Cristina Estupiñán, 33 años, programadora reconvertida en estudiante de enfermería: "En las entrevistas tenía que inventarme algo, nada de la IA me entusiasma"
Tras quedarse sin trabajo en 2024, envió más de 700 solicitudes sin éxito y acabó abandonando el sector tecnológico para estudiar Enfermería. Ahora asegura que ha recuperado la ilusión por su futuro profesional.
Cristina Estupiñán nunca imaginó que acabaría dejando atrás la informática después de años trabajando como desarrolladora de software. Graduada en Ciencias de la Computación por la Universidad de Boston, había construido una carrera estable en el sector tecnológico y, hasta hace poco, nunca había tardado más de seis semanas en encontrar empleo cuando cambiaba de empresa.
Todo cambió en diciembre de 2024, cuando fue despedida. Lo que inicialmente parecía un contratiempo temporal terminó convirtiéndose en un año entero de búsqueda sin resultados. Según cuenta en Business Insider, presentó más de 700 candidaturas, llegó a varias fases finales de selección y participó en numerosas entrevistas, pero ninguna acabó transformándose en una oferta.
Durante ese proceso descubrió además que ya no se sentía cómoda con la dirección que estaba tomando la industria tecnológica.
La pregunta que se repetía una y otra vez
Mientras buscaba trabajo, Estupiñán comprobó que gran parte de las empresas estaban vinculadas de algún modo a la inteligencia artificial. Algunas desarrollaban productos basados en esta tecnología y otras exigían utilizarla como parte habitual del trabajo.
Sin embargo, ella nunca compartió el entusiasmo que percibía a su alrededor. Considera que la IA no es necesaria para todo y reconoce que le preocupa su impacto medioambiental.
Esa diferencia de visión aparecía constantemente en los procesos de selección. "¿Qué es lo que te entusiasma de la inteligencia artificial?", le preguntaban con frecuencia los reclutadores.
La respuesta que le habría gustado dar no coincidía con la que creía que debía ofrecer para mantener sus opciones de conseguir el puesto. "Siempre pensaba que tenía que inventarme algo porque, sinceramente, nada de la IA me entusiasma", explica.
Un punto de inflexión
A medida que pasaban los meses, los rechazos comenzaron a pasar factura. Algunas empresas le comunicaban que no tenía suficiente experiencia para los puestos ofertados. Otras congelaban contrataciones cuando ella ya estaba inmersa en el proceso.
El golpe definitivo llegó tras una entrevista con una compañía europea. Estupiñán estaba convencida de que había sido una de las mejores conversaciones profesionales de su vida y de que había conectado perfectamente con el responsable de contratación. Días después recibió un correo automático rechazando su candidatura.
Aquello coincidió con uno de los momentos más difíciles de su vida. Su salud mental empeoró, ganó peso, regresó a vivir con sus padres en Nueva Jersey y se fue alejando de buena parte de su entorno social.
Fue entonces cuando empezó a plantearse una pregunta que hasta ese momento nunca se había tomado en serio: si realmente quería seguir trabajando en tecnología.
Una nueva vida profesional
Animada por sus padres, comenzó a explorar el sector sanitario. La posibilidad de obtener una mayor estabilidad laboral terminó pesando más que los salarios que podía ofrecer la industria tecnológica.
Desde mayo cursa las asignaturas necesarias para acceder al programa acelerado de Enfermería de la Universidad Rutgers. Su objetivo es especializarse en salud mental y convertirse en enfermera psiquiátrica.
Mientras tanto trabaja a tiempo parcial en una tienda, una experiencia completamente nueva para ella y que asegura estar disfrutando.
Reconoce que todavía le cuesta entrar en LinkedIn y ver cómo antiguos compañeros continúan progresando en el sector tecnológico. Sin embargo, no se arrepiente de la decisión tomada. "Empezar una nueva carrera a los 33 años no es fácil, pero sentía que no tenía otra opción", afirma.
Ahora, asegura, vuelve a sentir algo que había perdido durante aquel año de búsqueda infructuosa: ilusión por el futuro. "Cuando pienso en convertirme en enfermera psiquiátrica, me emociono. Saber que podré ayudar a otras personas es lo que me mantiene en marcha".