Mikel pasa la noche al aire libre en hamacas en invierno: “Maravilloso, la verdad. Dormí 8 horas y media sin parar
"No se puede pedir más”.
Con el mal tiempo y las bajas temperaturas, a la mayoría de gente lo que le apetece es estar abrigado y sobre todo refugiado en casa viendo como la lluvia golpea el cristal de su ventana mientras se toma algo para entrar en calor después de un día frío donde el sol no se ha dejado ver.
Sin embargo, para Mikel van den Brink y decenas de aficionados a la naturaleza, estar encerrados en casa no entra en sus planes. Ellos prefieren apostar por dormir a la intemperie, en pleno invierno y colgado de una hamaca. Para ellos es una experiencia liberadora que engancha.
Dormir bajo cero, pero en plena calma
Las temperaturas nocturnas apenas superaban los cero grados, pero eso no impidió que unas 65 personas de diferentes nacionalidades pasaran dos noches durmiendo al aire libre en el campamento boscoso de Sint Walrick, en los Países Bajos. Hamacas colgadas entre árboles y algunas tiendas de campaña improvisadas dibujaban un paisaje invernal poco habitual.
La mayoría de los asistentes no se conocían previamente. Algunos llegaron tras ver una convocatoria en redes sociales, otros se sumaron por recomendación de amigos. Sin embargo, todos compartían la misma curiosidad de comprobar qué se siente al dormir en plena naturaleza durante el invierno.
“Puedes vestirte para el frío”
Nicolette van de Bijl, se balancea en su hamaca mientras resume la experiencia con entusiasmo. “Es maravilloso. Me siento muy conectada con la naturaleza y me da una enorme sensación de libertad”, explica. ¿El frío? Para ella no es un problema. “No, tío. Para eso puedes vestirte”, dice entre risas al medio neerlandés Gelderlander.
Mientras algunos optaron por una versión más cómoda del campamento, con tiendas de lujo e incluso estufas, la mayoría eligió lo más básico. Para tener una experiencia al completo solo optaron por una hamaca, un buen saco de dormir y ropa adecuada.
“Salir de la ilusión de la vida cotidiana”
El evento se organizó de forma sencilla. “Lo único que pedimos fue que cada uno trajera su propia comida y bebida”, explica Erwin Kerk, uno de los organizadores. El resto surgió de manera espontánea como: catas de vino de miel, bingo nocturno y talleres improvisados como clases para afilar cuchillos, aprender a cocinar al aire libre o encender fuego con piedras.
Para Mikel van den Brink, dormir en una hamaca bajo la lluvia y el frío tiene un significado especial. “Mi pareja piensa que estoy loco”, admite. “Pero creo que es bueno salir un tiempo de la ilusión de la vida cotidiana y escapar del lujo constante”. A pesar de que llovió casi sin parar durante las noches del viernes y el sábado, Mikel asegura haber dormido profundamente. “Maravilloso, la verdad. Dormí 8 horas y media sin parar”, afirma convencido.
El domingo por la tarde, los campistas recogieron sus cosas y regresaron a casa. Muchos ya piensan en repetir. Como resume Kerk: “La naturaleza es preciosa, el ambiente es increíble y aquí todo es tranquilidad. No se puede pedir más”.