Felipe Hernández ha reunido más de 1.000 servilletas de bares de toda España y el resultado retrata a todo el país: "Los centros de nuestras ciudades están perdiendo su identidad"
"Reflejan la personalidad de cada barrio y de cada negocio"
Hay objetos cotidianos que muchas personas consideran pequeños engaños de la vida moderna: el botón de cerrar puertas del ascensor o el de "pulse peatón" en algunos semáforos, los bolsillos falsos de ciertas prendas o esas servilletas de los bares que parecen incapaces de limpiar nada a la primera. Aun así, seguimos pulsándolos, seguimos comprando esa ropa y seguimos sacando una servilleta tras otra cada vez que la necesitamos.
Pero hay quien es capaz de mirar más allá de su utilidad inmediata. Es el caso de Felipe Hernández, un fotógrafo madrileño que ha convertido estos pequeños papeles desechables en auténticas piezas de diseño y memoria cultural. Para él representan “la belleza de lo inútil”.
Pequeñas historias impresas en papel
Las servilletas recopiladas por Hernández no son simples trozos de papel. Muchas llevan los nombres, dibujos o mensajes de los locales que representan. Por ejemplo, algunas agradecen la visita de los clientes y otras incluyen ilustraciones relacionadas con la historia del establecimiento o con los productos que sirven.
El fotógrafo comenzó compartiendo su colección en redes sociales después de reunir más de 150 ejemplares. Con el tiempo, el proyecto creció hasta convertirse en un libro que reúne una selección de 600 servilletas de las más de 1.000 que forman parte de su archivo.
Un símbolo de los bares de siempre
Hernández considera que estas servilletas representan algo más profundo como es la resistencia de los bares tradicionales frente a la transformación de las ciudades. Para él, estos pequeños detalles reflejan la personalidad de cada barrio y de cada negocio, algo que se está perdiendo con la desaparición de algunos establecimientos históricos y la llegada de modelos más uniformes.
“Los centros de nuestras ciudades están perdiendo su identidad”, señala Hernández, que recuerda cómo algunos bares que aparecen en su colección han cerrado por problemas económicos, subida de alquileres o cambios en el entorno urbano.
Cada servilleta puede acabar desapareciendo con el restaurante que la creó, pero mientras forma parte de esta colección conserva la memoria de un lugar, una época y una forma de entender la vida alrededor de una barra. Y es que aunque su función original sea limpiar las manos, son un pequeño espacio donde se encuentra la esencia de estos bares.