Una familia explica por qué sus hijos de 11 y 6 años pagan sus propios helados en vacaciones: "Antes solo hacíamos que decir sí o no todo el día"
Una pareja neerlandesa entrega 300 euros a cada uno de sus hijos al comenzar el verano para que gestionen todos sus caprichos durante las vacaciones.

Las vacaciones suelen ser el momento del año en el que más se relajan las normas. Un helado después de comer, un recuerdo de la tienda de souvenirs, una excursión inesperada o un paseo en barco son pequeños caprichos que muchas familias aceptan como parte del viaje. Sin embargo, también es una época en la que los padres escuchan una pregunta una y otra vez: "¿Me lo compras?".
Merel, una asesora de comunicación de 36 años que vive en Haarlem (Países Bajos), y su marido Daan decidieron hace dos veranos cambiar completamente esa dinámica con sus dos hijos, de 11 y 6 años.
Su solución fue tan sencilla como llamativa: entregar a cada uno 300 euros al principio de las vacaciones para que sean ellos quienes administren todo el dinero destinado a sus caprichos.
300 euros para decidir por sí mismos
La pareja, que explica su experiencia en el portal holandés JM Ouders, cuenta que la idea nació después de comprobar que gran parte de las vacaciones giraban en torno a una negociación constante.
"Nos dimos cuenta de que los niños pedían cosas continuamente: otro helado, un peluche, una pulsera o una excursión. Al final del día solo estábamos diciendo 'sí' o 'no', y aquello no nos parecía agradable", recuerda Merel.
Fue entonces cuando decidieron cambiar las reglas.
Desde el primer día del viaje, cada niño recibe 300 euros para gastar libremente durante todo el verano. Con ese dinero pueden pagar aquello que realmente quieran: un parque de atracciones, un recuerdo, una excursión, un paseo en barco o un helado extra.
Si el presupuesto se acaba antes de terminar las vacaciones, no hay reposición.
"¿De verdad merece la pena?"
Los padres aclaran que ellos siguen pagando absolutamente todos los gastos habituales del viaje: alojamiento, transporte, restaurantes, supermercado o cualquier actividad familiar prevista.
El presupuesto únicamente cubre aquellos gastos personales que nacen del deseo de los niños. Y ahí, aseguran, se ha producido el cambio más importante. En lugar de responder continuamente con un "sí" o un "no", ahora simplemente les hacen una pregunta: "¿Crees que merece la pena gastar tu dinero en eso?"
La diferencia, según explican, ha sido enorme.
Su hijo mayor suele reservar gran parte del presupuesto para una experiencia especial o un recuerdo más caro, mientras que el pequeño prefiere gastar pequeñas cantidades casi cada día. Dos formas completamente distintas de administrar el mismo dinero.
Una lección que va mucho más allá del verano
Aunque algunos familiares consideraron inicialmente que la medida era demasiado estricta, Merel asegura que la experiencia ha terminado convenciendo incluso a algunos amigos, que han decidido copiar el sistema en sus propias vacaciones.
La pareja insiste en que el objetivo nunca fue ahorrar dinero, pese a que inevitablemente terminan gastando menos en pequeños caprichos.
Lo importante, explican, es que los niños comprendan desde pequeños que el dinero implica tomar decisiones. "Queremos que entiendan que cada euro solo puede gastarse una vez y que elegir una cosa significa renunciar a otra", afirma Merel.
En casa hablan con naturalidad sobre ahorro, gastos y planificación económica. Cada mes reservan parte de sus ingresos para futuras vacaciones y también para ayudar algún día a sus hijos con sus estudios o incluso con la compra de una vivienda.
Por eso consideran que este pequeño experimento durante las vacaciones es una forma práctica de enseñarles algo que les acompañará toda la vida. "Esperamos que cuando sean adultos sepan gestionar bien su propio dinero. Si eso ocurre, habrá merecido completamente la pena", concluye.
Su consejo para otras familias es sencillo: dar a los niños la responsabilidad de gestionar un pequeño presupuesto. Porque, según ha comprobado, es precisamente cuando pueden elegir por sí mismos cuando empiezan a entender el verdadero valor de cada euro.
