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Raphaël, músico de 30 años, ha jugado 25.000 partidas de ajedrez online en cinco años: "Es la adicción más fuerte que he tenido nunca, es peor que el crack"

Raphaël, músico de 30 años, ha jugado 25.000 partidas de ajedrez online en cinco años: "Es la adicción más fuerte que he tenido nunca, es peor que el crack"

Expertos advierten de que las plataformas están diseñadas para fomentar sesiones continuas y dificultar la desconexión.

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Miles de jugadores como el músico Raphaël reconocen que pasan horas encadenando partidas de ajedrez online cada día.

Durante años, las redes sociales han sido señaladas por su capacidad para atrapar a los usuarios durante horas mediante vídeos cortos y desplazamiento infinito. Sin embargo, existe otra actividad digital que está generando cada vez más preocupación entre algunos jugadores y especialistas: el ajedrez online. Y no solo caen supuestos frikis o 'cerebritos', sino famosos y artistas. 

La popularidad de plataformas como Chess.com ha disparado el número de aficionados que juegan partidas rápidas desde cualquier lugar. Lo que para muchos comienza como una actividad intelectual o un simple entretenimiento acaba convirtiéndose en una rutina difícil de controlar.

.Raphaël Milovanovic, músico profesional francés de 30 años, es uno de los ejemplos más llamativos. Descubrió el ajedrez online en marzo de 2021 y desde entonces ha disputado unas 25.000 partidas. "Es la adicción más fuerte que he tenido nunca", asegura. "Es peor que el crack", asegura en Le Monde.

Más de 25.000 partidas en cinco años

Las cifras hablan por sí solas. Desde que abrió su cuenta en Chess.com, Raphaël ha jugado una media aproximada de 14 partidas diarias durante cinco años. En algunos momentos, la actividad se ha disparado mucho más.

Recuerda una semana especialmente intensa en la que llegó a disputar 69 partidas consecutivas entre las diez de la noche y las tres de la madrugada mientras intentaba superar los 1.900 puntos Elo dentro de la plataforma. "Hay momentos de frustración cuando cometes un error realmente estúpido, te maldices a ti mismo y vuelves a empezar", explica.

El problema, según reconoce, es que siempre existe una razón para jugar una partida más. 

El mecanismo que engancha a los jugadores

Una de las claves está en los formatos rápidos. Las modalidades blitz permiten partidas de tres o cinco minutos por jugador. En el caso del llamado ajedrez bala, cada participante dispone únicamente de un minuto para completar toda la partida.

La intensidad es máxima. "En el ajedrez bala, el pulso se acelera, el nivel de estrés aumenta", afirma Raphaël, que se encuentra entre el 0,6% de los mejores jugadores del mundo en esta modalidad.

Cuando termina una partida, la plataforma muestra inmediatamente estadísticas, errores cometidos y movimientos destacados. Apenas unos segundos después aparecen las opciones de revancha o nueva partida.

No existe ningún tiempo de espera obligatorio. "No se ofrece descanso", resume el músico. "Cuando pierdes, quieres recuperarte. Cuando ganas, quieres seguir. En ambos casos vuelves a jugar".

Jugar en cualquier momento y en cualquier lugar

El fenómeno es tan común que ha comenzado a generar bromas y debates en redes sociales. Una creadora de contenido francesa residente en Nueva York publicó recientemente un vídeo mostrando cómo su pareja aprovecha cualquier momento para jugar.

"Estamos viendo una película, ajedrez. Está en el baño, ajedrez. Antes de dormir, ajedrez", comentaba. Las respuestas no tardaron en llegar.

Decenas de usuarios reconocieron situaciones similares con sus parejas o familiares. Algunos hablaban incluso de una especie de doomchessing, una referencia al conocido doomscrolling asociado a las redes sociales.

¿Es realmente una adicción?

Los especialistas prefieren ser prudentes. Benjamin Rolland, psiquiatra especializado en adicciones y antiguo jugador profesional, considera que el término clínico "adicción" quizá no sea el más adecuado en la mayoría de los casos. "La adicción, en sentido médico, implica consecuencias graves y duraderas como pérdida del empleo, aislamiento social o divorcios", explica al mismo medio francés.

Sin embargo, sí reconoce el enorme poder de atracción del ajedrez online. "Cuando juegas partidas rápidas, tu cerebro está completamente absorbido por la actividad. Y cuando pierdes puntos, quieres recuperarlos", señala.

Según el experto, existe además un fenómeno conocido como "tilt", habitual también en el póker y otros juegos competitivos. La frustración lleva al jugador a continuar cuando lo racional sería detenerse. 

El prestigio social del ajedrez

Uno de los elementos que diferencia este fenómeno de otras formas de entretenimiento digital es su imagen pública.

Mientras que pasar varias horas al día viendo vídeos en TikTok suele percibirse como una pérdida de tiempo, el ajedrez conserva una reputación asociada a la inteligencia, la estrategia y el desarrollo mental. "Cuando explicaba mi problema con el ajedrez, la respuesta siempre era que no parecía una mala adicción", recuerda Raphaël.

Otros jugadores coinciden. "Es más prestigioso decir que has pasado dos horas jugando al ajedrez que decir que has estado dos horas jugando a Call of Duty", reconoce Gaston Portejoie, otro aficionado entrevistado.

La dificultad para abandonar

A pesar de los beneficios cognitivos que tradicionalmente se asocian al ajedrez, algunos usuarios reconocen dificultades para controlar el tiempo dedicado a la plataforma. Raphaël ha eliminado la aplicación de su teléfono en ocho ocasiones distintas. Siempre ha terminado regresando.

Actualmente, utiliza programas externos para bloquear el acceso a Chess.com durante determinados periodos del día. Sin embargo, admite cuál es el principal obstáculo. "La única solución definitiva sería borrar la cuenta", explica. "Pero eso significa perder todas las partidas, todas las estadísticas y todo lo que has construido durante años. Por eso casi nadie lo hace".

Mientras tanto, plataformas como Chess.com continúan creciendo y sumando millones de jugadores en todo el mundo, alimentando una afición que para muchos es simplemente un pasatiempo, pero que para otros se ha convertido en una rutina de la que cada vez resulta más difícil desconectar.

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Redactor de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Valladolid y Máster en Comunicación Corporativa en ESERP, ha trabajado como redactor, editor y coordinador en Grupo Merca2, así como redactor en Infodefensa y Business Insider, además de colaboraciones en otros medios y blogs como Wall Street International o La Voz del Basket. También realiza críticas de cine desde hace años.

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