Bryan Johnson toma 111 pastillas al día y gasta 1,7 millones de euros al año en no morir: el siglo XIX ya lo inventó
Ha convertido su vida en un experimento contra el paso del tiempo.

Envejecer es uno de los pocos procesos inevitables de la vida. Sin embargo, para Bryan Johnson esa realidad no es un destino, sino un problema que cree que puede retrasarse, medirse e incluso combatirse. El empresario tecnológico estadounidense ha hecho de la longevidad su principal proyecto vital y dedica cerca de 1,7 millones de euros al año a intentar ralentizar el envejecimiento de su organismo.
Su rutina está tan calculada que parece más la de un laboratorio que la de una persona. Johnson asegura seguir un estilo de vida diseñado para optimizar cada función de su cuerpo dentro del movimiento que él mismo bautizó como "Don't Die" (No mueras), una filosofía que busca prolongar la vida mediante la ciencia, la tecnología y un control absoluto de los hábitos diarios.
111 pastillas al día y una gran disciplina
La rutina del magnate está muy alejada de cualquier estilo de vida convencional. No bebe alcohol, evita la exposición al sol, nunca sale por la noche y mantiene una alimentación extremadamente estricta basada principalmente en lentejas, brócoli hervido y nueces de macadamia.
Pero la dieta es solo una parte del plan. Johnson consume hasta 111 suplementos y medicamentos diarios, se somete a constantes pruebas médicas para controlar el funcionamiento de todos sus órganos y registra de forma sistemática numerosos parámetros de su cuerpo. Entre ellos, monitoriza incluso sus erecciones nocturnas como indicador de salud vascular y hormonal.
En su búsqueda por optimizar cada aspecto de su organismo ha llegado a protagonizar prácticas muy llamativas. Una de las más conocidas fue la transfusión experimental de plasma procedente de su hijo adolescente, una terapia que posteriormente dejó de realizar. Su objetivo es reducir al mínimo el deterioro físico asociado a la edad y convertir su cuerpo en una especie de proyecto científico permanente.

La nueva obsesión de las élites tecnológicas
El auge del biohacking, los tratamientos hormonales personalizados, la medicina preventiva extrema y los programas de longevidad reflejan una nueva forma de entender la salud entre algunas de las mayores riquezas del mundo.
La idea ya no consiste únicamente en evitar enfermedades, sino en optimizar continuamente el organismo, retrasar el envejecimiento y mejorar cualquier función corporal mediante tecnología, suplementos o intervenciones médicas. Este fenómeno llega a alcanzar todo tipo de ámbitos convertidos igualmente en objetivos de perfeccionamiento.
Una obsesión de hace más de un siglo
Aunque Johnson se presenta como un hombre del futuro, su forma de entender la vida recuerda a una figura de finales del siglo XIX. El protagonista de la novela Contra la corriente, de Joris-Karl Huysmans, el aristócrata Jean des Esseintes, también vivía obsesionado con la enfermedad, la muerte y el control absoluto de su entorno.

Ambos comparten la idea de retirarse de la vida cotidiana para crear un universo completamente controlado donde experimentar con los límites del cuerpo humano. La diferencia es que mientras el personaje literario buscaba estimular todos los sentidos mediante el lujo y la extravagancia, Johnson hace exactamente lo contrario.
Su propuesta elimina casi cualquier exceso asociado al placer. Comer deja de ser un disfrute para convertirse en una herramienta biológica; dormir, hacer ejercicio o exponerse al sol son decisiones calculadas al milímetro. Incluso aspectos tan íntimos como la función sexual pasan a tratarse como variables susceptibles de mejora técnica.
La filosofía que representa Johnson coincide con el auge de tendencias como el humanmaxxing o el looksmaxxing, movimientos que entienden el cuerpo como un proyecto permanente de optimización. En este contexto también encaja el crecimiento del mercado de medicamentos como Ozempic, Wegovy o Mounjaro, utilizados por millones de personas para perder peso y modificar su relación con el apetito.
