Las partículas que emite una vela encendida son muy similares a las del tubo de escape de un diésel: una investigadora ha medido cuánto contaminan exactamente dentro de casa
Un gesto inocente que puede afectar a la calidad del aire interior.
En muchas casas, sobre todo durante los días cortos y fríos del invierno, encender velas se ha convertido en un ritual casi inevitable. Su luz cálida y su aroma reconfortante crean un ambiente acogedor que invita a relajarse, conversar o simplemente disfrutar de un momento tranquilo. Sin embargo, lo que parece un gesto inocente también esconde un efecto inesperado que puede afectar a la calidad del aire interior.
Investigaciones recientes de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca, muestran que las velas no solo iluminan y perfuman, sino que también liberan partículas ultrafinas que respiramos sin darnos cuenta. Estas partículas son tan pequeñas que pueden penetrar profundamente en los pulmones e incluso llegar al torrente sanguíneo, pudiendo provocar una inflamación en las vías respiratorias, afectar la función del corazón e incluso llegar a órganos como el cerebro.
En base al estudio realizado, el cual está publicado en Pure.au, se ha descubierto que las partículas que generan las velas son sorprendentemente parecidas, en tamaño y composición, a las presentes en los humos diésel, conocidas por su potencial efecto dañino sobre la salud respiratoria y cardiovascular. Ambas se concentran en el aire interior y pueden impactar en la salud, especialmente en personas vulnerables.
¿Cómo lo midieron?
El experimento se realizó en cámaras de exposición con condiciones controladas, y se comparó las emisiones procedentes de las velas con las generadas por la cocción de carne de cerdo en un horno, una fuente ya conocida de partículas interiores. Los resultados mostraron que, aunque cocinar también libera partículas, las velas producían muchas más partículas ultrafinas y de tamaño mucho más pequeño, capaces de penetrar más profundamente en los pulmones y representar un mayor riesgo para la salud.
Concretamente, la cocina producía partículas de aproximadamente 80 nanómetros de ancho, mientras que las velas generaban partículas de entre 7 y 8 nanómetros, mucho más pequeñas y fáciles de inhalar. Además de hollín y partículas ultrafinas, la combustión de velas puede emitir gases y compuestos nocivos como óxidos de nitrógeno e hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), sustancias relacionadas con inflamación y riesgo carcinogénico.
En un ensayo controlado con jóvenes asmáticos, los investigadores observaron cambios biológicos sutiles pero detectables tras la exposición a las emisiones de velas. Algunos marcadores de inflamación en vías respiratorias y sangre se alteraron, y los participantes informaron molestias e irritación. Estudios previos también han registrado pequeñas reducciones en la función pulmonar, variaciones en la rigidez arterial y efectos temporales sobre la cognición tras exposiciones a partículas interiores.
¿Significa esto que hay que dejar de encender velas? No es necesario, pero la evidencia invita a la prudencia, sobre todo si hay personas vulnerables en el hogar, como niños, ancianos, asmáticos o con enfermedades pulmonares. Los expertos recomiendan usar velas LED o encender pocas velas a la vez en su defecto, así como recortar la mecha antes de cada uso y ventilar la habitación tras apagarlas.