El 'melón' abierto por Vox con el burka: qué hay debajo de esta polémica que divide a la izquierda y enfrenta realidades
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El 'melón' abierto por Vox con el burka: qué hay debajo de esta polémica que divide a la izquierda y enfrenta realidades

La propuesta de ley del partido de Abascal para prohibir la utilización de burka y niqab en España reabre un debate político, simbólico y moral que nunca se cerró. Desde la izquierda tratan de no posicionarse rotundamente, aunque algunos como Rufián animan a sus formaciones a cuestionarse ciertos planteamientos al respecto.

Una mujer vestida con un burka en una calle de PortugalSOPA Images

Con 177 votos en contra, 170 a favor y una abstención, el Congreso de los Diputados rechazó esta semana la proposición de ley de Vox -respaldada por el PP- para prohibir el uso del burka y el niqab en la vía pública y en espacios públicos cerrados. La iniciativa no prosperó, gracias al voto en contra del bloque de investidura. Pero lejos de cerrar el debate, la votación ha reabierto un nuevo frente político: Junts, que votó en contra al tratarse de una propuesta de Vox, ya ha anunciado que llevará al Senado una iniciativa de contenido muy similar.

La propuesta de Vox para prohibir el burka y el niqab en España ha reabierto un debate que va mucho más allá de una prenda concreta. No tanto por el impacto práctico inmediato -muy reducido, según coinciden distintas fuentes- como por lo que simboliza en términos políticos, culturales y jurídicos. La discusión se mueve entre la seguridad, la libertad religiosa, el feminismo y la identidad nacional. Y lo hace, además, sobre un terreno estadísticamente minúsculo.

"La propuesta habla de burka cuando el burka no existe en España", sostiene Hicham Oulad Mhammed, delegado de la Comisión Islámica de España. "Hablar de burka en España es hablar de algo que no existe. Estamos hablando de una o dos mujeres por región, si llega. Es una medida innecesaria, más demagógica que útil", asegura a El HuffPost.

Un fenómeno residual

Los datos oficiales ayudan a dimensionar el alcance real del debate. Según el Observatorio Andalusí de la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE), en 2023 residían en España alrededor de 2,4 millones de musulmanes, aproximadamente el 5% de la población. De ellos, una parte significativa son ciudadanos españoles.

Tanto desde la Comisión Islámica como diversos estudios académicos coinciden en que el burka -la prenda integral de origen afgano que cubre completamente el rostro con una rejilla a la altura de los ojos- es prácticamente inexistente en España y afirman también que el niqab, que cubre el rostro dejando visibles los ojos, tiene una presencia también muy minoritaria.

El hiyab, en cambio, sí es una prenda visible en muchas ciudades españolas. Pero su naturaleza es distinta: cubre el cabello, no el rostro, y es considerado por amplios sectores del islam una expresión religiosa.

"Hiyab no es burka. Niqab no es burka. No tienen el mismo significado ni la misma presencia. Se está generando un totum revolutum entre hiyab, niqab y burka", advierte Oulad Mhammed. "No tienen nada que ver. El hiyab forma parte de la práctica religiosa para muchas mujeres; el niqab y el burka no son obligatorios desde el punto de vista islámico". insiste.

Sin embargo, para mujeres que han vivido bajo regímenes donde el burka sí es una imposición, el debate adquiere otra dimensión. Khadija Amin, periodista afgana refugiada en España tras la toma del poder por los talibanes, ha descrito la prenda en términos muy distintos en Onda Cero. "El burka es como una prisión que no puedes ni respirar y no puedes ver el mundo", aseguró.

Su experiencia introduce un matiz fundamental: mientras en España el fenómeno es residual, en otros contextos el velo integral no es una elección, sino una obligación legal y social.

Libertad religiosa y límites legales

Otro gran 'melón' es el relativo a la libertad religiosa y los límites existentes. España es un Estado aconfesional, según el artículo 16 de la Constitución, de forma que la libertad religiosa está protegida siempre que no se vulnere el orden público. En la práctica, eso significa que cualquier persona puede vestir símbolos religiosos en el espacio público, salvo en situaciones donde sea necesaria la identificación.

