Belén, investigadora de la Complutense: "Adelantas dinero para congresos y tardas meses en recuperarlo. Tienes que comprar tus propios cartuchos de tinta o traer bolis de casa"
La gravedad de la situación va más allá de lo económico: instalaciones, recursos, etc. se han convertido en un hándicap en el día a día de miles de profesionales.

Más del 90% de la investigación científica que se genera en España nace en las universidades públicas. Sin embargo, ese liderazgo se sostiene cada vez más sobre el esfuerzo individual de docentes e investigadores.
El caso de la Universidad Complutense de Madrid ilustra bien esta tensión. La institución ha aprobado un plan económico que contempla un ajuste de 33 millones de euros en tres años. El recorte no es abstracto: ya está transformando el día a día de laboratorios, aulas y centros de apoyo.
Investigar con recursos mínimos
En el Instituto de Geociencias, dentro del departamento de Física de la Tierra y Astrofísica, el trabajo científico convive con limitaciones materiales muy concretas.
Allí, la investigadora Belén Rodríguez lidera un equipo centrado en la variabilidad climática. Sus estudios permiten anticipar brotes de enfermedades como la malaria o mejorar la gestión pesquera en países africanos. Pero el impacto social del trabajo contrasta con la precariedad de los medios.
Viajes, congresos o material básico suelen adelantarse de su propio bolsillo, como "cartuchos de tinta o bolis" Incluso elementos tan simples como tinta o bolígrafos corren a cargo del personal.
El problema no es solo económico:
- infraestructuras envejecidas
- falta de eficiencia energética en edificios
- ausencia de personal administrativo
Esto último implica que los propios científicos asuman tareas burocráticas para solicitar proyectos europeos, restando tiempo a la investigación.
A ello se suma otra tendencia preocupante: la escasa renovación de plantilla. La reducción de horas docentes que antes facilitaba investigar se está invirtiendo. Ahora muchos profesores deben impartir más clases, con impacto directo en la calidad tanto de la enseñanza como del trabajo científico.
Centros clave en peligro
Los recortes también alcanzan a los Centros de Apoyo a la Investigación (CAI), piezas esenciales para sostener proyectos punteros.
Uno de ellos, dedicado al análisis del comportamiento y dirigido por el catedrático Fernando Colmenares, investiga los mecanismos cerebrales que intervienen en la toma de decisiones colectivas.
Sus resultados tienen aplicaciones prácticas:
- dinámicas en aulas escolares
- organización del trabajo
- bienestar en entornos grupales
Pero la falta de financiación compromete su continuidad. Equipos que no se renuevan, materiales que no se reponen y dificultades para acceder a publicaciones científicas reducen la competitividad del centro.
El obstáculo es doble: muchas convocatorias públicas exigen cofinanciación institucional. Sin fondos propios, la universidad no puede aportar su parte, lo que bloquea el acceso a nuevas ayudas.
El riesgo de cierre ya no es una hipótesis remota.
En áreas como la bioética o la historia de la salud, el impacto económico es menos visible, pero igualmente real. El profesor Juan Carlos García Reyes, recién incorporado al departamento de Salud Pública, subraya que incluso disciplinas con menor coste material necesitan apoyo para traer expertos, adquirir bibliografía o impulsar proyectos.
Comparado con comunidades como Cataluña o Baleares, percibe una menor apuesta institucional por la investigación. La promoción profesional también se resiente. Profesores acreditados para ascender encuentran bloqueado su avance por falta de plazas o recursos.
En el caso de la Facultad de Medicina, la situación se complica por el mantenimiento de un edificio histórico cuya conservación supone gastos constantes.
La ciencia también alimenta animales
El ajuste presupuestario alcanza incluso al Hospital Clínico Veterinario de la UCM, donde la enseñanza y la investigación dependen de la atención diaria a animales. Allí se desarrollan técnicas avanzadas:
- cirugías complejas
- diagnóstico clínico
- reproducción asistida en especies protegidas
Pero hay gastos inevitables: alimentación, climatización o mantenimiento de instalaciones. Según su director, Javier San Román, el centro seguirá operando, aunque la inversión en tecnología podría frenarse. Equipos como resonancias magnéticas o endoscopios podrían tardar años en renovarse.
Muchos continúan investigando por vocación y por convicción: la universidad pública, recuerdan, garantiza igualdad de oportunidades y mantiene la independencia frente a intereses privados. La pregunta es cuánto tiempo puede sostenerse gracias únicamente al sobreesfuerzo de quienes la hacen posible.