Benjamín y Severiano jubilados, dejan Valencia y Barcelona por un pueblo de Cuenca: "Si necesitas algo de cualquier amistad, lo tienes"
“Aquí con mi señora estoy muy a gusto y muy tranquilo”, cuenta uno de ellos.

Después de marcharse siendo apenas unos niños, empujados por la necesidad y la falta de oportunidades, Benjamín y Severiano hicieron su vida en la ciudad y trabajaron durante décadas lejos de casa. Hoy, ya jubilados, estos dos amigos de siempre han regresado a su localidad natal en la provincia de Cuenca para recuperar la calma, la rutina compartida y esa red de afectos que, aseguran, nunca dejaron atrás.
“Salimos del pueblo porque había poco que hacer y poco que comer, entonces yo me fui a Valencia y Severiano a Barcelona”, comienza relatando Benjamín en un vídeo publicado por la cuenta de TikTok ‘Nosvamospalpueblo’. Su historia vuelve a poner sobre la mesa lo que muchos llaman la segunda vida del pueblo: tranquilidad, servicios básicos y relaciones vecinales que hacen la diferencia.
Severiano, por su parte, relata que con apenas diez años ya tuvo que ponerse a trabajar “para poder comer y dormir”. Estas experiencias, dicen, no impidieron que ambos mantuvieran el afecto por su tierra y, ya jubilados, decidieran pasar largas temporadas allí. Ahora disfrutan de sus días en Santa Cruz de Moya, un pequeño municipio de Cuenca que apenas cuenta con 233 habitantes, un contexto que potencia la cercanía entre vecinos.
“Es una gran ayuda”
“Tuve la ocasión de comprar una casita que estaba muy bien arreglada, no tenía que hacerle obras ni hacerle nada. Aquí con mi señora estoy muy a gusto y muy tranquilo; cuando nos parece nos acercamos a ver a los nietos y otra vez para aquí lo antes posible”, explica Severiano en el vídeo. Ambos subrayan que la vida en el pueblo combina la calma con la comodidad de contar con servicios esenciales.
Según lo que cuentan ambos amigos, el municipio cuenta con supermercados, carnicería, panadería, una farmacia propia y consulta médica varios días a la semana, unos datos que los protagonistas consideran clave para su decisión de permanecer allí. La rutina diaria de Benjamín y Severiano tiene pocos artificios, ya que son felices entre almuerzos con amigos, partidas de cartas y paseos por el pueblo.
Además, Benjamín cultiva un huerto y Severiano, aunque no tiene uno propio, va a menudo a echar una mano. Para ambos, lo más valioso es la red humana: “Si necesitas algo de cualquier amistad, lo tienes, es una gran ayuda”, concluyen. Ese apoyo mutuo, dicen, convierte la vida rural en una alternativa sólida para quienes buscan calidad de vida tras el trabajo en la ciudad.