La jurisprudencia española ya contempla que, ante requerimiento policial o en contextos como aeropuertos o controles de identidad, la persona debe mostrar el rostro. La normativa de seguridad ciudadana habilita esa exigencia sin necesidad de una prohibición general.

En otros países europeos el enfoque ha sido distinto. Francia prohibió en 2010 el uso de prendas que cubran el rostro en espacios públicos, en nombre de su modelo de laicidad estricta. Dinamarca adoptó una medida similar en 2018. Alemania aplica restricciones parciales en determinados contextos.

Pero el marco jurídico español es diferente. "Aquí no hay un laicismo negativo como el francés", señala Oulad Mhammed. La ley no se posiciona contra la manifestación religiosa en el espacio público", recuerda.

En este sentido, la vicepresidenta Yolanda Díaz argumentó tras la votación que la propuesta vulneraba los artículos 14 y 16 de la Constitución, relativos a igualdad y libertad religiosa. A esa afirmación respondió Khadija Amin desde su cuenta en X: "Como mujer musulmana, no estoy de acuerdo con lo que dice la vicepresidenta. El burka no es ni cultura ni religión, sino una postura impuesta por los extremistas islámicos".

Seguridad, identidad y simbolismo

Otro de los argumentos recurrentes a favor de la prohibición tiene que ver con la seguridad. Si el rostro está cubierto, se dificulta la identificación. Sin embargo, fuentes policiales consultadas en debates anteriores sobre esta cuestión han señalado que la legislación actual ya permite exigir la retirada temporal del velo integral cuando sea necesario.

Desde un plano estrictamente operativo, la medida no responde a una amenaza cuantificable. Actualmente no hay informes públicos que vinculen el uso de niqab o burka en España con riesgos específicos de seguridad.

La relevancia de la propuesta es, por tanto, más simbólica que práctica. El debate se inserta en una agenda más amplia sobre inmigración, integración y valores culturales. Y ahí es donde adquiere dimensión política.

Pero el simbolismo cambia según el contexto. Para Amin, hablar del burka sin mencionar Afganistán implica obviar una realidad dramática: "En Afganistán la situación de las mujeres es muy grave", denuncia. "Yo también llevaba burka cuando estaba casada. Te invisibiliza y te anula como persona porque nadie sabe quién hay debajo de esa prenda". Sus palabras no describen la realidad española, pero sí condicionan la percepción pública del símbolo.

¿Proteger o perjudicar?

El núcleo más delicado del debate gira en torno al feminismo. Para algunos sectores, el velo integral representa una forma de opresión patriarcal. Para otros, prohibirlo supone sustituir una posible imposición familiar por una imposición estatal.

"Estamos en contra de obligar a una mujer a vestirse de una forma y también en contra de obligarla a dejar de vestirse de una forma", resume Oulad Mhammed. "Si se quiere ayudar a las mujeres musulmanas, la vía no es la prohibición, sino la educación y la pedagogía". Y envía un mensaje para los impulsores de la medida, en este caso VOX; "Dudo mucho que la extrema derecha tenga como prioridad defender a la mujer musulmana. Esto no favorece la convivencia ni la inclusión”.

Diversos estudios sociológicos en Europa han mostrado que las motivaciones para usar velo son heterogéneas: identidad religiosa, reivindicación cultural, convicción personal o presión familiar en algunos casos. Reducirlo exclusivamente a coacción masculina simplifica una realidad compleja.

El riesgo señalado por organizaciones musulmanas es que una prohibición pueda generar mayor exclusión social, especialmente si se interpreta como una estigmatización colectiva. El Ministerio del Interior registró en su último Informe sobre incidentes relacionados con delitos de odio que los hechos islamófobos siguen siendo una de las categorías más relevantes dentro de los delitos por motivos religiosos.

El giro del PP por el auge de VOX

Uno de los movimientos políticos más significativos ha sido el cambio de postura del Partido Popular. Hace no tanto, la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, consideraba innecesaria una prohibición específica. El argumento era claro: no se trata de un problema real en España.

Sin embargo, el contexto político parece haber cambiado. La competencia con Vox en determinados territorios y la presión del debate migratorio han empujado al PP a endurecer su discurso. La evolución responde menos a un aumento objetivo del uso de estas prendas que a un clima político donde la identidad cultural ocupa un lugar central.

