Adriana Pinos, inversora de lujo de 'Negocio familiar' (Netflix): "Nosotros mismos estamos de alquiler en España y nos cuesta encontrar un piso de larga duración"
La protagonista de la serie inmobiliaria reconoce el impacto de la crisis de vivienda mientras el Gobierno estudia limitar las compras especulativas y el mercado se tensiona aún más.

Ni siquiera quienes viven del negocio inmobiliario se libran del problema. Adriana Pinos, una de las caras conocidas de "Negocio familiar", la serie de Netflix centrada en el lujo y el sector inmobiliario, ha puesto voz a una paradoja que resume el momento que atraviesa España: "Nosotros mismos estamos de alquiler y nos cuesta encontrar un piso de larga duración".
Sus palabras llegan en un contexto de creciente tensión en el mercado de la vivienda, donde el acceso a un alquiler estable se ha convertido en un reto incluso para perfiles vinculados directamente al sector.
El lujo también mira con preocupación el mercado
Pinos, que trabaja junto a la familia Kretz en operaciones inmobiliarias de alto nivel, reconoce que la situación ha cambiado notablemente en los últimos años. Los precios, especialmente en ciudades como Madrid o Barcelona, se han disparado hasta niveles que ya compiten con grandes capitales europeas como París.
Lejos de rechazar las posibles limitaciones, la inversora lo tiene claro: "Entendemos perfectamente por qué quieren regular. Hay muchos que abusan". En su opinión, la proliferación de compras especulativas -especialmente por parte de inversores que no residen en España- está contribuyendo a expulsar a los ciudadanos del centro de las ciudades.
"Los pisos turísticos hacen mucho ruido y los ciudadanos no pueden comprar en el centro de Barcelona o Madrid", añade, en una crítica poco habitual viniendo de alguien dentro del propio negocio.
Un modelo que cambia barrios enteros
El fenómeno no es nuevo, pero sí cada vez más visible. En barrios como la Dreta de l’Eixample en Barcelona, asociaciones vecinales denuncian un goteo constante de edificios comprados por fondos o inversores que los transforman en viviendas de lujo.
El resultado: edificios semivacíos, vecinos desplazados y calles cada vez más orientadas al turismo. Según datos municipales, alrededor del 30% de las viviendas en algunas zonas no tienen a nadie empadronado.
"Muchos compradores son extranjeros que no viven en esas casas, sino que las utilizan de forma puntual", explican desde asociaciones vecinales, que alertan del impacto social de este modelo.
El Gobierno mueve ficha (y el mercado responde)
Ante esta situación, el Gobierno ha empezado a endurecer su postura. Entre las medidas planteadas está limitar la compra de viviendas como activo financiero o incluso gravar con impuestos más altos a los compradores extranjeros no residentes.
Además, ya se ha eliminado el llamado "visado de oro", que permitía obtener residencia a quienes adquirieran propiedades de alto valor.
Desde el Ministerio de Vivienda insisten en que el objetivo es claro: frenar la especulación y facilitar el acceso a la vivienda como derecho, no como inversión.
Entre la regulación y la realidad
Sin embargo, el efecto real de estas medidas todavía genera dudas. Mientras algunos expertos apuntan a una posible retirada de inversores, otros aseguran que el interés extranjero sigue siendo alto, en parte porque España continúa viéndose como un destino seguro para invertir.
En medio de ese debate, testimonios como el de Adriana Pinos reflejan hasta qué punto la crisis ha alcanzado a todos los niveles del mercado.
Porque si incluso quienes venden viviendas de lujo reconocen que encontrar un alquiler es complicado, el problema ya no es solo estructural. Es general.
