Se creía que el Túnel del Canal de la Mancha databa de 1994: los trabajadores perforaron 4 km bajo el mar ya en 1880, antes de que todo fuera tapiado
Un ambicioso proyecto que comenzó con excavaciones manuales con picos y explosivos.
Durante décadas, millones de personas han cruzado el túnel Canal de la Mancha, también conocido como Eurotúnel, pensando que viajaban por una infraestructura nacida en los años 90. Sin embargo, pocos saben que la historia de este túnel comenzó mucho antes. Más de un siglo previo a su inauguración oficial, un grupo de ingenieros y obreros ya había conseguido abrir un sorprendente tramo bajo el mar que acabó sepultado por el miedo.
Aunque el Eurotúnel se inauguró oficialmente en 1994, los primeros intentos de unir Reino Unido y Francia por debajo del Canal de la Mancha comenzaron en el siglo XIX. Entre 1878 y 1883, varios equipos de ambos países llegaron a perforar cerca de 4 kilómetros de galerías bajo el lecho marino utilizando máquinas de vapor y aire comprimido, una hazaña técnica para la época que nunca llegó a completarse por motivos políticos y militares.
El ambicioso proyecto arrancó en la década de 1870, cuando empresas francesas y británicas comenzaron a trabajar de manera paralela para hacer realidad una conexión ferroviaria fija entre ambos países. Según recoge el Sciencepost, los franceses iniciaban las excavaciones desde la localidad costera de Sangatte, mientras que los británicos hacían lo propio desde Shakespeare Cliff, cerca de Dover. Ambos confiaban en una innovadora máquina de perforación que supuso un auténtico salto tecnológico y permitió avanzar bajo el mar a un ritmo hasta entonces impensable.
Unas obras paralizadas por miedo
Los primeros metros del túnel se excavaron manualmente con picos y explosivos antes de incorporar la maquinaria impulsada con aire comprimido, capaz de abrir una galería de unos dos metros de diámetro a un ritmo cercano de un metro por hora. Además de perforar la roca, el sistema retiraba los escombros y ventilaba el túnel al mismo tiempo, un avance extraordinario para finales del siglo XIX.
El progreso fue tan rápido que, en apenas unos años, los equipos habían excavado alrededor de 1,8 kilómetros desde Francia y unos 2 kilómetros desde Inglaterra. En total, las galerías rozaban los cuatro kilómetros de longitud bajo el Canal de la Mancha, una demostración de que el enlace era técnicamente posible décadas antes de que existieran las grandes tuneladoras actuales.
Sin embargo, en Reino Unido comenzó a crecer el temor de que un túnel pudiera facilitar una hipotética invasión francesa. Por ello, las presiones militares llevaron al Gobierno británico a ordenar la paralización de las obras en 1882 y, pocos meses después, Francia también abandonó el plan, dejando las galerías sin terminar. Con el paso de las décadas, las instalaciones fueron desmontadas, los pozos acabaron sellados y parte de aquellas galerías quedó inundada o tapiada.
No obstante, durante los preparativos del proyecto definitivo en la década de 1970, los ingenieros redescubrieron algunos de esos túneles victorianos prácticamente intactos. Aunque ningún tren llegó a circular por aquellas primeras galerías del siglo XIX, su existencia demuestra que la idea de cruzar el Canal de la Mancha bajo el mar no nació en el siglo XX, sino que comenzó a hacerse realidad mucho antes.