Théa (26), psicóloga en París, cobra 2.200 euros, pero vive en 40 metros cuadrados por el precio de la vivienda: "Fingí ser estudiante para que me aceptaran el alquiler"
La joven cuenta con dos trabajos para alcanzar este salario, uno en el sector privado y otro en el público.

Los jóvenes españoles se enfrentan cada día a un mercado inmobiliario que les deja pocas posibilidades para independizarse si no es compartiendo piso. A pesar de que son varios los que gozan ya de sueldos más o menos decentes después de finalizar sus estudios, los elevados precios de la vivienda hacen que bien tengan que vivir con más gente o, de tener un piso para ellos solos, carezcan de un espacio amplio y confortable.
Este problema es extrapolable a otros países del mundo, entre ellos Francia. Théa, psicóloga francesa, sabe bien lo que es atravesar por esta situación. Tal y como relata en una entrevista en Le Monde, esta joven de 26 años tiene un sueldo de 2.200 euros. Actualmente vive con su novio en un apartamento de 40 metros cuadrados en París por un alquiler mensual de 1.200 euros, 600 euros cada uno.
"Fingimos que aún era estudiante y que mis padres eran los avalistas para conseguir el apartamento. Probablemente no habría podido encontrar alojamiento en París sola: vivir en pareja permite compartir el alquiler, aunque solo se tiene una habitación, a diferencia de un piso compartido", relata.
El duro camino por el que pasan muchos jóvenes
Théa tiene dos trabajos. Uno, que ocupa el 70% de su jornada laboral, es un hospital público, donde cuenta con un contrato de duración determinada (CDD) con el que cobra 1350 euros netos al mes. Los 850 euros restantes hasta alcanzar los 2.200 euros mensuales totales los consigue ejerciendo como psicóloga freelance.
Procedente de una familia acomodada, estudió psicología en una universidad privada. Sus padres le daban 1.000 euros al mes para sus gastos durante los cinco años que duraron sus estudios, pero, consciente del esfuerzo que les suponía a sus progenitores mantenerla, ejercía de niñera, camarera en una cafetería o de limpiadora para financiar su ocio y vicios.
Tras finalizar la carrera, con las correspondientes 1.200 horas de prácticas no remuneradas, encontró trabajo en la unidad pediátrica para niños en riesgo de un hospital público de Seine-Saint-Denis. No obstante, con un salario de 1.350 euros, tenía que complementar este empleo con otro que le generase más ingresos: "A los 24 años, decidí dedicarme a la consulta privada, que es más lucrativa que trabajar en el sector público".
Alquiló una oficina en la capital francesa, que le sale a 270 euros al mes. Gana, en total, 1.400 euros al mes con las consultas, pero "tengo que deducir el alquiler de la oficina, las cotizaciones a la seguridad social (alrededor del 23%) y mi seguro. Eso me deja con 850 euros netos al mes. Estos gastos no incluyen los cursos de formación profesional que realizo, que suelen ser caros y no están cubiertos por mi cuenta de formación personal", subraya.
La joven está feliz con la profesión escogida y con los trabajos que actualmente está desarrollando, pero es en la nómina donde ve los problemas: "Prácticamente no hay perspectivas de aumento salarial. No nos pagan las horas extras, y no voy a rechazar una consulta para un niño maltratado solo porque sean las 5 p.m. Tampoco contamos con la supervisión de un psicólogo, lo cual es especialmente preocupante dada la violencia de las situaciones que enfrentamos", matiza.
