Un gato recorre 250 km desde Girona hasta Francia para volver a casa: "Cruzó la frontera y los ríos"
El felino, de nombre Filou, ha protagonizado una historia tan improbable como real.

Un gato, una autocaravana, una frontera y varios ríos de por medio. Parece el guion de una película de Disney, pero es la historia real de Filou, un gato blanco y negro que ha dejado boquiabiertos a los vecinos de la región francesa de Aude. Según cuenta el diario L'Indépendant, el felino recorrió unos 250 kilómetros desde Girona hasta el sur de Francia para reencontrarse con su familia cinco meses después de perderse. Su dueño, Patrick Sire, aún no da crédito: “Cruzó la frontera, ciudades y ríos para volver a casa. Es increíble”, confiesa con una mezcla de incredulidad y orgullo.
La pesadilla comenzó la madrugada del 9 de agosto. Patrick y su esposa, Evelyne, volvían del Delta del Ebro hacia su casa en la localidad francesa de Olonzac cuando tuvieron que parar a repostar en el área de servicio de Maçanet de la Selva (Girona). “Era medianoche. Al entrar en Francia me di cuenta de que la ventanilla del copiloto estaba abierta. Como refrescaba, la cerré sin sospechar nada”, recuerda Patrick.
No fue hasta llegar al lago de Jouarres a pasar la noche cuando descubrieron el vacío: el gato Filou no estaba. Ni bajo la cama, ni en los armarios, ni en sus rincones favoritos. Se había escapado en la parada de la autopista española.
La pareja no se rindió. Volvieron al día siguiente y recorrieron más de 250 kilómetros buscándolo, pegando carteles y preguntando a los empleados de la gasolinera. Allí conocieron a Carole, a quien bautizaron como “Carole de Repsol”, una trabajadora que se volcó en la búsqueda y que los puso en contacto con una protectora local de Maçanet. Durante meses, recibieron fotos de cientos de gatos, pero ninguno se trataba de Filou. La esperanza se agotaba.
El 9 de enero de 2026, cinco meses exactos después de la pérdida, el teléfono sonó. Hélène Tisseyre, una vecina de la localidad francesa de Homps (ubicada a apenas unos kilómetros del destino de la pareja), llevaba un mes alimentando a un gato callejero "extremadamente delgado". Al llevarlo al veterinario porque el animal tosía, saltó la sorpresa: el microchip confirmó su identidad. Aunque los teléfonos registrados ya no estaban operativos, la dirección seguía siendo la misma. Patrick no lo dudó: “Fui directo a Homps y, en el jardín de una calle sin salida, lo vi. Era él”.
Lo más asombroso de esta historia es el azar. El reencuentro se produjo justo la víspera del cumpleaños de Evelyne. De hecho, en el momento de la llamada, Patrick iba de camino a una protectora en Lézignan con una idea en mente: adoptar un gatito pelirrojo para regalárselo a su mujer y tratar de superar la pérdida.
Al final, no hizo falta. Filou, sin GPS pero con un instinto que desafía cualquier lógica, ya había decidido que el mejor regalo de cumpleaños era volver, por su propio pie, a casa.
