Un jubilado de 67 años, expulsado injustamente de un supermercado por reconocimiento facial: "Era culpable hasta demostrar mi inocencia. Es una sensación horrible"
El sistema que prometía acabar con los robos está dejando escenas surrealistas: clientes señalados como ladrones, expulsados delante de todos… y sin saber cómo defenderse.

Ian Clayton, un jubilado británico de 67 años, solo quería hacer una compra rápida cuando todo se torció. Nada más entrar en el supermercado, un empleado se le acercó con un tono serio: debía dejar lo que llevaba y marcharse inmediatamente.
"Me dijeron que aparecía en su sistema como ladrón", recuerda. Sin más explicaciones, fue escoltado fuera del local. Allí, solo y desconcertado, recibió un código QR como única pista de lo que acababa de pasar.
"Te tratan como culpable sin darte opción"
Durante días, Clayton no entendió nada. Intentó llamar al número que aparecía en el cartel del sistema de reconocimiento facial, pero no obtuvo respuesta. Solo pudo avanzar cuando solicitó formalmente sus datos.
La conclusión fue tan clara como inquietante: había sido identificado por error.
"Era culpable hasta demostrar mi inocencia. Es una sensación horrible", resume. "Se te queda un vacío en el estómago".
Un sistema con miles de alertas... y errores que pasan factura
El caso no es aislado. Cada vez más clientes denuncian situaciones similares en supermercados que utilizan sistemas de reconocimiento facial para detectar robos.
La tecnología, que asegura tener una precisión del 99,98%, envía decenas de miles de alertas a tiendas. Pero cuando falla, el impacto es inmediato: personas expulsadas, humilladas en público o incluso vigiladas dentro del local.
"Pensé que no podría volver a comprar nunca más"
Otros testimonios reflejan el mismo patrón. Clientes que son señalados delante de otros, obligados a abandonar la tienda o incluso acompañados por seguridad como sospechosos.
Una mujer relató que, tras ser identificada erróneamente, llegó a pensar que sería tratada como ladrona "en todas las tiendas", ya que los datos se comparten entre cadenas.
El problema no es solo el error, sino lo que viene después. Muchos afectados denuncian que no reciben ayuda para entender qué ha pasado ni cómo limpiar su nombre.
En algunos casos, la única respuesta ha sido una compensación económica o un vale de compra. Clayton, por ejemplo, rechazó uno de 100 euros: "Parecía que querían comprar mi silencio".
Una tecnología que avanza más rápido que el control
Mientras el reconocimiento facial se extiende en el comercio y la seguridad, crece también la preocupación por su uso.
Expertos y organismos advierten de que la regulación va muy por detrás de la tecnología, y que los errores pueden afectar a derechos fundamentales.
Para Clayton, la experiencia ha dejado huella: "Ahora soy muy consciente de todas las cámaras. Es como si te estuvieran vigilando constantemente".
Una sensación que, cada vez más, deja de ser puntual para convertirse en algo cotidiano.
