Schopenhauer, filósofo alemán, sobre valorar tus posesiones: "Pocas veces pensamos en lo que tenemos; pero siempre en lo que nos falta"
Tu cerebro está diseñado para detectar carencias. Es un sesgo útil para sobrevivir, pero pésimo para disfrutar.

Es una de las situaciones casi inevitables en cualquier ser humano. El cerebro está programado para ser "vago", pero también para ponerse en lo peor y ser pesimista. Nunca estar conforme y nunca pensar en lo que tenemos, sino en lo que nos falta y anhelamos. ¿Se puede "reprogramar" esto para ser optimistas y dar las gracias cada día?
La frase de "pocas veces pensamos en lo que tenemos; pero siempre en lo que nos falta" se atribuye a Arthur Schopenhauer y te retrata mejor de lo que quizá te gustaría admitir. Porque, si eres sincero, es más fácil notar la chaqueta que no te compraste, el móvil "mejor" que tiene otro o el dinero que no te llega, que pararte a mirar lo que ya está en tu vida.
Pero la atribución no es del todo pacífica. La cita circula desde hace años en español y en inglés ("We rarely think of what we have, but always of what we lack"), pero hay rastros de que podría ser una versión abreviada o retraducida de un pasaje del legado manuscrito de Schopenhauer, más que una frase literal fácil de localizar en una obra concreta.
Una explicación bastante detallada sobre cómo se difundió y fue mutando aparece en el blog alemán de verificación de citas Falschzitate.
Lo que Schopenhauer clavó (y la ciencia después llamó "adaptación")
Tu cerebro está diseñado para detectar carencias. Es un sesgo útil para sobrevivir, pero pésimo para disfrutar: cuando consigues algo, lo normal es que te acostumbres rápido… y vuelvas a querer otra cosa.
En psicología se conoce como adaptación hedónica: la tendencia a regresar a un nivel base de satisfacción tras cambios positivos o negativos. El estudio clásico que suele citarse es el de Brickman, Coates y Janoff-Bulman (1978), que comparó a ganadores de lotería y a personas con lesiones graves, y abrió el debate moderno sobre hasta qué punto los grandes eventos cambian de forma duradera el bienestar.
Y no es solo un concepto pop: hay revisiones académicas que recogen cómo funciona ese "acostumbrarse" tanto a lo bueno como a lo malo.
Traducido a tu día a día: compras algo, te hace ilusión, dura poco, y el listón sube. Si no lo ves venir, acabas corriendo en una cinta. Mucho esfuerzo, poca sensación de avance.
Valorar lo que tienes no es postureo: funciona (aunque sea poco)
Aquí viene lo incómodo para el cinismo moderno: practicar gratitud puede mejorar el bienestar, aunque el efecto sea pequeño.
Un metaanálisis de 2025 en PNAS que sintetiza 145 estudios en 28 países concluye que las intervenciones de gratitud producen pequeños aumentos en bienestar.
Y una revisión sistemática con metaanálisis de 2023 (64 ensayos clínicos aleatorizados) encontró mejoras en gratitud y salud mental, además de reducciones en síntomas de ansiedad y depresión en los grupos que hicieron estas prácticas.
Ojo con la lectura honesta: no es magia ni "piensa en positivo y ya". Los efectos suelen ser modestos. Pero si tu problema es vivir instalado en “me falta”, un cambio modesto ya es mucho.
Cómo aplicar la frase de Schopenhauer sin convertirte en un gurú
Si lo llevas al terreno de tus posesiones (dinero, cosas, estatus), la trampa habitual es esta: confundes "necesito" con "quiero". Y el mercado vive de empujar esa confusión.
Tres ideas prácticas, sin incienso:
- Ponle nombre a lo que ya te está sosteniendo: no es poesía, es entrenar el foco. Haz una lista corta (3 cosas) de lo que ya estás usando y te mejora la vida (salud, rutina, una habilidad, una persona, un trabajo estable). Cinco minutos.
- Diferencia mejora real de mejora dopaminérgica: si lo nuevo solo te da subidón (y luego vacío), es la cinta de correr. Si te da uso (tiempo, salud, tranquilidad), es otra cosa. La pregunta útil es: ¿esto me arregla un problema recurrente o solo me entretiene dos semanas?
- Compra menos veces, decide mejor: si reduces el número de "premios", la adaptación trabaja menos en tu contra. Suena aburrido, pero es exactamente lo contrario: te devuelve sensibilidad a lo simple.
Schopenhauer era un tipo poco dado al optimismo. Precisamente por eso esta frase (literal o no) engancha: no te promete felicidad, te describe un mecanismo. Y, cuando te ves por dentro, tienes margen para elegir: seguir mirando lo que falta… o empezar a notar lo que ya está. Otro buen propósito a mejorar para 2026.
