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Carmen, 47 años, paga 480 euros al mes por una habitación: "Vivo en 8 metros cuadrados y comparto piso con nueve estudiantes"

Carmen, 47 años, paga 480 euros al mes por una habitación: "Vivo en 8 metros cuadrados y comparto piso con nueve estudiantes"

No es un caso aislado: jubiladas como Susana, de 79 años, alquilan habitaciones para llegar a fin de mes.

Carmen, 47 años, paga 480 euros por su habitación: "Vivo en 8 metros cuadrados y comparto piso con nueve estudiantes"Getty

Compartir piso ha dejado de ser una etapa de juventud. Casi siete de cada diez jóvenes emancipados en España viven de alquiler y el 87% lo hace en una vivienda compartida, según un informe del Consejo de la Juventud. Pero el fenómeno ha desbordado a las demás generaciones: el Observatorio de Vivienda del MITMA calcula que la edad media de quienes comparten piso ha subido un 62,9% en apenas cinco años y que uno de cada cinco ya supera los 40 años. Compartir piso es hoy menos un rito estudiantil que el síntoma de un mercado que expulsa a trabajadores y jubilados de la vivienda individual.

Carmen es una de esas caras nuevas de la crisis. Tiene 47 años y lleva cuatro compartiendo piso con nueve estudiantes en la céntrica calle Ventura Rodríguez de Madrid, con un único baño para todos. No lo ha elegido: pese a tener dos trabajos, no puede permitirse otra cosa. Por una habitación de ocho metros cuadrados paga 480 euros al mes.

"Vivo en ocho metros cuadrados y comparto piso con nueve estudiantes", contó en el programa de televisión 'El Tiempo Justo', donde explicó por qué no puede mudarse: "No tengo opción a poderme marchar a otro sitio porque te piden un montón de cosas para alquilar simplemente un miserable apartamento de quince metros".

Las cuentas no salen

El problema, para Carmen, no es solo el precio mensual, sino la barrera de entrada. "Mi nómina no alcanza. Tendría que dar 4 meses por adelantado: dos meses al alquiler protegido de la Comunidad de Madrid, el mes de fianza, el mes de entrada...", relata. Y se hace la pregunta que resume su encierro: "Entonces, ¿de dónde saco yo 5.000 o 6.000 euros para darlos así porque sí en un mes? Me es imposible".

Como sola, si me apetece compartir una cerveza o un cigarro, me tengo que bajar sola a la calle
Carmen, 47 años, paga 480 euros por su habitación

Su salario, según las informaciones publicadas sobre el caso, no supera los 1.000 euros mensuales, e incluso cuida niños los fines de semana para poder permitirse algún capricho. "Entre el alquiler y el bono de transporte tengo que hacer malabares para poder llegar a fin de mes", reconoce.

El contexto no ayuda: el precio medio del alquiler en España se sitúa en torno a los 15 euros por metro cuadrado, un 4% más que un año antes, según datos de Idealista, en el mayor precio de las rentas en el territorio español desde que el portal inmobiliario tiene registros.

Salir del centro tampoco compensa

Carmen ha buscado alternativas más baratas lejos del centro, pero las descarta. "He mirado en Leganés y Getafe y me piden 450 euros por la habitación... Prefiero vivir en el centro y ahorrarme una hora de transporte público, aunque me tenga que privar de algunas cosas", afirma. La diferencia de apenas 30 euros no le sale a cuenta frente a las dos horas diarias de desplazamiento.

También ha pensado en volver al pueblo de sus padres, en Ciudad Real, pero la idea le genera dudas: "Cuando tienes un enfrentamiento en el piso o discutes con alguien, te entran ganas de marcharte, pero luego pienso en qué hago yo en el pueblo".

Una soledad que pesa

A la precariedad económica se suma el aislamiento. La diferencia de edad y el idioma —varios de sus compañeros están de Erasmus— levantan un muro dentro de su propia casa. "La situación cada vez es más insostenible porque yo vivo aquí, vengo de trabajar, no hablo con nadie. La gente que vive ahora mismo aquí están de Erasmus, que no tienen ni idea de nada del español y luego, pues que no tenemos trato ni tenemos nada de nada", describe.

Esa convivencia forzada se le hace cuesta arriba. "Yo llego aquí y me deprimo totalmente. Como sola, si me apetece compartir una cerveza o un cigarro, me tengo que bajar sola a la calle", cuenta. Y admite que la situación la está superando: "Entonces llega un momento en el que estoy cogiendo como una depresión, esto me tiene martirizada y me voy a volver más loca de lo que estoy".

No es un caso aislado

La historia de Carmen no es una excepción. La de Susana, viuda y jubilada de 79 años, es todavía más extrema: duerme en el salón y alquila habitaciones para poder pagar su propia vivienda. "Con 800 euros tengo que pagar alquiler, luz, agua y gas. No me llega", explica. Son perfiles que comparten un mismo techo y una misma derrota frente al mercado.

Las ayudas públicas —topes al alquiler, vivienda protegida o el teléfono 047 que el Ministerio de Vivienda habilitó para asesorar a quienes buscan alquiler— no siempre alcanzan a personas como Carmen. 

El horizonte tampoco invita al optimismo. La experta hipotecaria Montse Cespedosa advertía a finales del año pasado que "en materia de vivienda, 2026 será el principio del fin porque es insostenible", por la combinación de un posible descenso de la oferta de alquiler y la subida incesante de los precios. Mientras tanto, Carmen teme cumplir los 50 sin haber podido alquilar nunca un piso para ella sola.

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