Ai Weiwei dice que Occidente "ha perdido su autoridad ética" y asegura que siente "el mismo tiempo de censura y vigilancia" que en China
El artista, uno de los rostros más reconocidos a nivel internacional por su obra y su lucha por la libertad, publica nueva obra y reflexiona sobre la censura y el control estatal.

Su nombre es sinónimo de éxito, pero también de lucha y de reflexión. Ai Weiwei es uno de los grandes artistas contemporáneos y activistas por los derechos humanos, especialmente en su China natal, de la que tuvo que huir tras sufrir la represión del régimen comunista.
Ahora, el icono mundial presenta nuevo libro, On Censorship, (Sobre la censura) una visión crítica y polémica sobre el control estatal, la inteligencia artificial y la vigilancia en su más amplio sentido.
En una entrevista con The Guardian al regreso de su primera visita a China en más de una década, Ai Weiwei habla precisamente de censura, pero no solo la del régimen chino que ha sufrido en sus carnes.
De su tierra guarda muchos recuerdos, algunos renovados tras su reciente visita. Primero sufrió una entrevista-interrogatorio de larga duración por parte de las autoridades nacionales al pisar suelo chino, pero pronto pudo reconectar con "los olores, la esencia" de sus raíces.
Pero no es una unión política ni de otra clase. "Todavía tengo pasaporte chino. Mi madre sigue siendo china. Así que esa es mi única relación con China. No soy nostálgico. No soy patriota", reconoce.
El entrevistador le pregunta si siente que Occidente acepta la censura. "No puedo entrar en detalles... pero siento el mismo tipo de vigilancia, el mismo tipo de censura en Occidente", admite el artista nacido en Pekín hace 68 años. Sí añade que a su juicio, el mundo occidental lucha por mantener su propia lógica, pero ha perdido su autoridad ética y se ha convertido en algo apenas reconocible .
Él sintió la censura de Occidente a raíz de un tuit en el que decía "el sentimiento de culpa en torno a la persecución del pueblo judío se ha transferido, en ocasiones, para compensar al mundo árabe". Corría noviembre de 2023, recién iniciada la guerra de Israel contra Gaza en respuesta a los atentados de Hamás del 7 de octubre.
De inmediato, una exposición suya quedó cancelada a raíz de ese tuit. Corrieron las acusaciones y también las peticiones de veto, incluso en la Real Academia de Londres, institución que le dedicó una exposición histórica en 2015 y lo nombró miembro honorario en 2011 tras su detención en China, como recuerda The Guardian.
"No tengo intención de ser antisemita. Mis mejores amigos son todos judíos. Tuiteé millones de veces, pero ¿cómo es posible que este tuit cause tantos problemas? Luego dijeron que el procedimiento es dejar que los académicos voten", recuerda al respecto.
Finalmente él ganó la votación, resuelta con un artículo sobre la libertad de expresión para la revista de la institución, en la que apuntó que "decir la verdad e insistir en la propia perspectiva es peligroso y puede tener un alto precio. Libros podrían quedar sin publicar, exposiciones podrían cerrarse, conciertos cancelarse".
