Rohan Gore, ingeniero con 15 años de experiencia: "Llevo sin programar desde diciembre, jamás habría podido hacer ni el 10% de lo que hacen estos agentes de IA"
Asegura que su experiencia sigue siendo crucial, ya que el pensamiento crítico, la arquitectura de sistemas y la planificación estratégica siguen requiriendo la intervención humana.

En la industria tecnológica algo está cambiando a una velocidad difícil de asimilar. Los ingenieros ya no solo construyen software, sino que ahora supervisan, corrigen y colaboran con sistemas que, en muchos casos, programan mejor y más rápido que ellos. Un giro que no solo redefine el trabajo, sino también el papel humano dentro de una profesión que siempre había girado en torno al código.
En medio de esta transformación, Rohan Gore, ingeniero de IA de 38 años en Reach3 Insights, una consultora de investigación de mercado con sede en Vancouver, ha puesto palabras a una sensación cada vez más extendida en el sector tecnológico: la mezcla de entusiasmo y vértigo ante la automatización. Su testimonio refleja cómo la llegada de sistemas cada vez más autónomos está redefiniendo lo que significa ser ingeniero hoy.
En los últimos meses, Rohan ha dado un paso atrás respecto a la programación directa y se ha enfocado en supervisar y guiar a los sistemas de IA que ahora realizan gran parte de su trabajo. “Llevo sin programar desde diciembre, jamás habría podido hacer ni el 10% de lo que hacen estos agentes de IA”, confesó en una conversación con Business Insider, dejando claro el nivel de sofisticación de estas herramientas.
Trabajar mano a mano
A pesar del avance inminente de la IA, el ingeniero asegura que su experiencia sigue siendo crucial, ya que el pensamiento crítico, la arquitectura de sistemas y la planificación estratégica siguen requiriendo la intervención humana. Según Rogan, estas áreas se han vuelto más importantes que nunca, porque la IA aún depende de guía experta para producir resultados realmente útiles y coherentes.
El experto cuenta que se graduó en informática en 2010 y que ha trabajado desde entonces en software, primero en problemas complejos de investigación de mercados y ahora en tareas vinculadas a la IA. El cambio le ha permitido centrarse menos en la ejecución pura y más en la arquitectura, el diseño de sistemas y la revisión crítica de decisiones de producto. Según explica, esto le da mayor libertad para contribuir de forma más amplia al desarrollo de productos, en lugar de limitarse a escribir código.
Su testimonio describe una paradoja muy propia de esta transición, ya que la IA le ha quitado una parte central de su trabajo, pero no le ha reducido la exigencia. Al contrario, afirma que sigue obligado a mantener el mismo nivel de calidad y productividad, con la sensación de que ahora debe hacer más en menos tiempo. No obstante, también admite que la velocidad del avance de estos sistemas le genera temor sobre el futuro de su profesión.
