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Multado por ir en bici gracias al reconocimiento facial en una calle de Shanghái: "Esto no ha hecho más que empezar, puedo ser identificado en cualquier calle"

Multado por ir en bici gracias al reconocimiento facial en una calle de Shanghái: "Esto no ha hecho más que empezar, puedo ser identificado en cualquier calle"

Este tipo de sistemas marcan "el principio del fin del anonimato", aplicándose al control del tráfico, acceso a servicios, pagos digitales y supervisión del comportamiento ciudadano.

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El reconocimiento facial es cada vez más frecuente en Oriente o grandes urbes como Londres, pero en España está muy restringido.Getty Images

No hay lugar donde esconderse... al menos en China. Puede ser el reclamo de una película, pero es una realidad. Li Yan —nombre ficticio— pensaba que era un ciudadano más. Sin actividad política, sin vínculos sospechosos y con una vida discreta. Pero a finales de marzo descubrió hasta qué punto su anonimato ya no existe.

Recibió un mensaje: multa de 50 yuanes (unos 6 euros) por circular en bicicleta por la acera en Shanghái. Lo inquietante no fue la sanción, sino cómo le identificaron mediante reconocimiento facial automático, sin que ningún agente le detuviera. 

El caso ilustra un salto cualitativo en el uso de la vigilancia tecnológica en China. No es una hipótesis ni una prueba piloto. Es ya una realidad operativa que afecta a ciudadanos comunes, incluso por infracciones menores.

Una multa sin contacto: así funciona el sistema

Li Yan admite que cometió una infracción. Recorrió unos metros en bicicleta por la acera para ahorrar tiempo. Nada fuera de lo habitual en una gran ciudad. Sin embargo, no hubo intervención policial en el momento. 

El aviso llegó después, por SMS. El mensaje mencionaba el uso de "tecnología electrónica" para la identificación. Ante la duda —y en un contexto donde proliferan las estafas digitales— decidió llamar a la policía.

La respuesta fue que su rostro había sido reconocido por las cámaras de seguridad urbanas. No necesitaban matrícula, ni parada, ni interacción directa. La sanción se generó automáticamente. 

El fin del anonimato cotidiano

Lo que más preocupa a Li Yan no es la multa, sino la implicación. Según explica, este tipo de sistemas marcan "el principio del fin del anonimato". Hasta ahora, muchas pequeñas infracciones quedaban sin sanción si no había presencia policial. Era parte de una tolerancia implícita en la vida urbana. Con el reconocimiento facial, ese margen desaparece.

En ciudades como Shanghái, la red de cámaras es masiva y está integrada con bases de datos de identidad. Esto permite:

  • Identificar a una persona en segundos.
  • Asociar su rostro a datos personales.
  • Generar sanciones automáticas.
  • Notificar sin intervención humana directa.

El resultado es un sistema de vigilancia continua donde cualquier acción en el espacio público puede ser registrada y evaluada.

China y la expansión del reconocimiento facial

China lleva años liderando el despliegue de tecnologías de reconocimiento facial. Empresas y autoridades han desarrollado sistemas capaces de identificar individuos en tiempo real, incluso en entornos concurridos.

Estos sistemas no solo se usan para seguridad. También se aplican al control del tráfico, acceso a servicios, pagos digitales y supervisión del comportamiento ciudadano.

El caso de Li Yan muestra cómo esta tecnología ya se aplica a infracciones menores, no solo a delitos graves.

Entre eficiencia y privacidad: un debate abierto

Desde el punto de vista operativo, el sistema es eficaz. Reduce costes, elimina intermediarios y aumenta el cumplimiento de normas. Pero plantea dudas profundas. Expertos en privacidad advierten que el uso masivo de reconocimiento facial puede derivar en: 

  • Pérdida total del anonimato en espacios públicos.
  • Vigilancia permanente sin consentimiento explícito.
  • Riesgo de errores en la identificación.
  • Uso de datos con fines no transparentes.

La frase de Li Yan resume esa inquietud: "puedo ser identificado en cualquier calle".

Un modelo que puede extenderse 

Aunque China es el caso más avanzado, no es el único. Tecnologías similares se están probando en otras partes del mundo, aunque con mayores restricciones legales. La cuestión clave no es solo tecnológica, sino política y social: hasta qué punto estás dispuesto a sacrificar privacidad a cambio de control y eficiencia.

Lo ocurrido en Shanghái no es una anécdota. Es un aviso de hacia dónde puede evolucionar la gestión urbana en la era de la inteligencia artificial.

El panorama del reconocimiento facial en España y Europa

El reconocimiento facial no es ilegal por sí mismo en España, pero está muy restringido porque trata datos biométricos, que el RGPD considera de categoría especial. Su uso exige base jurídica, proporcionalidad, información clara al afectado y, en muchos casos, una evaluación de impacto previa.

Se utiliza en contextos concretos como algunos accesos biométricos, control de identidad o proyectos de seguridad, pero su despliegue en espacios públicos y masivos está especialmente vigilado por la AEPD. También ha habido usos en aeropuertos y entornos privados, aunque con fuerte escrutinio regulatorio.

Lo de Shanghái es impensable en las calles españolas. La vía pública y la vigilancia generalizada están muy restringidas, y el uso con fines comerciales no puede hacerse sin una base legal válida. Además, si el tratamiento implica alto riesgo, hace falta una evaluación de impacto, algo que la AEPD ha exigido en sanciones recientes.

Un ejemplo reciente: en 2025 la AEPD sancionó a Aena por su sistema de reconocimiento facial en aeropuertos por no realizar correctamente la evaluación de impacto exigida. También prohibió su uso para vigilar exámenes online en universidades por considerarlo un tratamiento demasiado intrusivo en ausencia de una norma específica.

En cuanto a Europa, el nuevo marco de IA endurece aún más el uso del reconocimiento facial, especialmente en tiempo real en espacios públicos, con excepciones muy limitadas. En la práctica, eso refuerza la idea de que el reconocimiento facial solo puede usarse en España de forma justificada, limitada y con garantías fuertes.

MOSTRAR BIOGRAFíA

Te paso lo de la bio: Redactor de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Valladolid y Máster en Comunicación Corporativa en ESERP, ha trabajado como redactor, editor y coordinador en Grupo Merca2, así como redactor en Infodefensa y Business Insider, además de colaboraciones en otros medios y blogs como Wall Street International o La Voz del Basket. También realiza críticas de cine desde hace años.

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