"No querían usuarios, querían adictos": comparan el scroll infinito de las redes sociales con la palanca de una tragaperras en un juicio histórico
Las redes sociales pueden ser tan dañinas como el tabaco o el juego si están diseñadas para provocar dependencia.

El caso hace reflexionar sobre hasta qué punto el responsable de un servicio nocivo es de quien lo facilita, o es responsabilidad del que lo usa controlarse, pero ¿y cuándo son menores? Lo que antes eran casos relacionados con el juego, ahora se ha extendido a otros sectores aparentemente más inofensivos, como las redes sociales. Sin embargo, las consecuencias pueden ser tanto o más dolorosas, como se está viendo en este juicio histórico en Los Ángeles (EEUU).
La escena es de película de juicios que tanto gustan y enganchan: en un tribunal abarrotado de la ciudad californiana, el abogado Mark Lanier sacó tres bloques de madera infantiles, los apiló uno sobre otro y lanzó el mensaje al jurado de "este caso es facilísimo: adicción, cerebros, niños", difundido por el New York Times.
Así comenzaron los alegatos iniciales de uno de los juicios más importantes jamás celebrados sobre la adicción a la tecnología.
La demandante es una joven californiana de 20 años, identificada como KGM, que acusa a Meta —propietaria de Instagram— y a YouTube de haber diseñado deliberadamente sus plataformas para generar adicción en menores, provocándole daños psicológicos duraderos.
"Casinos digitales" diseñados para enganchar
Según Lanier, KGM se enganchó a YouTube e Instagram siendo niña porque las aplicaciones funcionan como "casinos digitales". El scroll infinito, la reproducción automática de vídeos y las recomendaciones algorítmicas se compararon ante el jurado con la palanca de una máquina tragaperras: cada gesto promete una recompensa imprevisible que mantiene al usuario enganchado.
"No solo crearon aplicaciones, crearon trampas", afirmó el abogado. "No querían usuarios, querían adictos".
El caso no es aislado. Es el primero de una serie de procesos judiciales históricos que también afectan a Snap y TikTok, y que ponen a prueba una teoría legal ambiciosa: las redes sociales pueden ser tan dañinas como el tabaco o el juego si están diseñadas para provocar dependencia.
Una estrategia legal inspirada en el tabaco
Adolescentes, distritos escolares y gobiernos estatales han presentado miles de demandas en todo EEUU. Los abogados se inspiran abiertamente en las estrategias utilizadas contra las grandes tabacaleras en el siglo XX: demostrar que las empresas conocían los riesgos, los minimizaron públicamente y priorizaron el crecimiento y los beneficios.
Una victoria para los demandantes podría suponer indemnizaciones millonarias, abrir la puerta a nuevas responsabilidades legales y, sobre todo, forzar cambios profundos en el diseño de las plataformas.
Menores, salud mental y presión internacional
Las compañías lo niegan todo. Alegan que no existe consenso científico que pruebe que sus productos causen adicción y se amparan en leyes de libertad de expresión que las protegen de la responsabilidad por los contenidos publicados por terceros.
La preocupación por el impacto de las redes sociales en niños y adolescentes no deja de crecer. En diciembre, Australia prohibió el acceso a redes sociales a menores de 16 años. Países como España, Dinamarca y Malasia estudian medidas similares, mientras que la Unión Europea y el Reino Unido ya han aprobado normas que limitan ciertas funciones dirigidas a menores.
En EEUU el frente judicial se amplía. Decenas de fiscales generales estatales han demandado a las plataformas. El mismo lunes comenzó otro juicio contra Meta en Nuevo México, impulsado por el fiscal general Raúl Torrez, que acusa a la empresa de facilitar la explotación sexual infantil y de mantener chatbots perjudiciales para jóvenes.
"El beneficio estuvo por encima de la seguridad", sostuvo en sala el abogado Don Migliori, al afirmar que Meta sabía internamente que la protección de los menores no era una prioridad corporativa.
Documentos internos y una generación enganchada
Uno de los momentos más delicados para las empresas llegó cuando Lanier presentó documentos internos de Meta y YouTube que se remontan a 2011. En ellos, ejecutivos discutían los efectos negativos de sus productos en niños y adolescentes.
Un documento de Meta de 2018 era especialmente explícito: "Si queremos tener un gran éxito con los adolescentes, debemos incorporarlos como preadolescentes". Según ese mismo texto, quienes se unían a Facebook a los 11 años mostraban una retención a largo plazo cuatro veces mayor que quienes lo hacían a los 20.
KGM abrió su cuenta de YouTube con 8 años y se unió a Instagram con 9. Según sus abogados, ni ella ni su madre eran conscientes de los riesgos. Aseguran que la joven desarrolló ansiedad, depresión y dismorfia corporal, agravadas por los filtros de belleza de Instagram.
Un juicio cargado de emoción
El caso, presidido por la jueza Carolyn B. Kuhl, es uno de los nueve procesos agrupados en el tribunal estatal de Los Ángeles y está considerado uno de los más sólidos entre las miles de demandas presentadas.
Snap y TikTok ya alcanzaron acuerdos con KGM en términos confidenciales, aunque siguen siendo demandadas en otros casos. El juicio contra Meta y YouTube, propiedad de Google, durará entre seis y ocho semanas. Está previsto que testifiquen Mark Zuckerberg y Neal Mohan.
En los bancos del fondo, padres de otros menores demandantes se abrazaban entre lágrimas. Entre ellos estaba Lori Schott, cuya hija Annalee se suicidó en 2020 tras consumir contenidos que glorificaban la autolesión. "Estamos aquí para descubrir la verdad", dijo.
El juicio no solo decidirá responsabilidades legales. Puede marcar un antes y un después en cómo se diseñan las redes sociales y en hasta qué punto la adicción digital será tratada como un problema de salud pública.
