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Javier Faus, entrenador español de tenis en Doha: "Escuchar el zumbido de los misiles sobre mi casa es algo que no voy a olvidar nunca"

Javier Faus, entrenador español de tenis en Doha: "Escuchar el zumbido de los misiles sobre mi casa es algo que no voy a olvidar nunca"

Nacido en Segorbe (Castellón), este joven de 37 años relata cómo vive junto a su mujer embarazada y su hijo de dos años los días de tensión y ataques en Catar.

Faus, junto a su hijo, en una de las pistas de tenis en las que da clases
Faus, junto a su hijo, en una de las pistas de tenis en las que da clasesCortesía de Javier Faus

La mañana del pasado sábado empezó como tantas otras para Javier Faus en Doha. A las seis y media ya estaba en la pista de tenis, raqueta en mano, listo para dar su primera clase del día. Lleva cerca de una década viviendo en Catar, donde se ha labrado una vida como profesor de tenis y donde ha formado una familia. Allí vive con su mujer, embarazada, y su hijo de apenas dos años. Pero aquella jornada pronto dejó de parecerse a cualquier otra.

De la calma tensa a los misiles

Uno de sus alumnos habituales, un embajador con el que suele compartir bromas durante las clases, llegó serio, con el gesto torcido. Algo no encajaba. "Le pregunté qué le pasaba y me dijo solo una palabra: Irán", recuerda Faus. Las tensiones en Oriente Medio llevaban días creciendo y en Doha ya se percibía que algo se estaba moviendo. Mensajes de alerta de las autoridades, movimientos militares en la zona y un cielo que, en los días previos, había dejado ver pruebas del sistema de defensa antimisiles del país.

Pero hasta entonces todo parecía parte del ruido geopolítico habitual en la región. Y aquella mañana dejó de serlo.

A las nueve, mientras la ciudad seguía con su ritmo habitual, Faus observó varios aviones militares cruzando el cielo de norte a sur. Primero uno de las fuerzas catarís. Después otros dos que le llamaron especialmente la atención. "El primero aparecía en el radar, pero los otros dos no. Mi mujer lo miró también y me dijo que no salían. Pensamos que quizá eran americanos". 

No sería extraño: en el país se encuentra la mayor base aérea estadounidense de todo Oriente Medio, una instalación estratégica que convierte a Catar en un punto clave dentro del tablero militar de la región.

Horas después llegó el aviso que transformó la inquietud en certeza. Mientras daba clase a una alumna estadounidense, ella recibió un mensaje urgente de la embajada de Estados Unidos alertando de un posible ataque inminente. "Me dijo: Javi, si quieres damos la clase, pero que sepas que van a bombardear Catar. Yo me quedé helado”, recuerda. 

"Refugiarse inmediatamente"

Continuaron unos minutos más hasta que el teléfono móvil de Faus rompió el silencio con una alarma ensordecedora. Era el sistema nacional de emergencias. Y el mensaje no dejaba margen para interpretaciones: refugiarse inmediatamente.

Así que profesor y alumna terminaron abruptamente la clase, él se subió al coche y condujo a toda prisa hasta su casa. Allí le esperaban su mujer y su hijo pequeño. Apenas habían tenido tiempo de asimilar lo que estaba ocurriendo cuando empezaron a escucharse las primeras explosiones.

“Pum, pum, pum… una detrás de otra”, describe.

Era de día y los misiles apenas se distinguían en el cielo, pero sí podían verse las estelas que dejaban tras ser interceptados por el sistema de defensa antimisiles. Durante unos minutos subió al tejado de su casa para intentar entender qué estaba ocurriendo. Fue entonces cuando escuchó algo que todavía le recorre el cuerpo al recordarlo.

"El zumbido de los misiles"

"El zumbido", dice. "Escuché el zumbido de los misiles o de los drones pasando por encima de mi casa. Ese sonido no lo voy a olvidar nunca". Y se refugió inmediatamente en el interior.

Dentro de la vivienda, cada explosión se sentía con una intensidad casi física. Primero llegaba el estruendo lejano. Después, unos segundos más tarde, la onda expansiva. Las ventanas vibraban, las cortinas se agitaban de golpe, como si una ráfaga invisible atravesara la casa.

Aquella primera jornada fue la más dura desde que comenzaron los ataques. Según recuerda, llegaron a producirse hasta trece oleadas a lo largo del día. Algunas separadas por apenas una hora.

"Fue una locura. En una hora podían sonar dos veces, luego paraba un rato y volvía otra vez".

