Álvaro Torro, agricultor: "Mi cultivo de pepinos no levanta cabeza, deberían estar el doble de altos"
"Nunca he visto un invierno así", asegura.
El inicio de 2026 ha estado marcado por una sucesión de borrascas que han azotado gran parte de la Península Ibérica, dejando lluvias persistentes y vientos intensos. Estos fenómenos meteorológicos han golpeado especialmente al sur de España, provocando daños significativos en numerosos cultivos y obligando a agricultores a afrontar pérdidas importantes y retrasos en sus cosechas habituales.
En uno de los invernaderos golpeados por el temporal trabaja Álvaro Torro, un agricultor malagueño que acumula casi 30 años de experiencia en el cultivo de hortalizas bajo techo. A pesar de las protecciones que ofrecen los invernaderos frente al viento y la lluvia, Álvaro reconoce que este invierno excepcionalmente lluvioso ha afectado seriamente a su producción, especialmente los pepinos, que se encuentran muy por debajo del crecimiento esperado para la época.
Aun con casi tres décadas trabajando la tierra, el agricultor reconoce que "nunca he visto un invierno así" de lluvioso. Según su relato, la combinación de frío, exceso de humedad y la falta de sol ha paralizado el desarrollo de las plantas. “Mi cultivo de pepinos no levanta cabeza, deberían estar el doble de altos”, cuenta en declaraciones recogidas por El Español, una situación que ha reducido su cosecha a apenas un 20% de lo habitual.
Un cultivo paralizado
Aunque los invernaderos ofrecen cierta protección frente al viento y al granizo, no son inmunes a la ausencia de luz y al exceso de humedad. El productor explica que sin radiación suficiente la fotosíntesis se frena y las plantas quedan “paradas completamente”. Además, la humedad constante favorece la aparición de hongos y otras enfermedades que reducen la calidad y el rendimiento de la cosecha.
La preocupación por las pérdidas es palpable entre los agricultores afectados por las intensas lluvias. "Es un problema muy grande porque estamos al 20% o 30% de lo que tendríamos que haber cosechado", indica Álvaro. La disminución en la producción amenaza no solo los ingresos de las explotaciones, sino también la planificación de futuras campañas, por lo que muchos dependen de que las ayudas gubernamentales se gestionen con rapidez.
Los mecanismos de seguro agrario han comenzado a movilizar peritaciones y, en ciertos casos, pagos iniciales, pero el sector reclama agilidad administrativa y medidas complementarias para sostener a las explotaciones que quedan al límite. Mientras tanto, el agricultor entrevistado se muestra esperanzado ante un cambio de las condiciones meteorológicas y la llegada de días de sol que permitan recuperar parte del potencial productivo.