Nikki, la mujer de 77 años que lleva 44 viviendo sola en un velero en Alaska: "Soy la capitana, la mecánica, la electricista; soy el todo"
Todo comenzó como una decisión para ganar independencia.
Muchos querrían cumplir aquello que cantaba José Luis Perales: coger sus cosas, ponerse unos vaquero, despedir y navegar con su velero llamado libertad. Dejar atrás la rutina, el tráfico, los horarios y el estrés para cambiar el asfalto por la arena de la playa aunque queme igual.
Es la fantasía de quienes imaginan una vida más sencilla, lejos de las prisas y más cerca de la naturaleza. Sin embargo, para la mayoría ese deseo nunca pasa de ser un pensamiento. Nikki, en cambio, decidió convertirlo en realidad hace más de cuatro décadas.
Con 77 años, esta mujer lleva 44 viviendo sola a bordo de un velero en Alaska. Y es que todo comenzó como una decisión para ganar independencia y ha acabado convirtiéndose en un estilo de vida completamente autosuficiente. En su barco no solo vive: también repara averías, instala sistemas eléctricos, cose velas, cultiva un pequeño jardín y navega durante semanas sin ver a otra persona.
Dejar el trabajo para empezar una nueva vida
A principios de la década de 1980, Nikki tomó una decisión que muchos consideraron una locura. Dejó su trabajo, aprendió las nociones básicas de navegación en Big Lake, cerca de Anchorage, compró una pequeña embarcación y se trasladó a Valdez, en Alaska.
Al principio salía a navegar acompañada, pero pronto descubrió que depender de amigos o de una tripulación significaba quedarse demasiadas veces amarrada en el puerto. La solución fue aprender a hacerlo todo sola.
Aquella decisión no fue bien recibida por todos. Muchos navegantes experimentados cuestionaban que una mujer navegara sola por las aguas de Alaska. Incluso uno de sus instructores de vela llegó a escribir que nunca debería estar al mando de un barco. Lejos de desanimarse, Nikki siguió adelante.
"Soy la capitana, la ingeniera, la mecánica y la electricista"
Durante los últimos 44 años ha ido aprendiendo todo lo necesario para mantener su hogar flotante sin depender de nadie. Ha estudiado mecánica, electricidad marina, calefacción diésel, fontanería y sistemas hidráulicos hasta convertirse en la única responsable del funcionamiento de su embarcación.
Durante una entrevista resume su día a día con una frase que refleja perfectamente su filosofía de vida. "Soy de todo. Esto es un trabajo para una sola persona", aunque aclara que a "si pudiera conseguir que alguien me ayudara, me encantaría". Más adelante lo explica con una sonrisa mientras enseña el complejo sistema hidráulico del barco. "Soy la capitana, la mecánica, la electricista: soy el todo"
Su embarcación refleja esa forma de entender la vida. Prácticamente todos los sistemas han sido modificados por ella misma para adaptarlos a sus necesidades. Cuenta con calefacción hidrónica, propulsión hidráulica, un gran banco de baterías, depósitos personalizados de agua y combustible e incluso una antigua máquina de coser Sailrite con la que sigue reparando velas y tejidos.
Semanas sin ver otro barco
Durante el verano, Nikki fondea en distintos rincones de Prince William Sound, donde puede pasar hasta cuatro semanas completamente sola sin cruzarse con ninguna otra embarcación.
Lejos de sentir esa soledad como un problema, la ha convertido en parte de su forma de vivir. Su hogar sigue siendo el barco, mientras que Valdez continúa siendo su puerto base cuando necesita abastecerse o realizar alguna gestión. Además de navegar, durante años dirigió desde el propio velero un pequeño negocio de costura, demostrando que su casa flotante también podía ser su lugar de trabajo.
Durante décadas ha desmontado estereotipos sobre la edad como límite para seguir aprendiendo. Todo lo que hoy sabe —desde reparar un motor hasta diseñar sistemas eléctricos— lo ha adquirido a base de ensayo, errores y miles de horas en el mar.