Javi Faus, dando una clase de tenis
  Javier Faus, dando una clase de tenis

Esa noche prácticamente no durmieron. Y el domingo por la mañana, a las siete, el sonido de nuevas explosiones volvió a sacudir la ciudad. Muchas de ellas no impactan directamente en tierra. El sistema de defensa Patriot intercepta los misiles cuando ya se aproximan al territorio catarí. Pero esa interceptación ocurre relativamente cerca, lo suficiente para que el estruendo y la onda expansiva se sientan en los barrios residenciales.

"No es que caigan al lado de casa, pero tampoco están a cincuenta kilómetros. Por eso lo notas tanto", explica.

Aun así, Faus reconoce que dentro de la gravedad de la situación se considera relativamente afortunado. Vive con su familia y en una zona alejada de los principales puntos estratégicos del país, donde se concentran las instalaciones militares y los objetivos potenciales. "Dentro de lo que cabe estamos bien", explica. "Estamos juntos y no estamos en una zona directamente ligada a los lugares de conflicto".

En los últimos días la sensación en su zona es de algo más de calma relativa. Parte de los proyectiles están siendo interceptados en el mar antes de alcanzar el espacio aéreo del país gracias a las patrullas de helicópteros y aviones militares que vigilan la costa. "Para nosotros eso se nota porque escuchamos menos explosiones", nos cuenta.

Pero el peligro no desaparece.

Uno de los mayores riesgos ahora son los restos de los misiles interceptados que caen tras las explosiones. "Hubo uno que cayó encima de un coche cerca de la base aérea americana", relata. "La carga explosiva ya se había detonado, pero el combustible explotó al impactar".

Según las autoridades catarís, al menos 16 personas han resultado heridas por incidentes relacionados con los ataques. Mientras tanto, la vida en Doha continúa con una calma tensa. Los colegios han suspendido las clases presenciales y los niños siguen las lecciones desde casa. Muchas empresas han adoptado el teletrabajo, en una situación que recuerda a los meses más duros de la pandemia. Las autoridades y las embajadas recomiendan permanecer en casa y salir solo cuando sea imprescindible. "Nosotros no hemos salido desde el sábado pasado".

“La gente intenta hacer vida normal, pero el nerviosismo se nota”, explica Faus.

El deseo de salir

Para él, sin embargo, la mayor angustia tiene que ver con la incertidumbre. El espacio aéreo está cerrado y los vuelos comerciales suspendidos, lo que impide salir del país. Faus tenía un billete comprado desde hace meses para viajar a España el 12 de marzo.

“Ojalá pudiera coger ese avión”, dice."Yo quiero irme, claro, pero no podemos"

La alternativa sería una evacuación de emergencia, un escenario que preferiría evitar, especialmente por su situación familiar. "Cuando te evacúan no puedes llevarte casi nada: documentos, dinero en efectivo y poco más. Tienes que dejar tu vida aquí", sigue explicando.

Por eso su deseo es mucho más sencillo: que se abra una pequeña ventana para los civiles. "Si hubiera una tregua, aunque fuera unas horas, para que la gente pudiera salir del país, yo cogería el avión y me iría".

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Mientras tanto, espera en casa con su familia, atento a las alertas del teléfono y al cielo de Doha. Un cielo que, desde hace días, ya no suena igual porque hay un sonido que sabe que le acompañará siempre, el de ese zumbido de los misiles pasando por encima de su casa.

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Soy redactor de actualidad en El HuffPost España. Mi objetivo es que no te pierdas nada, sea la hora que sea, estés despierto o dormido.

 

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Mi trayectoria

Creo que soy periodista desde que nací, o eso dice mi madre. Desde ese momento hasta ahora han pasado muchas cosas. Soy de Azuébar, un pueblecito de apenas 300 personas del interior de Castellón y, aunque estudié, entre en mi querida ‘terreta’ (Grado en Periodismo por la Universitat Jaume I) y Salamanca (Máster en Comunicación e Información Deportiva por la Universidad Pontificia de Salamanca), aprendí la profesión en la Agencia EFE, donde cubrí los Juegos de Río 2016, los de Tokio 2020, los de París 2024, así como también los Juegos Olímpicos de Invierno de Pieongchang 2018 y de Pekín 2022. Además, cubrí los Mundiales de fútbol de Rusia 2018 y Qatar 2022.

 

Por otra parte, abrí una extensa etapa como autónomo en la que he colaborado con ‘El Independiente’, el ‘Playas de Castellón, la ‘Revista Volata’, ‘Súper Deporte’, ‘Yo Soy Noticia’ o ‘Ciclo 21’, antes de aterrizar en el Huffington Post. 

 

Si alguna vez me necesitas y no me encuentras, búscame en una pista de tenis. Te puedo recomendar la mejor novela negra de cada país y hablar durante horas del cine de los 80 y 90. Ah, por cierto, acierto todas las preguntas naranjas del Trivial. 

 


 

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