Sylvia, madre de 46 años con dos trabajos, gana 3.200 euros al mes: "No quiero que los niños se sientan abandonados"
“Trabajo duro ahora para que tengan un poco más de libertad”, asegura.
En un contexto marcado por la precariedad laboral y el encarecimiento constante del coste de la vida, cada vez son más las familias que hacen malabares para llegar a fin de mes. Con salarios ajustados y precios al alza en vivienda, energía y alimentación, la estabilidad económica se convierte en un equilibrio frágil que exige sacrificios diarios, planificación extrema y, en muchos casos, más de un empleo para sostener el hogar.
La historia de Sylvia, madre soltera de dos hijos en Róterdam, pone rostro a esa realidad, ya que trabajar más horas no siempre se traduce en holgura económica, pero sí en una lucha diaria por garantizar estabilidad y cuidado a los hijos. La mujer de 46 años tiene una rutina que combina cuidado infantil en una guardería y tareas de limpieza para llegar a fin de mes, organizando cada euro con precisión para que a sus hijos no les falte de nada.
Su salario neto total asciende a 3.200 euros mensuales, de los cuales 1.300 vienen de su trabajo en la guardería, 1.000 de sus horas en limpieza y unos 900 en prestaciones. Aun así, vive con la sensación constante de ajustar el presupuesto para que los niños no noten las dificultades económicas del hogar. “No quiero que los niños se sientan abandonados”, resume ella en declaraciones recogidas por Libelle.
“Justa”, pero no endeudada
Trabaja 44 horas semanales, 24 en la guardería y 20 limpiando, y distribuye cada euro con cuidado: el alquiler le lleva casi un tercio del sueldo (980 euros), la alimentación ronda los 600 euros y el resto se reparte entre servicios, impuestos, salud, transporte y pequeños placeres familiares. Sus ahorros mensuales son modestos, de apenas 185 euros, y su saldo acumulado en la cuenta de ahorro asciende ahora a 3.200 euros.
Sylvia explica que la combinación de ambos empleos es una necesidad y, a la vez, una elección estratégica. La mujer disfruta del trabajo con niños y encuentra en la limpieza la flexibilidad para completar ingresos cuando no puede aumentar horas en la guardería. “Busco conscientemente pequeños momentos de felicidad: ver una película juntos o cocinar juntos. Eso me ayuda a seguir adelante”, asegura.
La familia vive desde hace nueve años en una vivienda de alquiler en el centro de Róterdam y Sylvia admite que, sin las prestaciones, mantener ese piso sería inviable. “Comprar una casa o un alquiler más grande y caro no es viable para mí, como madre soltera”, cuenta. Sus palabras son el reflejo de una realidad en Róterdam, donde el precio de la vivienda está por encima de la media nacional y los alquileres urbanos han subido de forma sostenida.
Sylvia aplica estrategias en su día a día para ahorrar lo máximo posible: compra ropa de segunda mano en plataformas como Vinted o Marktplaats y evita compras pequeñas y repetidas; prefiere ahorrar para experiencias puntuales que crear gasto corriente. Hoy admite estar “justa” pero no endeudada, ya que su segundo empleo le dio margen y algo de tranquilidad. “Trabajo duro ahora para que, con suerte, tengan un poco más de libertad más adelante”, afirma sobre sus hijos.