El cultivo del ajo en España está en peligro: los productores piden a Bruselas que actualice un arancel de 2001 que ha perdido toda su eficacia contra las importaciones de China y Egipto
Una amenaza marcada por el fuerte aumento de los costes de producción.

El ajo es uno de esos ingredientes imprescindibles en casi todas las cocinas: da sabor a guisos, sofritos y salsas, y está presente en tradiciones culinarias de todo el mundo. Sin embargo, lo que muchos no saben es que detrás de ese pequeño bulbo se esconde un sector en apuros. En España, uno de los principales productores europeos, el cultivo de ajo atraviesa un momento de máxima tensión que pone en riesgo la cosecha.
Bajo esta premisa, más de 50 representantes de los sectores de producción y comercialización de ajo de Francia, Italia y España, reunidos recientemente en Aceuchal en el Grupo de Contacto del Ajo del Comité Mixto de frutas y hortalizas, han pedido a la Comisión Europea medidas urgentes para frenar la pérdida de competitividad que, según denuncian, provocan el encarecimiento de los costes y el aumento de las importaciones procedentes de terceros países.
Durante la reunión, quedó claro que las principales amenazas para la viabilidad del sector europeo provienen del fuerte aumento de los costes de producción, ya que fitosanitarios, combustibles, fertilizantes y otros insumos han subido por encima del 40% en los últimos años, según recoge FEPEX. Una escalada que está estrechando los márgenes de los agricultores y dificultando que muchas explotaciones puedan sostener su actividad en condiciones de rentabilidad.
Lo que exige el sector
A ese escenario se suma el incremento de las entradas de ajo desde China y Egipto durante los tres últimos años, una evolución que ya no representa una amenaza futura, sino un riesgo real para la continuidad del cultivo europeo. Por ello, el sector reclama la activación de la cláusula de salvaguardia frente a las importaciones de ajo de China y Egipto, además de una revisión del arancel disuasorio de 1.200 euros por tonelada aplicado al ajo chino desde 2001.
Los productores sostienen que ese gravamen ha perdido eficacia con el paso del tiempo por el efecto acumulado de la inflación y por el mayor peso de los costes logísticos y regulatorios. En este contexto, desde el sector también reclaman reforzar la vigilancia aduanera, mejorar los sistemas de control y trazabilidad y verificar con más rigor el origen del producto para evitar importaciones triangulares.

La advertencia llega en un momento delicado para un cultivo en el que España mantiene un peso decisivo dentro de la Unión Europea. La Comisión Europea recuerda que los países comunitarios producen alrededor de 400.000 toneladas de ajo al año y que España es el primer productor europeo, muy por delante de Italia y Rumanía. Además, subraya que las importaciones de ajo en la UE están sometidas a licencias y certificados de origen.
Por su lado, la Asociación Nacional de Productores y Comercializadores de Ajos (ANPCA) advierte de que la presión de los costes y de la competencia exterior compromete también el tejido empresarial ligado al sector y el empleo en las zonas rurales donde este cultivo tiene mayor peso. Por ello, hace hincapié en la necesidad urgente de que las instituciones europeas actúen con rapidez y decisión para evitar una pérdida irreversible de tierras cultivadas y capacidad productiva.
