Byung-Chul Han, filósofo: "La paradoja del mundo capitalista occidental es que nos autoexplotamos y le llamamos superación personal"
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Byung-Chul Han, filósofo: "La paradoja del mundo capitalista occidental es que nos autoexplotamos y le llamamos superación personal"

Para el pensador surcoreano, la sociedad actual produce agotamiento, frustración y una violencia que ya no viene solo de fuera.

El filósofo Byung-Chul Han durante su discurso tras recoger el Premio Princesa de Asturias 2025 de Comunicación y Humanidades en el Teatro Campoamor en Oviedo.Getty Images

Byung-Chul Han es el filósofo de moda hoy en día, con miles de libros vendidos. Un referente del análisis social, de los males de nuestro tiempo, de nuestra vida acelerada y vacía en muchos casos. Tiene muchas frases famosas, pero esta adquiere más relevancia porque la pronunció el psicólogo Buenaventura del Charco durante una charla en directo para el podcast Tengo un Plan"La paradoja del mundo capitalista occidental es que nos autoexplotamos y le llamamos superación personal", parafraseó al filósofo surcoreano. 

Han ha triunfado con varios libros donde critica el mundo actual frenético y materialista, alejado cada vez más de lo contemplativo y espiritual, de parar y apreciar lo que verdaderamente importa, aunque suene a frase hecha de autoayuda. 

La frase del filósofo y que replica el psicólogo granadino va más allá de sus habituales críticas al capitalismo, la sociedad del trabajo y la tecnología. Subyace que tú y solo tú, eres culpable, que nosotros mismos nos encerramos y tiramos la llave. Hoy ya no hace falta un jefe vigilando cada paso para que una persona se exprima al límite. Muchas veces basta con una pantalla, una lista de objetivos, una rutina de productividad y esa sensación de que descansar es perder el tiempo. 

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Ahí es donde encaja la tesis más conocida de Byung-Chul Han, que en La sociedad del cansancio describió cómo hemos pasado de una sociedad disciplinaria a otra del rendimiento, en la que cada uno termina convertido en su propio capataz.

La frase no aparece de forma literal en sus libros más citados, pero sí resume con bastante fidelidad el corazón de su pensamiento. Han lo formuló de una manera muy parecida en una entrevista en El País: "Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando". Esa es, justamente, la gran trampa del presente: creer que la presión constante, la culpa por no llegar a todo y la obligación de mejorarse sin descanso son señales de crecimiento, cuando a menudo son otra forma de sometimiento. Una forma perfecta, porque aparentemente o realmente no hay nadie obligándote (en teoría); tú mismo te exiges el máximo. 

La sociedad del rendimiento no te ordena: te convence

Qué mejor sistema que el que no te exige nada aparentemente, sino que tú lo "pides" o consideras fundamental. Ese cambio de fondo es lo que hace especialmente actual a Han. Antes, la opresión se reconocía mejor: había normas, prohibiciones, horarios, castigos y una autoridad visible. 

Ahora el mecanismo es más limpio y también más eficaz. Ya no se te dice solo "debes". Se te repite que "puedes". Puedes emprender, rendir más, entrenar más, dormir mejor, leer más, facturar más, meditar mejor, comer mejor y convertir cualquier rincón de tu vida en un proyecto de optimización.

El problema aparece cuando ese "puedes" se convierte en una obligación encubierta. Según explica el propio filósofo y que explica en la charla el psicólogo Buenaventura, vivimos con la angustia de no hacer todo lo que supuestamente podríamos hacer, y si no llegamos, además, sentimos que la culpa es nuestra.

Ahí es donde su análisis sigue siendo incómodo. Porque desmonta buena parte del discurso de la superación personal cuando esta se convierte en mandato. No critica tener metas. No critica querer mejorar. Lo que pone en cuestión es otra cosa: que el valor de una persona quede atado a su rendimiento, a su productividad o a su capacidad para no parar nunca.

Cuando "quiero mejorar" acaba pareciéndose a "no me permito fallar"

Ese conflicto se ve muy bien en la intervención del psicólogo en Tengo un Plan, que incluyó además una terapia grupal con todo el público para distinguir entre tener, querer, poder o desear, así como entre "no puedo" y "no quiero", es decir, entre el miedo real, la autoexigencia y el permiso que uno se da o no para parar, soltar o cambiar de dirección. 

La fuerza de la frase es que no hace falta hablar de teoría política o social para entenderlo. Basta con mirar la rutina de cualquiera. Hay personas que no se permiten dejar una relación hasta que están rotas. Otras no se permiten descansar hasta enfermar. Otras solo legitiman el freno cuando ya no pueden más. Y muchas convierten el cansancio en una prueba de que van por el buen camino.

Esa es la paradoja. La autoexplotación suele disfrazarse de virtud. Se presenta como disciplina, ambición, resiliencia o mentalidad ganadora. Y claro, así cuesta mucho verla. Han lleva años insistiendo en ese punto: la sociedad actual produce agotamiento, frustración y una violencia que ya no viene solo de fuera, sino también de esa exigencia interior permanente. En esa lógica, incluso el ocio debe ser útil y el descanso tiene que justificarse.

MOSTRAR BIOGRAFíA

Te paso lo de la bio: Redactor de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Valladolid y Máster en Comunicación Corporativa en ESERP, ha trabajado como redactor, editor y coordinador en Grupo Merca2, así como redactor en Infodefensa y Business Insider, además de colaboraciones en otros medios y blogs como Wall Street International o La Voz del Basket. También realiza críticas de cine desde hace años.

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