Laura, enfermera española en Noruega, alucina con la regla no escrita de los noruegos: "Me colgó porque iba en el bus"
La joven profesional sanitaria profundiza sobre las diferencias culturales entre España y el país nórdico.

Europa es un continente con una inmensa riqueza cultural. En gran parte, este atributo se origina gracias a la diversidad social que confluye en esta región del mundo. Los estilos de vida entre cada nación varían a veces en menor medida y en otras ocasiones significativamente.
España y Noruega son dos sociedades muy diferentes entre sí. Los españoles somos famosos en el mundo entero por ser personas sociables, de sangre caliente, extrovertidas y muy conversadoras. Tanto es así que, a los ojos de muchos extranjeros (especialmente los del norte del continente), podemos llegar a resultar una sociedad excesivamente ruidosa.
Laura, una enfermera española que se ha mudado a trabajar al país nórdico, ha querido hablar sobre los enormes choques culturales a los que ha tenido que hacer frente durante su proceso de adaptación. A través de su cuenta de TikTok, la joven pone el foco en la estricta "ley del silencio" que impera en la sociedad noruega.
"Cuando tú vienes de otra cultura, al principio ese silencio llega incluso a incomodar porque a veces estás en sitios públicos o estás en el bus y es todo tan silencioso que donde muchos ese silencio se percibe como incómodo, aquí se percibe como algo normal”, detalla Laura.
La sagrada regla del transporte público: en el bus no se habla
Para ilustrar esta norma no escrita, la española comparte una anécdota que vivió durante su formación. Cuenta que, un día, llamó por teléfono a una compañera noruega y esta se negó en rotundo a cruzar palabra con ella. “Me colgó porque iba en el bus”, recuerda la profesional sanitaria.
Laura confiesa que al principio no entendió la situación hasta que le explicaron cómo funcionan allí las cosas: en Noruega se considera de mala educación mantener conversaciones privadas por teléfono en el transporte público, ya que consideran que el ruido molesta e invade el espacio personal del resto de los pasajeros.
La española, con el tiempo, se ha acoplado a esa dinámica social en la que predomina la tranquilidad.Tanto es así, que ahora el choque cultural lo sufre a la inversa. “Cuando voy de viaje a cualquier otro sitio donde somos más ruidosos, me siento todo el tiempo como sobreestimulada", apunta.
Finalmente, Laura aclara que esa diferencia social no es ni buena ni mala. "Hay días que agradeces el silencio y días que se te hace un poco bola; igual que en España, hay días que uno está cansado del bullicio y días que te gusta como ese ambiente en la calle; simplemente es diferente”, concluye.
