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De inventar la fregona que tienen millones de españoles en casa a 'Señor' de un castillo: la revancha del niño huérfano que acabó comprando la casa de los reyes

De inventar la fregona que tienen millones de españoles en casa a 'Señor' de un castillo: la revancha del niño huérfano que acabó comprando la casa de los reyes

Su iniciativa logró cambiar millones de hogares.

Castillo de Catajo, Italia
Castillo de Catajo, ItaliaREDA/Universal Images Group via

La vida de Sergio Cervellin parece una de esas historias que solo funcionan porque son reales. Nacido en Padua en 1956, huérfano desde niño y criado en una familia campesina sin recursos, empezó a trabajar muy joven y aprendió pronto que nadie iba a regalarle nada. Décadas después, ese mismo hombre acabaría convirtiéndose en propietario del castillo privado más grande de Italia, una residencia que durante siglos perteneció a linajes nobles y a la casa imperial de los Habsburgo. Entre medias, una fregona y una escoba cambiaron su destino.

Cervellin se define a sí mismo como un “licenciado en la universidad de la acera”. No pasó por grandes escuelas de negocios, pero desarrolló desde temprano un olfato excepcional para detectar oportunidades. A los 18 años y un día se registró como vendedor autónomo, convirtiéndose —según recuerda— en el más joven de Italia. Comenzó en el pequeño comercio, vendiendo comestibles, hasta que a los 20 años comprendió que la llegada de los supermercados estaba condenando a muerte a las tiendas de barrio.

Fue entonces cuando decidió reinventarse. Apostó por el sector de la limpieza, un ámbito que muchos consideraban menor, pero en el que Cervellin vio un campo fértil para la innovación. En 1985 fundó su primera empresa y empezó a trabajar en ideas que acabarían teniendo un impacto global.

La intuición que cambió millones de hogares

El gran salto llegó con dos patentes que hoy forman parte de la vida cotidiana de millones de personas. La primera fue la fregona de Vileda, que Cervellin simplificó eliminando tornillos y apostando por un sistema de encaje más práctico y resistente. La segunda nació, literalmente, en un avión. Durante un vuelo entre São Paulo y Milán, observando la flexibilidad de las alas durante el despegue, tuvo una revelación. En un trozo de papel dibujó el concepto de un módulo articulado capaz de adaptarse a cualquier superficie. Así nació la escoba de tela Swiffer.

Entre viajes constantes y reuniones internacionales, Cervellin se cruzaba a menudo con una silueta imponente a las afueras de Padua: el Castillo del Catajo, en Battaglia Terme, al pie de las colinas Euganeas. Durante años lo observó como quien mira un gigante dormido. “Parecía abandonado, oscuro, misterioso. Me intrigaba”, recuerda.

Un día preguntó por él y descubrió que estaba en subasta. Decidió pujar casi por impulso. Nadie más lo hizo. El castillo, tasado inicialmente en 11 millones de euros, acabó en sus manos por tres millones. El Estado renunció a ejercer el derecho de tanteo: el deterioro era tal que nadie quería asumir semejante carga. En marzo de 2016, Cervellin recibió las llaves.

Un palacio para salvarlo del olvido

Con la compra, se convirtió en propietario de una residencia descomunal: 365 habitaciones, 800 ventanas, 40.000 metros cuadrados de jardines y otros 400.000 de terrenos. Al día siguiente de la adquisición, un equipo de 40 personas comenzó los trabajos de restauración. Cervellin nunca tuvo intención de vivir allí. “Mi sueño era abrirlo al público y salvarlo de la especulación inmobiliaria”, explica.

El interior del castillo escondía tesoros prácticamente desconocidos. El más impresionante es el ciclo de frescos de Giovanni Battista Zelotti, colaborador de Veronés y pintor cercano a Palladio: cuarenta paneles monumentales que narran la historia de la familia Obizzi, antiguos propietarios y capitanes mercenarios de uno de los ejércitos más temidos de Europa. Batallas, alianzas matrimoniales y episodios sangrientos cubren las paredes del piano nobile.

“El Catajo fue concebido para impresionar”, explica Marco Moressa, director del complejo. En una región dominada por las villas palladianas, los Obizzi quisieron un castillo cuando ya nadie los construía. Incluso se celebraban batallas navales en su patio, al estilo de la antigua Roma.

Con el paso del tiempo, el palacio pasó a manos de los Habsburgo-Este. Allí pasaron temporadas lejos del protocolo imperial. El archiduque Francisco Fernando estuvo en el castillo poco antes de su asesinato en Sarajevo, el atentado que desencadenó la Primera Guerra Mundial.

Hoy, mientras dirige TWT Tools, una empresa de tecnología aplicada a la limpieza industrial, Cervellin sigue supervisando cada detalle del castillo. El Catajo recibe unos 50.000 visitantes al año y continúa en restauración permanente. “Si veo algo mal colocado, no puedo ignorarlo”, dice mientras pasea por la terraza donde Franz Liszt tocó en 1838.

No se considera un hombre culto ni un aristócrata tardío. Se define como un soñador pragmático. Quizá por eso su historia tiene algo de revancha silenciosa: la del niño huérfano que, con intuición y trabajo, terminó comprando la casa de los emperadores.