Emmanuel Macron lanza un ultimátum ante el nuevo orden mundial: "Si no hacemos nada, Europa será barrida en cinco años"
Para Macron, el detonante psicológico ha sido lo que denomina el "momento Groenlandia".

No parece una exageración ni un mantra que no se vaya a cumplir: Europa está en peligro y un mandatario tan influyente en el continente como el presidente de Francia, Emmanuel Macron, no se ha andado con paños calientes y ha sido de lo más contundente y alarmista incluso: "Si no hacemos nada, Europa será barrida en cinco años", ha advertido.
Las palabras las pronunció, no sabemos si calculadamente o improvisando, durante una conversación excepcional con periodistas de algunos de los principales diarios europeos, celebrada en el Palacio del Elíseo., cuyas preguntas y respuestas se han publicado íntegramente en el Süddeutsche Zeitung.
Macron describe un escenario de ruptura geopolítica profunda, comparable —o incluso superior— a la crisis financiera de 2008, la pandemia del Covid o la invasión rusa de Ucrania. La diferencia, subraya, es que ahora Europa está sola.
El "momento Groenlandia" y el fin de las ilusiones
Para Macron, el detonante psicológico ha sido lo que denomina el "momento Groenlandia": las amenazas explícitas del presidente estadounidense Donald Trump sobre la isla danesa, unidas a su estrategia comercial y a su visión abiertamente transaccional de las alianzas.
Europa, dice, ha vivido demasiado tiempo bajo una ilusión cómoda:
- Estados Unidos garantizaría su seguridad.
- Rusia suministraría energía barata.
- China sería un mercado de exportación infinito.
Las tres certezas han saltado por los aires. "Somos 450 millones de personas que siempre creyeron que alguien vendría a ayudarnos", afirma Macron. "Hoy sabemos que no es así".
Cuando Europa actúa unida... y cuando no
El presidente francés insiste en una lección histórica clara: Europa fracasa cuando reacciona tarde y dividida, y avanza cuando actúa rápido y unida.
Recuerda la crisis financiera de 2008, originada en EEUU, pero cuyos efectos golpearon con más dureza a la UE por su falta de coordinación. En contraste, destaca dos momentos de éxito:
- La pandemia, cuando en pocos meses se aprobó un plan de estímulo conjunto de 750.000 millones de euros, tras el acuerdo franco-alemán con Angela Merkel.
- Febrero de 2022, cuando la UE tardó solo 48 horas en imponer sanciones a Rusia y apoyar a Ucrania.
Hoy, advierte, el choque es distinto: no es puntual, es estructural.
Una doble presión: China y Estados Unidos
Macron habla de una doble factura simultánea. Por un lado, el "tsunami chino": China acumula un superávit comercial cercano al billón de euros, un tercio con EEUU y un tercio con Europa. Sectores históricos como la industria química, la automoción y la ingeniería mecánica —especialmente en Alemania e Italia— están perdiendo competitividad a gran velocidad.
Por otro lado, EEUU ha dejado de ser un socio previsible. Los aranceles, la presión sobre aliados y la volatilidad política crean, en palabras de Macron, una "inestabilidad de microsegundos" que impide planificar a largo plazo.
De espectadores a actores... o la irrelevancia
El dilema europeo, según Macron, es muy simple: ser actores y no espectadores, que en este caso implica una "sumisión feliz", no molestar a nadie y adaptarse al resultado, advierte, es la desaparición progresiva del tejido industrial europeo. En algunos sectores, dice, "ya lo hemos perdido todo".
Por eso insiste en pensar Europa como un poder, algo que el continente evitó deliberadamente tras 1945 por miedo a repetir las guerras internas.
Cuatro pilares para sobrevivir
Macron desgrana una hoja de ruta concreta:
- Simplificar las normas y profundizar el mercado único: Europa se ha sobrecargado de regulación. Hay consenso, dice, en eliminar reglas superfluas, tal como recomendó Mario Draghi en su informe sobre competitividad.
- Diversificación comercial y reducción de riesgos: más acuerdos con socios como India o Canadá. Macron defiende la estrategia, aunque critica acuerdos "mal diseñados" como el del Mercosur, por no incluir cláusulas climáticas ni de competencia justa.
- Protección sin proteccionismo: preferencia europea para productos europeos. "China protege su industria. Estados Unidos protege la suya. Nuestro mercado es el más abierto del mundo", recuerda. Si otros ignoran las normas de la OMC, Europa debe defenderse.
- Inversión masiva y conjunta: defensa, transición ecológica, inteligencia artificial y computación cuántica. Europa invierte muy por debajo de China y EEUU.
El tabú de la deuda común… y los eurobonos
La clave es el dinero. Draghi estima que Europa necesita 800.000 millones de euros anuales, sin contar defensa. Macron propone algo políticamente explosivo: endeudamiento europeo conjunto, mediante eurobonos, destinado exclusivamente a inversión de futuro.
Argumenta que Europa tiene 30 billones de euros en ahorro, mal invertidos, que hoy financian deuda y mercados extranjeros, especialmente el estadounidense. El mundo, dice, demanda activos seguros europeos, pero la UE no los ofrece en cantidad suficiente, insiste.
Macron confirma que la idea de una Europa de la defensa, con un pilar europeo dentro de la OTAN, ya no es tabú. También defiende reabrir canales de diálogo con Rusia, sin ingenuidad ni imposiciones a Ucrania. "No podemos dejar que otros negocien por nosotros", afirma. "Es una cuestión de respeto propio".
Macron no oculta la gravedad del momento. La UE, dice, vive una crisis existencial. No es solo económica o militar, sino política y psicológica. El viejo orden se desmorona y nadie garantiza que el nuevo juegue a favor de Europa.
