El pueblo de Galicia donde más tarde anochece en España: en verano, a las 23:00, todavía hay algo de sol
Es el segundo punto de Europa donde más tarde se pone el sol.
En estos días grises de invierno, cuando a media tarde ya es de noche y apetece poco salir de casa, muchos esperan ansiosos la llegada del verano y de sus jornadas largas que parecen no acabarse nunca. Volver a cenar con luz natural o dar un paseo cuando el reloj roza las once y aún queda claridad suena casi a capricho, pero en España hay un lugar donde esa escena no es una exageración, sino una realidad cada año.
Esto es posible en el extremo más occidental de Galicia, donde el Atlántico marca el ritmo del paisaje y del tiempo. Estamos hablando de Muxía y, en concreto, del cabo de Touriñán, que se consolida como el punto de la España peninsular, y el segundo de toda Europa, donde el sol se pone más tarde, solo por detrás del cabo da Roca, en Portugal. Aquí, en pleno verano, la luz se resiste a desaparecer hasta rozar las once de la noche.
Mientras en islas como Mallorca el ocaso suele producirse en torno a las 21:00–21:20 horas en noches de verano, en el entorno de Cabo de Touriñán la puesta del sol en fechas cercanas al solsticio se sitúa en torno a las 22:10–22:30 horas, dependiendo del día y de las condiciones atmosféricas, tal y como recoge Sea Temperature. Esa hora de crepúsculo hace que, si el cielo está despejado, a las 23:00 todavía se perciba luz en el horizonte.
Coronado por un faro
Por su situación geográfica, Touriñán no solo destaca sobre otras puntas atlánticas por la condición de ser el último ocaso de España, sino que dos veces al año se convierte en el último lugar por donde desaparece el Sol en la Europa continental. Este fenómeno se produce a principios de la primavera y a finales del verano, cuando la geometría del eje terrestre sitúa la línea del ocaso sobre este punto de la Costa da Morte.
El faro que corona el cabo, construido a comienzos de los años ochenta, es uno de los rincones favoritos para fotógrafos y paseantes. Se trata de una torre de hormigón que sustituye al edificio antiguo y que emite destellos regulares con el objetivo de advertir a los navegantes de los peligros del litoral. La estructura y su luz forman parte del paisaje que millones de visitantes buscan al ponerse el Sol.
Desde este punto, con el océano extendiéndose hasta el infinito y el viento golpeando las rocas, el atardecer se convierte en un espectáculo en el que el cielo va cambiando de color mientras el sol se esconde lentamente en el horizonte. Se puede llegar hasta el faro a pie por el conocido Camiño dos Faros, o en coche hasta las zonas habilitadas para aparcar. Sea cual sea la opción elegida, la recompensa es igualmente satisfactoria y merece la pena.