Ana Luzón, técnica en nutrición: "Una cerveza fría puede apetecer mucho, pero no es la mejor bebida para combatir una ola de calor, es el agua"
Esta experta recuerda que la vasodilatación que produce el alcohol facilita la pérdida de calor, pero también puede favorecer una bajada de la tensión arterial.

Agua fría, una cerveza casi helada, enfriar los vasos y jarras en el congelador antes de servirnos la bebida... Ante una ola de calor, el cuerpo nos pide beber algo lo más frío posible. Pero, ¿es eso lo mejor para combatirla? "Una cerveza fría puede apetecer mucho, pero no es la mejor bebida para combatir una ola de calor, pero tampoco sería correcto decir que cualquier cerveza 'te deshidrata' sin más", responde la técnica superior en Nutrición y Dietética Ana Luzón y cuenta, a continuación, las claves principales a la hora de hidratarse debidamente durante una ola de calor.
"La cerveza contiene una gran proporción de agua, pero también alcohol y éste tiene un efecto diurético: inhibe la liberación de la hormona antidiurética (vasopresina)", destaca la experta, "lo que favorece la producción de orina y puede aumentar la pérdida de líquidos, especialmente cuando se consume en cantidades elevadas o bebidas con una mayor graduación alcohólica".
"Además, el alcohol produce vasodilatación periférica", resalta esta experta: "Esa sensación de frescor que muchas personas notan al tomar una cerveza en una terraza es, en parte, engañosa. La vasodilatación hace que llegue más sangre a la piel y facilita la pérdida de calor, pero también puede favorecer una bajada de la tensión arterial y dificultar la capacidad del organismo para hacer frente a temperaturas extremas", explica.
En una situación de mucho calor, en la que ya estamos perdiendo agua y electrolitos a través del sudor, el agua sigue siendo la mejor opción para rehidratarse. Si alguien decide tomar una cerveza porque le apetece disfrutarla, no hay problema en una persona sana, pero conviene no considerarla una bebida de hidratación y acompañarla siempre de agua.
El mayor riesgo muchas veces no es la cerveza en sí, sino sumar varios factores: estar al sol en las horas centrales del día, con temperaturas muy elevadas, beber alcohol y no hidratarse adecuadamente. Esa combinación aumenta el riesgo de deshidratación y de sufrir un golpe de calor, especialmente en personas mayores o con enfermedades crónicas
En cuanto a la temperatura del agua, en plena ola de calor todo el mundo tira de agua helada, pero, ¿es más eficaz que el agua fresca o del tiempo para hidratarse y bajar la temperatura? "En cuanto a hidratación, el agua hidrata igual independientemente de su temperatura. La diferencia está más en la comodidad y en cuánto nos apetece beber", aclara Luzón. "Muchas personas encuentran más agradable el agua fresca cuando hace mucho calor, lo que puede favorecer que beban una mayor cantidad y, por tanto, se hidraten mejor".
También conviene mencionar, añade esta técnica en dietética, "respecto a bajar la temperatura corporal, que el agua fría puede producir una sensación inmediata de alivio y contribuir ligeramente a disipar calor, pero el efecto es pequeño y transitorio: Lo verdaderamente importante es mantener una ingesta de líquidos suficiente a lo largo del día".
Esta experta también resalta que sí "hay diferencia entre beberla de golpe o a sorbos": "Cuando hace mucho calor o estamos realizando actividad física, es preferible beber de forma regular y en pequeñas cantidades que ingerir un gran volumen de agua de una sola vez, beber a sorbos facilita la tolerancia digestiva y ayuda a mantener una hidratación más constante".
Además, prosigue, "si esperamos a tener mucha sed y entonces bebemos medio litro de golpe, probablemente ya llevemos un cierto grado de deshidratación". Otra cuestión importante a tener en cuenta en estas situaciones de calor extremo es que "la sed es un mecanismo útil, pero no siempre llega a tiempo, especialmente en personas mayores", advierte Ana Luzón.
Y sobre el mito de que el agua muy fría "corta la digestión", uno de los más extendidos del verano, Luzón explica que "lo que popularmente llamamos 'corte de digestión' no existe como diagnóstico médico". Lo que sí puede ocurrir es "un síndrome de hidrocución", dice Luzón: "Esto es una respuesta brusca del organismo que puede desencadenarse cuando una persona entra de forma repentina en agua muy fría, especialmente después de una exposición intensa al calor o de una comida copiosa. En esos casos puede producirse un reflejo cardiovascular que provoque mareo o incluso pérdida de conocimiento".
Ahora bien, añade que "beber agua fría no provoca este fenómeno": "Como mucho, algunas personas pueden notar una molestia pasajera o un pequeño espasmo si el agua está muy fría y la toman muy deprisa, pero no corta la digestión'".
En cuanto a las comidas, "hay algunas que aumentan la producción interna de calor al digerirse, aunque el efecto suele exagerarse", resalta la técnica en nutrición. "Todos los alimentos requieren energía para ser digeridos, absorbidos y metabolizados. Es lo que conocemos como efecto térmico de los alimentos. Las proteínas son las que generan un mayor gasto energético durante la digestión, seguidas por los hidratos de carbono y, por último, las grasas. Sin embargo, ese incremento de producción de calor es relativamente pequeño y no justifica evitar alimentos proteicos durante una ola de calor", puntualiza.
Lo que sí suele resultar más pesado "son las comidas muy copiosas o muy ricas en grasa, porque retrasan el vaciado del estómago y aumentan la sensación de pesadez", prosigue Luzón. "En días de mucho calor suele apetecer más optar por comidas ligeras, con frutas, verduras, legumbres, yogur o pescados, no porque 'den menos calor', sino porque suelen ser mejor toleradas y además aportan agua".
Cuando hace mucho calor "no sólo perdemos agua, sino que también suele disminuir el apetito", comenta también esta especialista. "Por eso, una parte importante de la hidratación puede venir de los propios alimentos. En verano muchas personas comen menos o sustituyen comidas completas por algo rápido y ligero. Eso no tiene por qué ser un problema si esas elecciones siguen aportando líquidos y nutrientes".
Y es que cuando nos damos cuenta cuenta de que debemos hidratarnos únicamente solemos pensar en el agua que bebemos, pero Luzón recuerda que "alrededor del 20% y 30 % del agua que necesitamos cada día procede de los alimentos, especialmente de frutas y verduras". Por lo que "alimentos como la sandía, el melón, el melocotón, los cítricos, el tomate, el pepino, el calabacín o la lechuga contienen más de un 90 % de agua", menciona esta técnica en nutrición. "También preparaciones como el gazpacho, el salmorejo más ligero o las cremas frías contribuyen a mantener una buena hidratación, al tiempo que aportan vitaminas, minerales y otros nutrientes", propone.
En conclusión, por lo tanto, "cuando hace mucho calor, hidratarse no consiste sólo en llevar una botella de agua encima, también implica llenar el plato de alimentos frescos y ricos en agua, es una estrategia sencilla, eficaz y que muchas veces olvidamos".
*Ana Luzón es técnica en nutrición y defensora de una alimentación realista, alejada de dogmas y dietas restrictivas. Su enfoque se centra en ayudar a las personas a reconectar con sus señales de hambre y saciedad, integrando la salud física con el bienestar emocional y el contexto de la vida actual. Más información en www.analuzonsalud.es y en Instagram @analuzonsalud.
