Carles Tamayo, periodista especializado en sectas: "Lo más peligroso que hacen es criminalizar todo tipo de duda"
Relata cómo se tratan a las personas en ese tipo de círculos y como consiguen hacer ver y entender a la gente que es un proceso normal y los adoctrinan para convertirlos en victimarios y captadores.

Las sectas suelen imaginarse como organizaciones extrañas, alejadas de la vida cotidiana y fáciles de identificar. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. El periodista Carles Tamayo, que lleva años investigando este tipo de grupos, advierte de que uno de los mayores peligros está precisamente en lo difíciles que pueden resultar de detectar desde dentro.
"Lo más peligroso que hacen es criminalizar cualquier tipo de duda", explica Tamayo. Según el periodista, muchas organizaciones con dinámicas sectarias evitan responder preguntas incómodas y, en lugar de eso, desacreditan a quien las plantea. "Cuando te surge la duda de si es una secta o no, en lugar de argumentarte la respuesta te dicen cosas como 'si tienes esta mentalidad de perdedor…", señala.
Ese mecanismo psicológico es clave para mantener la cohesión interna del grupo. Si cuestionar algo se convierte en una señal de debilidad o traición, los miembros aprenden rápidamente a no hacerlo. Con el tiempo, esa presión puede acabar silenciando cualquier pensamiento crítico.
Cómo funcionan los gurús
Otro elemento habitual en estas estructuras es la figura del líder o gurú. Tamayo reconoce que no siempre es fácil saber hasta qué punto estas personas creen realmente en lo que predican. "Hay dos tipos de gurús", explica. "El que actúa sabiendo perfectamente que todo es mentira y el que realmente se cree lo que está diciendo".
Esa diferencia, sin embargo, no cambia necesariamente el impacto que el grupo puede tener sobre sus seguidores. En ambos casos, la autoridad del líder suele ser incuestionable y las decisiones personales de los miembros quedan supeditadas a su criterio.
El círculo de captación
Uno de los aspectos más perversos de muchas sectas es el modo en que transforman a las propias víctimas en herramientas de captación. Tamayo lo describe como un ciclo difícil de romper.
"Te adoctrinan -eres víctima- para que luego te conviertas en victimario", explica. Con el tiempo, algunos miembros terminan reclutando a nuevas personas para el grupo, reproduciendo el mismo proceso del que ellos mismos fueron objeto.
Este sistema crea una red de relaciones que hace aún más complicado salir. Cuando alguien empieza a cuestionar la organización, no solo se enfrenta al líder o a la estructura del grupo, sino también a personas cercanas que siguen dentro.
"Muchas veces, cuando alguien sale de una secta y se da cuenta de lo que ha pasado, piensa: 'Ostras, yo lo he visto claro", cuenta Tamayo. “Pero luego mira alrededor y hay gente que sigue dentro por su culpa: una prima, un amigo, un familiar…".
No son tan diferentes
Para el periodista, uno de los mayores errores al hablar de sectas es pensar que solo afectan a personas especialmente vulnerables o ingenuas. En realidad, cualquiera puede acabar atrapado en dinámicas de manipulación si se dan las circunstancias adecuadas.
"No son ni mejores ni peores que nosotros, son diferentes", explica Tamayo. La diferencia, según sostiene, suele estar en el contexto emocional o personal en el que una persona entra en contacto con el grupo.
Por eso insiste en que la mejor herramienta para detectar estas dinámicas sigue siendo el pensamiento crítico. Cuando una organización no permite preguntar, cuestionar o debatir, es una señal de alarma. Porque, como resume Tamayo, el primer paso para mantener el control dentro de una secta suele ser siempre el mismo: hacer que dudar parezca un error.
