Raija, pensionista de 67 años, vivió en el armario de su amiga: "Tenía un colchón en el suelo del vestidor"
Ahora vive en un apartamento de 29 metros cuadrados que le ahoga económicamente.
Raija Lappeteläinen reside en Helsinki después de emigrar a Finlandia hace poco más de un año. Como muchas otras otras personas alrededor de todo el globo, un día decidió hacer las maletas para buscar un futuro más próspero fuera de su país natal, aunque reconoce que el fallecimiento de su hermana también tuvo mucho que ver.
Actualmente, vive en un apartamento modesto que deja temblando su economía. Cada enero le suben 20 euros del alquiler por esos 29 metros cuadrados por los que está pagando, a día de hoy, 768 euros al mes. "Me siento como un ciudadano de segunda, no puedo permitirme vivir en un piso tan caro", subraya al medio finés Helsingin Uutiset.
Ha pasado por situaciones muy difíciles
A pesar de que está viviendo una situación económica compleja cobrando unos 1.550 euros al mes por una pensión de garantía del país y un subsidio de vivienda, Raija ha pasado por periodos incluso más difíciles desde que llegó a este país europeo en noviembre de 2024.
El primer mes durmió en el armario de una amiga que vive en Jakomäki, dado que no disponía de más espacio en la vivienda para alojarla: "Tenía un colchón en el suelo del vestidor. Mis pertenencias estaban en una maleta. Pero no podía dormir allí por el asma. Luego conseguí este (apartamento actual)", afirma.
Estaba mejor en España
Antes de en Finlandia, vivió durante diferentes periodos en Suecia y en España. Es precisamente en nuestro país, en el que residió 6 años, donde más feliz estaba a nivel personal y de salud. Gozaba de buenas amistades, a la vez que su atopia severa y su asma habían mejorado sustancialmente gracias al clima mediterráneo: "Mudarme a Finlandia fue un shock terrible para mí. Tenía a todos mis amigos allí", manifiesta.
Ahora, en Helsinki, su dermatitis atópica ha empeorado. Los ungüentos son sus mejores aliados y los medicamentos reposan en su modesto armario, unas pastillas que no necesitaba en España.
En su apartamento actual no se siente cómoda: "Esto es como un piso de estudiantes. Soy una abuela mayor", reconoce. La vivienda carece de pasillos y las ventanas, donde el sol se proyecta directamente, hacen que se muera de calor en verano. Los escasos metros cuadrados del inmueble le dificultan invitar a amigos y familiares a pasar un rato. ¿A pasar la noche? "La habitación funciona como dormitorio, salón y cocina a la vez", aclara.
Por último, concluye que todo es el culpa del gobierno finlandés: "Al tomar decisiones, el Gobierno debería haber tenido en cuenta que hay muchos miles de personas en una situación similar a la nuestra", finaliza.