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Iván Murray, profesor de Geografía, sobre el turismo de última oportunidad: "Se paga más cuanto más vulnerable sea el recurso. Llegará a verse cómo muere el último oso polar"

Iván Murray, profesor de Geografía, sobre el turismo de última oportunidad: "Se paga más cuanto más vulnerable sea el recurso. Llegará a verse cómo muere el último oso polar"

"Las situaciones de crisis tranforman las formas de producción contemporáneas", explica el docente.

Los osos polares dependen del hielo del Ártico para cazar sus presas favoritas.Getty Images

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El turismo de oportunidad está en auge. Cruceros de lujo por el Ártico aprovechando el deshielo, visitas al mar de flores en el que se ha convertido el desierto de Atacana (Chile), son solo ejemplos de cómo se mercantilizan los efectos derivados del cambio climático.

"Las situaciones de crisis van acompañadas de reestructuraciones y transformaciones, también en torno al capital turístico y las formas de producción contemporáneas", explica el profesor de Geografía de la Universidad de las Islas Baleares Iván Murray en una entrevista con El Confidencial.

Hay otros ejemplos más allá del cambio climático, como la mercantilización de la pobreza. En inglés hay un concepto que bautiza esta practica, slum tourism, "el turismo de barrios marginales”. Muchos habrán visto en redes sociales a populares influencers en pueblos sudafricanos o favelas brasileñas que se han convertido en escaparates para turistas. 

En el caso del cambio climático se conoce como el turismo de última oportunidad (last chance tourism), que "genera un nicho de superélite en el que se paga más cuanto más vulnerable sea el recurso natural o el ecosistema que esté desapareciendo". Esto, según publica el medio de comunicación, podría llevar a convertir en mercancía turística hasta formas de violencia extrema, como "ir a ver cómo muere el último oso polar".

La dinámica es paradójica. "El propio sistema se está devorando a sí mismo. Porque desplazarse grandes distancias para ver cómo desaparecen ciertos espacios afectados por el cambio climático contribuye a la vez a destruir esas mismas zonas", subraya Murray, que expone como principal responsable al transporte aéreo.

"Volar requiere queroseno, no hay alternativas en cantidad y calidad que puedan suplirlo, y las que se plantean implicarían un encarecimiento del combustible que haría inviable la generalización actual de los viajes internacionales", explica.

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El diario define esta práctica como "la pescadilla que se muerde la cola": sacar rentabilidad a las catástrofes ecológicas e impulsar la economía de los lugares afectados, "mientras seguimos sumando, unos y otros, a su degradación". "La contradicción del viajero y del turismo del siglo XXI, que deja una huella digital en Instagram y una huella ambiental en las montañas de colores", termina.

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