Una familia apuesta todo a un puesto callejero de patatas a 1 euros el kilo para salir de su crisis económica: "Vinieron hasta aquí especialmente para nosotros"
Vecinos de pueblos cercanos acuden expresamente para comprar.

Versátiles, humildes y universales, las patatas llevan siglos ocupando un lugar privilegiado en nuestras mesas y en la cultura popular. No solo son un básico indispensable en la gastronomía de medio mundo, sino también un auténtico salvavidas en tiempos difíciles: cuando aprieta la economía, siempre han sido sinónimo de resistencia, ingenio y supervivencia. En Rijssen, esa creencia se ha convertido en una historia de lucha y solidaridad a pie de carretera.
Con un pequeño tenderete improvisado al borde de la carretera y cajas azules que van y vienen sin parar, una familia ha convertido una crisis agrícola en un improvisado punto de encuentro comunitario. En un puesto callejero de la ciudad holandesa la familia Vossebelt vende patatas a 1 euro el kilo para intentar compensar las pérdidas provocadas por la reciente quiebra de su principal comprador.
El corte del suministro llegó el verano pasado cuando CêlaVíta, el procesador que compraba parte de su cosecha, se declaró en bancarrota. Desde entonces, decenas de agricultores se han visto atrapados con grandes cantidades de producto sin salida comercial inmediata. En el caso de la familia Vossebelt, el golpe económico se mide en centenas de miles de kilos almacenados y en una factura de pérdidas que les resulta imposible recuperar por completo.
Para salir del paso
Ante esa situación, la hija de 14 años, Josanne, propuso montar un puesto en la carretera. El sencillo tenderete, con espacio para apenas unas redes, empezó a funcionar bien, pero el interés decayó a finales de año. Tras publicar una petición de ayuda en Facebook, la historia llegó a los medios locales y la respuesta fue sobresaliente. Ahora, vecinos y compradores de pueblos cercanos acuden expresamente hasta el puesto para comprar, y apoyar, a la familia.
“Gente que no nos conoce conduce hasta aquí para ayudarnos. Lo leen en el periódico y luego vienen hasta aquí especialmente para nosotros”, describen los Vossebelt en declaraciones recogidas por De Stentor. La estrategia de precio, 5 kilos por apenas 5 euros, no busca rentabilidad inmediata sino equilibrar dos objetivos: sacar producto del almacenaje antes de que pierda calidad y obtener algo de liquidez para afrontar gastos corrientes.
Lo cierto es que el cierre de CêlaVíta dejó a numerosos productores con cientos de miles de kilos de patata sin comprador, atrapados de un día para otro sin una salida comercial clara. La incertidumbre sobre el futuro de la planta y el mercado de procesados complica la toma de decisiones para los agricultores. De hecho, muchos continúan almacenando lotes grandes en cámaras frigoríficas mientras buscan canales alternativos de venta.
Además de la venta de patatas, la familia Vossebelt mantiene otras actividades, como la obra, movimiento de tierras y suministro de leche, que permiten mantener ocupados a los contratistas y amortiguar parcialmente el golpe. Aun así, reconocen que hay cifras que ya no podrán recuperar y que la solución lograda con el puesto es más un acto de resiliencia y de apoyo mutuo que una salida definitiva.
