Un psicólogo del MI5 que lleva 25 años estudiando terroristas: "Muy poca gente le miente a su barra de búsqueda: a veces conocemos a las personas mejor de lo que ellas se conocen a sí mismas"
Asegura que por lo general, a muchos compañeros les cuesta investigar a menores, ya que puede resultar "perturbador".

En un mundo donde la radicalización ya no ocurre solo en mezquitas clandestinas o células organizadas, sino también en foros, redes sociales y chats privados, entender la mente de un terrorista se ha vuelto más complejo —y más urgente— que nunca. En ese terreno trabaja desde hace un cuarto de siglo "Chris", un psicólogo del servicio de inteligencia británico, el MI5, que resume una de las claves de su trabajo con una frase reveladora: "Muy poca gente le miente a su barra de búsqueda".
Chris forma parte de la Unidad de Ciencias del Comportamiento (BSU), un equipo discreto de psicólogos, criminólogos y antropólogos dedicado a analizar perfiles extremistas y anticipar posibles amenazas. Su trabajo consiste en sumergirse en el mismo contenido que consumen los radicales: "Escuchamos lo que escuchan, leemos lo que leen, vemos lo que ven".
La huella digital más sincera
Tras revisar durante años dispositivos incautados en investigaciones antiterroristas —móviles, ordenadores, historiales de navegación—, este experto ha llegado a una conclusión inquietante: "Le mientes a tus padres, a tu pareja, incluso a ti mismo, pero muy poca gente le miente a su buscador".
Esa huella digital permite a los analistas reconstruir no solo lo que una persona hace, sino lo que piensa, teme o desea. "Muchas veces conocemos a la gente mejor que ellos mismos", admite.
En un contexto donde los terroristas ya no siempre forman parte de organizaciones estructuradas, esta información es clave. Las grandes redes como Al Qaeda han dado paso, en muchos casos, a individuos que se radicalizan en solitario a través de internet.
Menores, salud mental y nuevos perfiles
Uno de los cambios más preocupantes es la edad de los implicados. El número de menores de 17 años detenidos por delitos de terrorismo ha alcanzado máximos históricos en Reino Unido.
Estos casos presentan una complejidad añadida: muchos jóvenes combinan vulnerabilidades psicológicas —como problemas de salud mental o neurodiversidad— con exposición a ideologías extremistas. "Nadie quiere investigar a menores… puede ser perturbador", reconoce otra analista del equipo.
El caso de la adolescente Rhianan Rudd, radicalizada en entornos neofascistas y fallecida tras una investigación, puso de relieve esta dificultad: víctimas y potenciales agresores al mismo tiempo.
Radicalización fragmentada y emocional
A diferencia de etapas anteriores, los nuevos radicales no siempre siguen una ideología coherente. Sus creencias pueden ser una mezcla caótica de ideas extremistas, a menudo contradictorias. Sin embargo, eso no los hace menos peligrosos. Al contrario. "Me preocupa mucho más la emoción, porque es la emoción la que impulsa la acción", advierte Chris.
Los analistas buscan lo que llaman "factores de protección": vínculos personales, estabilidad emocional o cualquier elemento que reduzca la probabilidad de que alguien pase de la radicalización online a la violencia real.
"He visto casos en los que alguien actúa no porque se haya vuelto más extremista, sino porque todo lo que le protegía en la vida se desmorona", explica.
Prevenir antes que castigar
Ante este nuevo escenario, la estrategia también está cambiando. En lugar de centrarse exclusivamente en la persecución penal, el MI5 está apostando cada vez más por la prevención.
Se han creado unidades específicas junto a la policía para intervenir en casos de jóvenes o personas vulnerables, tratando de reforzar esos "factores de protección" antes de que sea demasiado tarde.
“Es más eficaz que condenar a alguien que no entiende las consecuencias de sus actos”, señala el experto, que advierte de que el sistema penal puede incluso empeorar la situación en algunos casos.
Tecnología: multiplicador de riesgos
Internet ha democratizado el acceso a propaganda extremista, manuales de armas y redes internacionales. A esto se suman nuevas amenazas: la inteligencia artificial facilita la creación de contenidos atractivos para jóvenes, y la impresión 3D podría abaratar el acceso a armas no reguladas.
Incluso las relaciones con chatbots pueden jugar un papel. El caso de Jaswant Singh Chail, que intentó asesinar a la reina tras ser influido por una "novia virtual", ilustra hasta qué punto la tecnología puede amplificar la radicalización.
Comprender para anticipar
Pese a todo, Chris mantiene cierto optimismo. Aunque la tecnología cambia las formas, el fondo sigue siendo humano. "La naturaleza humana sigue siendo el eje central. Está mediada por la tecnología, pero no es incomprensible", afirma.
En esa idea se basa su trabajo: entender qué empuja a una persona al extremismo para poder detenerla antes de que actúe. Y en ese proceso, a veces, la pista más reveladora no está en lo que alguien dice… sino en lo que busca cuando cree que nadie le está mirando.