"Reducirlo todo a que hay un hombre obligando es una visión prefabricada"
Hicham Oulad Mhammed, delegado de la Comisión Islámica de España

La encrucijada de la izquierda

Para la izquierda el dilema es evidente. Desde una óptica feminista, resulta incómodo defender una prenda que en determinados contextos internacionales está asociada a coerción y desigualdad. Pero prohibirla puede chocar con la defensa de la libertad individual y la diversidad cultural.

Gabriel Rufián, portavoz de ERC en el Congreso, afirmó recientemente que "el burka es una salvajada". Sin embargo, ERC votó en contra de la propuesta de ley de Vox, aunque en los círculos de la izquierda comienza a hablarse abiertamente sobre este tipo de asuntos.

Sin embargo, Oulad Mhammed apela nuevamente a la libertad individual y a los prejuicios que en Occidente se tiene sobre el islam: "Reducirlo todo a que hay un hombre obligando es una visión prefabricada. Claro que existe el machismo, como en cualquier sociedad. Pero muchas veces la decisión es propia. Y si es propia, está amparada por la libertad religiosa".

Ahí se sitúa la tensión central. Porque para voces como la de Amin, el burka no puede desligarse de la opresión estructural que ha vivido en su país. Para representantes de la comunidad islámica en España, en cambio, generalizar esa experiencia supone proyectar un contexto externo sobre una realidad distinta.

¿Atacar el síntoma o el origen?

Una reflexión cada vez más presente en el debate académico es que las prohibiciones actúan sobre el síntoma, no sobre la causa. Si existen casos de coacción familiar o comunitaria, la herramienta adecuada sería la protección social, la educación y el empoderamiento y quizá no tanto una sanción general.

En este sentido, Oulad lo tiene claro. "Hablen con las mujeres musulmanas. Muchas veces ni siquiera se les pregunta. Se habla sobre ellas sin contar con ellas", asegura. En términos prácticos, una prohibición afectaría a un número muy reducido de mujeres pero quizá en términos simbólicos podría reforzar la percepción de que la comunidad musulmana está bajo sospecha permanente.

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Soy redactor de El HuffPost España, donde escribo sobre todo tipo de contenidos: desde actualidad, última hora, política, sociedad y deporte hasta política internacional, en menor medida.

 

Nacido en Jaén en 1998, me decanté por estudiar Historia y Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos durante 2016 y 2022. Desde entonces, mi trabajo se ha centrado en contar la actualidad con contexto, intentando entender no solo lo que ocurre, sino también de dónde viene y qué consecuencias puede tener. Al fin y al cabo, la Historia —aunque a veces parezca dormida— siempre está detrás de los titulares.

 

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Como vocación, los asuntos históricos me llaman mucho la atención, pero durante los últimos años, la "actualidad manda", y el ritmo frenético de sucesos económicos, políticos y geopolíticos (casi todos negativos) en un mundo cada vez más convulso acapara gran parte del trabajo de manera diaria. Esto ha provocado que haya desarrollado una gran pasión e interés por entender cómo y por qué ocurren gran parte de todos los acontecimientos históricos que estamos viviendo constantemente.


Intento contar el presente con rigor, con un punto de contexto histórico y, cuando se puede y con una pizca de ironía. Porque incluso en los días más intensos, un poco de perspectiva —y de humor— ayuda a entender mejor lo que pasa.

 

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Mi experiencia profesional comenzó allá por 2019, como colaborador en Radio Libertad y Radio Marca, donde cubrí actualidad deportiva diaria y descubrí el vértigo de informar a contrarreloj. Más tarde pasé por AS, donde amplié el foco: además de deporte, seguí temas de actualidad general y aprendí que en el periodismo, a veces, el fuera de juego también puede ser político.


En enero de 2023 me incorporé a El HuffPost, donde escribo sobre política, sociedad y actualidad en todo tipo de frentes: desde elecciones hasta debates nacionales e internacionales, deporte y sucesos (un poco de todo). En definitiva, todo lo que marca la conversación pública y, en general, todo aquello que explica por qué el mundo gira como gira (y por qué a veces parece hacerlo del revés).

 


 

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