Enrique Loewe, 84 años, cuarta generación de la casa de lujo más antigua de España: "He comprendido que el lujo es la sencillez"
“Lo más sencillo puede ser lo más enormemente bello”, defiende.
En un momento en el que el lujo suele medirse por la exclusividad, el tamaño o el precio, Enrique Loewe propone una mirada muy diferente. A sus 84 años, el empresario y humanista reivindica el valor de la sencillez, la artesanía y la cultura como la verdadera esencia del lujo, una filosofía que ha guiado tanto su vida como el legado de una de las firmas más emblemáticas de España.
A las puertas de cumplir 85 años, Enrique Loewe Lynch, cuarta generación de la familia que dio origen a la casa de lujo más antigua de España, asegura que sigue ejercitando tanto el cuerpo como la mente. Tras una trayectoria de casi medio siglo al frente de la firma, durante la que impulsó su expansión internacional y reforzó su vínculo con el arte, el empresario afirma que el mayor aprendizaje que le ha dejado la vida es dar importancia a la sencillez, una idea que resume su forma de entender la belleza, la creatividad y el éxito.
Esa visión se aleja de la idea del lujo entendida como ostentación o exhibición y pone el foco en la calidad, el refinamiento y la emoción que despiertan las cosas bien hechas. “He comprendido que el lujo es la sencillez. Lo más sencillo puede ser lo más enormemente bello”, afirma Enrique en una entrevista con El País, donde defiende la idea de que el verdadero valor no reside en aparentar, sino en la autenticidad.
Un gran defensor de la cultura
Lejos de la imagen del empresario tradicional, Enrique Loewe nunca ocultó que las letras le interesaban más que los números. Por ello, asegura que su mayor legado no está en el negocio, sino en la Fundación Loewe, creada en 1988 para apoyar la poesía, la artesanía y otras disciplinas culturales. Ese compromiso acaba de ser reconocido con el Premio Alberto Anaut por su impulso a la cultura.
El hombre defiende el papel de la cultura como un motor de transformación social y lamenta que en España todavía falten más mecenas y un mayor respaldo institucional al arte. Aun así, observa el panorama cultural con optimismo. "Vivo feliz en la aparente abundancia cultural del momento presente. Creo que vamos progresando", asegura. Una visión esperanzadora que refleja su confianza en el talento creativo y en la creciente valoración de la cultura.
A su juicio, el acceso a la cultura es hoy más amplio que nunca, pero insiste en que el arte y el buen gusto deben seguir ocupando un lugar prioritario en la sociedad. Cuando se le pregunta cómo le gustaría ser recordado, su respuesta se aleja de los balances empresariales. “Más por mis ideas que por todo lo demás”, confiesa. Y, fiel a su concepción del lujo, concluye con una reflexión que resume toda su vida: el auténtico valor no está en parecer, sino en ser.