Michel Devoret, Nobel de Física y científico jefe de Google: "Si hay que preocuparse de algo de manera prioritaria ahora mismo, diría que es más la IA"
“Cuando se sabe usarla, da superpoderes”, asegura.

La inteligencia artificial ha dejado de ser una tecnología del futuro para convertirse en una herramienta que ya está transformando la forma en que trabajamos, aprendemos e investigamos. Su rápida evolución abre oportunidades inéditas, pero también plantea interrogantes sobre su impacto en el empleo, la educación y la sociedad. Incluso algunas de las mayores figuras de la ciencia creen que este es el reto tecnológico más urgente del momento.
Así lo defiende Michel Devoret, Premio Nobel de Física y científico jefe de Hardware Cuántico de Google. Pese a dedicar su carrera al desarrollo de una de las tecnologías más prometedoras del siglo XXI, considera que la mayor revolución tecnológica a corto plazo no llegará de la computación cuántica, sino de la inteligencia artificial. Una idea que se apoya en el profundo impacto que ya está teniendo en la sociedad y en el mundo laboral.
Durante una entrevista concedida a El País, el investigador reflexionó sobre los retos que plantean las grandes tecnologías emergentes y dejó clara cuál considera que debe centrar la atención en estos momentos. "Si hay que preocuparse de algo de manera prioritaria ahora mismo, diría que es más la IA", afirmó, al advertir que su evolución está siendo mucho más rápida de lo esperado y que sus efectos ya se perciben en diversos ámbitos.
Usar la IA de forma crítica
Michel Devoret, premiado junto a John Clarke y John Martinis por sus investigaciones pioneras en circuitos superconductores cuánticos, recuerda que el Nobel le llegó por sorpresa. “Me había olvidado por completo de que principios de octubre es la temporada del Nobel”, explica, mientras recuerda que cuando recibió la noticia estaba en plena mudanza entre universidades estadounidenses.
Pese al enorme potencial de la computación cuántica, Michel cree que la inteligencia artificial plantea desafíos mucho más inmediatos. “Cuando se sabe usarla, da superpoderes. Cuando no, te hunde más en la ignorancia”, asegura de forma contundente. A su juicio, el verdadero reto no está solo en el avance de esta tecnología, sino en aprender a utilizarla de forma crítica y responsable para aprovechar todo su potencial.
Más allá del impacto de la inteligencia artificial, el Nobel también aborda el futuro de la computación cuántica y la carrera tecnológica que mantienen las principales potencias mundiales, un escenario en el que China ocupa un papel cada vez más relevante. Lejos de verla como un rival, considera que su avance ha servido para acelerar la innovación global, generando una carrera tecnológica similar al histórico "efecto Sputnik".
En esa línea, cree que los cambios que vive actualmente la investigación en Estados Unidos pueden convertirse en una oportunidad para que Europa refuerce su liderazgo científico. En definitiva, Michel combina su labor en la industria con la investigación universitaria y defiende la colaboración entre ambos mundos. Para él, el futuro de la computación cuántica dependerá tanto de los avances tecnológicos como de la investigación básica.
