 2015.Marcos del Mazo

Precisamente por eso, la respuesta fue endurecer el marco represivo mediante sanciones administrativas que permitían multar protestas espontáneas, grabaciones policiales o concentraciones frente al Congreso sin necesidad siquiera de intervención judicial. La derogación de la Ley Mordaza se convirtió así en una promesa recurrente que chocó constantemente con la aritmética parlamentaria, la resistencia de los aparatos del Estado y el progresivo desgaste del ciclo político abierto en 2011. Paradójicamente, el movimiento que había reivindicado una democracia más abierta y participativa terminó viendo cómo una de las legislaciones más restrictivas sobre protesta y libertades públicas de la democracia seguía vigente quince años después.

Las primaveras que fueron y las que vendrán 

El 15-M logró poner en valor y demostrar la capacidad que puede llegar a tener la sociedad si se agrupan y ponen en la diana objetivos comunes. Aunque muchas cosas no se cambiaron, España no volvió a ser la misma desde 2011 y todo lo que consiguieron aquellas movilizaciones. El bipartidismo se rompió y pudiera parecer que la impunidad ante la corrupción no es tal como la que se gastaba entonces. 15 años han pasado de aquella primavera y la pregunta queda en el aire: ¿habrá una siguiente?

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Redactor de Política en El HuffPost. Graduado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha trabajado en elDiario.es, El Confidencial y Redacción Médica. Además de la actualidad política e informativa, ha cubierto efemérides como la DANA o la erupción del volcán de La Palma, realizado entrevistas a raperos o elaborado reportajes sociales, especialmente sobre migración y vivienda.

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