Mathieu y Hélène, pareja de veinteañeros, reviven la panadería de un pueblo: "Pensé que había potencial allí"
No solo recuperan un servicio básico, sino un lugar de convivencia.

En muchos pueblos, los comercios locales son mucho más que simples lugares de compra: son puntos de encuentro, servicios esenciales y símbolos de vida comunitaria. En un contexto marcado por la despoblación rural, el regreso de jóvenes emprendedores dispuestos a instalarse y a reactivar actividades tradicionales se ha convertido en una señal de esperanza. Apostar por un negocio de proximidad es también apostar por mantener los pueblos vivos.
Esto es lo que ha ocurrido en Sacy, un pequeño municipio francés del distrito de Reims de apenas 370 habitantes donde la vida cotidiana transcurre entre viñas y casas bajas. Tras el cierre el pasado julio de la única panadería del pueblo, situada en el número 21 de la calle de Châtillon, ahora el local vuelve a latir con fuerza después de que el ayuntamiento haya logrado encontrar inquilinos dispuestos a relanzar la actividad.
Los nuevos dueños del negocio son una joven pareja formada por Mathieu Ryckaert, de 29 años, y Hélène Armani, de 25. Mathieu, que empezó su aprendizaje al salir de la secundaria y acumula quince años trabajando en panaderías, será el responsable de la producción. “Tengo todas las titulaciones de panadería, desde el CAP hasta el máster, y algunos diplomas de pastelería”, explica en declaraciones recogidas por France 3.
Espera abrir en febrero
Por su lado, Hélène, que le da clases particulares, gestionará la parte comercial: ventas, atención al público y servicio en sala, áreas que ella domina tras haber compaginado estudios con trabajo en catering en Épernay. “Cuando vi el lugar, el pueblo, pensé que había potencial”, dijo Mathieu recordando el origen de la decisión. La pareja ya baraja la posibilidad de contratar ayuda para la tienda y el obrador.
La nueva panadería-cafetería espera abrir sus puertas a mediados de febrero, una vez que el banco autorice definitivamente la inversión y se encargue el nuevo equipamiento. Cabe destacar que el horno será nuevo o casi nuevo, pero también se conservará parte del material existente. Mientras tanto, Mathieu y Hélène han comenzado las obras de renovación del local y del apartamento situado encima, donde planean vivir.
La propuesta comercial combinará lo clásico y lo local: además de baguettes, Mathieu quiere ofrecer panes tradicionales vendidos por rebanada “de mejor conservación y mayor valor nutricional”, afirma. Además, parte de la tienda se reconvertirá parcialmente en un salón de té o cafetería para dar vida al espacio. Asimismo, la pareja quiere priorizar, siempre que sea posible, proveedores cercanos. Por ejemplo, ya estudian la posibilidad de abastecerse de la carnicería vecina para los rellenos de sándwiches.
La pareja abrirá cinco días y medio a la semana, cerrando las tardes de domingo y los lunes. Mientras avanza la cuenta atrás para la llegada del horno y la finalización de las obras, la noticia ha sido recibida con entusiasmo por los vecinos: recuperar al panadero es recuperar un servicio básico, pero también un lugar de convivencia, de intercambio diario y de vida local, imprescindible para el dinamismo de Sacy.
